Pasión por la cerámica LXIII: visita al Real Jardín Botánico (Primera parte)
Visitar el Real Jardín Botánico es adentrarse en un pequeño universo suspendido en el tiempo, un refugio vegetal en pleno corazón de Madrid donde ciencia, historia, arte y naturaleza conviven con una armonía difícil de describir. Situado junto al Paseo del Prado, este jardín histórico fue creado en 1755 por orden de Fernando VI y trasladado a su emplazamiento actual durante el reinado de Carlos III, convirtiéndose desde entonces en uno de los grandes centros botánicos y científicos de Europa.
Mi visita al Jardín tuvo, además, un significado muy especial. A comienzos de mayo de 2026 fui invitado por Alex Gómez —amigo desde hace muchos años, conservador de colecciones de plantas vivas del Real Jardín Botánico-CSIC y responsable de la Colección de Bonsáis— a colaborar en la catalogación de la colección de macetas de bonsái conservada en el depósito de la institución. Esta propuesta representó una oportunidad excepcional para adentrarme en un ámbito donde naturaleza y cerámica dialogan y se realzan mutuamente, permitiéndome contemplar de cerca no solo la extraordinaria colección de bonsáis, sino también las piezas que los sostienen y completan su dimensión estética. Más allá de su indudable interés profesional, la experiencia resultó especialmente grata gracias a la cálida acogida y a la generosa atención del equipo del Real Jardín Botánico, que convirtió aquella jornada en un encuentro tan enriquecedor en el plano humano como valioso desde la perspectiva profesional.
Debido a la extensión de la visita y a la riqueza del material, este artículo se presenta en dos partes. En una segunda entrega abordaré en mayor profundidad los esplendidos ejemplares de la colección así como el estudio y análisis de las macetas de bonsái del museo.
Lejos de ser únicamente un parque ornamental, el Jardín Botánico pertenece al CSIC y continúa desarrollando una intensa labor de investigación, conservación y divulgación científica. Sus terrazas, invernaderos y colecciones vegetales albergan miles de especies procedentes de todo el mundo, mientras que en sus archivos y herbarios se custodian siglos de expediciones botánicas, dibujos científicos y documentos históricos que narran la relación del ser humano con el mundo vegetal.
Imágenes de uno de los invernaderos del jardín, la Estufa de Graells, una joya histórica también conocida como invernadero de palmas. Construida en 1856, es un edificio decimonónico que conserva su encanto original y funciona como un invernadero tradicional, donde la luz, la humedad y la temperatura se regulan de forma mucho más artesanal. Aquí predominan las plantas de gran porte, especialmente palmeras y especies que requieren un ambiente más estable y templado, en un espacio que parece detenido en el siglo XIX.
No voy a profundizar en el conjunto del Real Jardín Botánico para no extenderme, aunque bien podría hablarse durante días de los tesoros que allí se conservan. Para ello existen numerosas páginas y artículos especializados, entre los que destaca especialmente la propia web del Jardín Botánico. Nosotros, en cambio, nos centraremos en aquello que mejor conocemos: los bonsáis y sus macetas.
Los bonáis del Jardín Botánico
Entre todos sus rincones existe uno especialmente fascinante: la colección de bonsáis. Situada en la Terraza de los Laureles, la colección posee una atmósfera casi silenciosa, íntima, como si cada árbol respirase lentamente mientras observa el paso de los visitantes. Allí el tiempo parece detenerse.
Resulta especialmente curiosa la historia de la actual colección, cuyo origen se encuentra en la donación realizada por Felipe González en 1996. La colección que el expresidente había comenzado a formar años antes en La Moncloa junto al maestro Luis Vallejo se convirtió así en el núcleo fundacional de un conjunto que, con el tiempo, ha llegado a ser una de las colecciones de bonsáis más destacadas de España. En buena medida, la difusión y el prestigio del bonsái en España le deben mucho tanto al impulso y la afición de Felipe González como al trabajo y la maestría de Luis Vallejo.
Durante los años en los que desarrolló su afición por el bonsái, el expresidente, dedicaba parte de sus vacaciones a recuperar especies en su hábitat natural para transformarlas posteriormente en bonsái. A ello se sumaban ejemplares que recibía como regalo de amigos y dignatarios, así como otros adquiridos en viajes al extranjero, como su visita a Japón en 1991, donde pudo conocer a destacados cultivadores.
Felipe González fue presidente del Gobierno de España entre 1982 y 1996, convirtiéndose en una de las figuras políticas más influyentes de la democracia española contemporánea.
Además de su trayectoria política, es conocido por su gran afición a los bonsáis, una pasión que ha cultivado durante décadas con dedicación casi artesanal.
Luis Vallejo es uno de los grandes referentes del bonsái en España y un pionero en la difusión de este arte a nivel internacional. A lo largo de décadas ha desarrollado una destacada labor como cultivador, diseñador y divulgador.
Su trabajo tiene también una presencia destacada en el Museo Bonsái Luis Vallejo, en Alcobendas, un espacio que reúne ejemplares de gran valor artístico y botánico y que se ha convertido en una referencia para aficionados y especialistas del bonsái. En 2008 fue distinguido por el Gobierno de Japón con la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro y Plata, una de las máximas condecoraciones que Japón concede a ciudadanos extranjeros por su contribución a la difusión de la cultura japonesa fuera del país.
Desarrollo de la colección y su puesta en valor en el Real Jardín Botánico
Con el tiempo, la colección fue ganando entidad y se consolidó gracias al interés institucional por su conservación y exhibición. Mª Teresa Tellería, directora del Jardín, impulsó la creación de un espacio adecuado para su exposición, cuyo diseño fue encargado en 1998 al paisajista Fernando Caruncho, en colaboración con el arquitecto Pablo Carvajal. Finalmente, en 2005 los bonsáis comenzaron a exhibirse al público en una zona elevada del Real Jardín Botánico, junto a la calle Alfonso XII, una franja orientada a poniente desde la que se domina gran parte del jardín.
Desde entonces, maestros bonsaístas, jardineros y especialistas han cuidado y ampliado una colección que hoy supera el centenar de ejemplares y reúne especies españolas, japonesas, chinas y mediterráneas. Entre todos los maestros implicados en su conservación y evolución destaca la figura de Álex Gómez, por su papel clave en el mantenimiento y desarrollo técnico de la colección. Encinas, acebuches, sabinas, hayas, arces, tejos o pinos aparecen transformados en pequeños paisajes vivos donde cada curva del tronco, cada raíz expuesta y cada diseño de rama cuentan una historia distinta.
Descubriendo a Alex Gómez: el hombre detrás de los bonsáis del Real Jardín Botánico.
Pocas personas logran hacer de su pasión una forma de vida. Alex Gómez López pertenece a ese pequeño grupo que ha convertido su amor por el bonsái en una trayectoria profesional excepcional.
Lo conozco desde hace casi veinte años y, durante este tiempo, he visto cómo su relación con los árboles, los jardines y el bonsái ha sido mucho más que una profesión: una forma de mirar el mundo. Mi admiración por Alex nace precisamente de esa rara combinación entre conocimiento riguroso, sensibilidad artística y una generosidad serena que pocas veces se encuentra reunida en una misma persona.
Ingeniero Forestal por la Universidad Politécnica de Madrid y Máster en Jardines Históricos y Servicios Ecosistémicos de la Infraestructura Verde, Alex ha dedicado más de dos décadas a un territorio singular donde confluyen la botánica, el paisaje y el arte vivo del bonsái. Su formación incluye especialización en gestión integrada de plagas y estancias profesionales en algunos de los viveros más prestigiosos de Europa e Italia, donde perfeccionó técnicas de cultivo, trasplante y conservación vegetal.
Desde 2025 dirige la Unidad de Jardines y Arbolado del Real Jardín Botánico-CSIC, institución a la que está estrechamente vinculado desde hace años y donde, desde 2018, ejerce además como conservador de colecciones vivas y especialista responsable de la colección de bonsáis.
Y, como veremos en el próximo artículo, no se trata de una colección cualquiera.
Precisamente en el ámbito de la gestión de plagas es donde también compartimos una estrecha conexión profesional, ya que en Laos Garden me corresponde la realización de tratamientos fitosanitarios y, desde hace tiempo, escribo artículos orientados a aportar algo más de luz sobre, productos y métodos para identificar, distinguir y combatir correctamente las distintas plagas que afectan al bonsái.
Pueden consultar más información y acceder a los artículos especializados a través de los siguientes enlaces: Insectos / acaros / hongos
Su trayectoria profesional combina gestión, conservación y divulgación. Durante más de una década trabajó junto a Luis Vallejo en proyectos de paisajismo y conservación de bonsáis de alto nivel, dirigiendo y manteniendo colecciones emblemáticas y participando en montajes expositivos y congresos internacionales en España y Europa. Entre los proyectos de jardinería y paisaje en los que ha intervenido destacan la Ciudad Financiera del Banco Santander, el Hospital de Fuenlabrada o desarrollos paisajísticos en Marruecos, varios de ellos reconocidos con premios especializados.
La enseñanza ocupa también un lugar importante en su recorrido. Ha sido docente en la Universidad Politécnica de Madrid, director de la Escuela de Bonsáis Sierra Norte y ponente habitual en congresos, talleres y asociaciones especializadas, compartiendo conocimientos con generaciones de aficionados y profesionales.
A lo largo de los años, Alex ha participado activamente en publicaciones, proyectos editoriales y actividades divulgativas vinculadas al bonsái, la botánica y la conservación vegetal, colaborando con instituciones científicas, editoriales especializadas y revistas internacionales de referencia.
Entre sus trabajos más destacados se encuentra Momentum. Colección de bonsáis del Real Jardín Botánico-CSIC (Editorial CSIC, 2021), un proyecto acompañado de diversas exposiciones y presentaciones en instituciones culturales y científicas. Asimismo, en 2024 participó en la prestigiosa revista japonesa Kinbon Bonsai Magazine, donde se publicó una biografía junto a un artículo demostrativo sobre su trabajo.
Su trayectoria incluye además colaboraciones en publicaciones divulgativas del Real Jardín Botánico-CSIC y en diferentes obras especializadas sobre jardinería y bonsái.
Su trabajo ha sido reconocido con numerosos premios nacionales e internacionales, entre ellos galardones en UBE, Nishiki-ten, Tantai-ten y el Congreso Europeo ABE/EBA, confirmando una trayectoria donde el rigor técnico convive con una mirada artística muy personal.
A lo largo de los años, Alex ha sido además protagonista de entrevistas y artículos en medios e instituciones culturales como El País o la Fundación Japón Madrid, reflejo del interés que despierta su labor como divulgador y custodio de una disciplina que une naturaleza, historia y creación.
Y quizá ahí resida la mejor definición de su oficio: Alex no solo cuida árboles; preserva tiempo.
Además, desde hace aproximadamente ocho años, cuenta con la inestimable colaboración de Roberto de la Torre, quien, a pesar de su juventud, demuestra día a día un gran entusiasmo y un refinado gusto por todo lo relacionado con el mundo del bonsái. En este contexto, desarrolla su formación y aprendizaje junto a él en un entorno de constante intercambio y crecimiento.
Tengo además una razón muy personal para escribir estas líneas. Ya que, como comenté anteriormente, fue Alex quien me invitó a tasar la extraordinaria colección de macetas de bonsái del Real Jardín Botánico, una experiencia tan singular como reveladora y una muestra más de su confianza y de ese modo suyo, tan discreto como apasionado, de compartir conocimiento y belleza.
Créditos:
Licencia fotos: Adobe Stock y archivo Laos Garden.
Luisvallejo.com
Rjb.csic.es
Fotos múseo: Tina Velasco
