MACETAS DE BONSÁI TOKONAME

Las macetas Tokoname para bonsái son reconocidas mundialmente por su calidad, durabilidad y belleza artesanal. Originarias de Tokoname, Japón, estas macetas combinan tradición centenaria y técnicas de cerámica avanzadas, convirtiéndose en un elemento esencial para cultivadores y coleccionistas de bonsáis.

En la categoría Macetas Tokoname encontrarás artículos sobre historia, origen y evolución de estas macetas, así como análisis de tipos de pastas, esmaltes y estilos utilizados por los maestros ceramistas. También exploramos cómo elegir la maceta adecuada según la especie, el tamaño y la estética del bonsái.

Además, compartimos información sobre técnicas de fabricación artesanal, recomendaciones de cuidado y mantenimiento, y ejemplos de macetas Tokoname icónicas que inspiran a aficionados y profesionales por igual. Conocer estas macetas permite apreciar no solo su funcionalidad, sino también su valor artístico y cultural dentro del mundo del bonsái.

Esta categoría está diseñada para quienes desean aprender, coleccionar o mejorar sus bonsáis utilizando macetas Tokoname, combinando tradición japonesa y arte cerámico. 🏺🌳

Pasión por la Cerámica XLIII: Yuuji y Eiko, la Cara Oculta de Gyozan

La Cara Oculta de Gyozan: Yuuji y Eiko En el anterior artículo de Pasión por la cerámica abordamos la figura del tristemente y reciente desaparecido Nakano Yukizou. Hoy nos adentramos en la parte menos conocida de este horno: la enigmática figura de Yuuji y la discreta —aunque esencial— labor de Eiko. Asimismo, recorreremos con mayor detenimiento el taller de Gyozan, donde Eiko y Nakano siempre nos recibieron con gran amabilidad. Su trato, cariñoso y afable, dejó en nosotros una huella imborrable, por la que les estaremos siempre agradecidos. Gyozan, Hogar y Taller: Un Recorrido Íntimo Antes incluso de cruzar el umbral del taller, la mirada se detiene inevitablemente en el jardín de Nakano. Es un espacio discreto y sereno donde el maestro da rienda suelta a su pasión por el bonsái. Sus árboles, cuidadosamente cultivados aunque todavía poco trabajados en su formación, conviven con plantas de acento y ornamentales que completan el conjunto. Sin embargo, son las macetas —auténticas creaciones del maestro— las que sobresalen con particular fuerza: en ellas se manifiesta de manera más elocuente su talento y su inconfundible sensibilidad artística. La cerámica lo invade todo: macetas para bonsái, recipientes destinados a plantas de acento, peanas, tinajas… Las piezas se alzan y se apilan en modestas estanterías de madera y metal, dispuestas sin un orden aparente, como si aguardaran con silenciosa paciencia el momento de asumir su protagonismo. Algunas reposan superpuestas, en frágil equilibrio; otras se alinean en hileras irregulares; y no faltan aquellas que, apartadas en un rincón, parecen resguardar un temperamento más audaz, acaso más experimental. Los extraordinarios esmaltes, conocidos en japonés como uwagusuri o yuyaku (釉薬), revelan toda su riqueza cromática cuando se contemplan en el exterior, bajo la luz natural. Es entonces cuando matices y profundidades cobran vida, especialmente en acabados tan emblemáticos como el Oribe y el Namako. Dedicaremos a ambos un estudio más detallado en próximos artículos. El denominado Oribe verde (Ao-Oribe) se distingue por su característico vidriado esmeralda aplicado sobre decoraciones realizadas bajo cubierta. El verde, acompañado habitualmente por el blanco, define la identidad visual de este estilo cerámico, cuya inspiración remite a antiguos modelos de tradición china, de tonalidad más suave y uniforme, cercana al celadón. Por su parte, el esmalte Namako (namako-yū) —a veces descrito como “esmalte de pepino de mar”— es uno de los acabados más apreciados en la cerámica japonesa, especialmente en macetas para bonsái y piezas vinculadas al arte del té. Se reconoce por sus profundos tonos azulados o violáceos, salpicados de matices irregulares en blanco, beige o marrón, creando una superficie vibrante y orgánica que evoca la textura marina de la que toma su nombre. Desde el punto de vista técnico, estos esmaltes hunden sus raíces en antiguas tradiciones chinas, particularmente en los célebres vidriados Jun desarrollados entre los siglos XI y XV. En Japón, su adopción y reinterpretación dieron lugar a acabados clásicos que, durante siglos, han vestido macetas inspiradas en modelos antiguos, las llamadas kowatari, perpetuando así una herencia estética de profunda resonancia histórica. Asimismo, podemos apreciar decoraciones y relieves que nos resultan familiares. Este bajorrelieve de dragón es idéntico al de una maceta de la colección Laos Garden que nos acompaña desde hace años, con unas dimensiones de 41,4 × 35,5 × 12,3 cm. Los pequeños detalles son los que cautivan a quienes tenemos el privilegio de visitar al maestro. Las delicadas pastas de la maceta que muestran las fotografías, komo-ashi, constituyen un elocuente ejemplo de ello: en su sutileza material y en la finura de su acabado se revela una sensibilidad que trasciende la mera función para adentrarse en el ámbito del arte. Nakano Yuuji La figura de Nakano Yuuji permanece envuelta en un halo de discreción y misterio. Como ya señalábamos en el artículo dedicado a su padre, en torno a su persona han circulado diversas versiones —entre ellas, la de que no sería hijo, sino yerno, dado que Nakano Yulizou y Eiko tuvieron únicamente hijas—. También se comenta que, tras una fuerte discusión con Yukizou, abandonó la cerámica y en la actualidad se dedica al transporte de mercancias. Más allá de tales conjeturas, lo cierto es que no he tenido ocasión de conocerle personalmente, pues nunca se encontraba en el taller durante nuestras visitas al maestro. Una pieza de Yuuji de porte distinguido y sobria formalidad. La maceta presenta un delicado labio soto-buchi, cuya línea se abre hacia el exterior con una cadencia suave y progresiva, otorgando al conjunto una sensación de armonía y ligereza. Sus proporciones, cuidadosamente equilibradas —41,7 × 34 × 10,2 cm—, refuerzan esa impresión de mesura y elegancia que define la obra. Pertenece a la colección Laos Garden. Otra obra de Yuuji se inscribe en esa misma búsqueda de sobriedad y equilibrio. En este caso, la pieza adopta una refinada forma oval, rematada igualmente por un labio soto-buchi, que se abre con suavidad hacia el exterior y aligera visualmente el perfil. El cuerpo se ennoblece con una discreta banda inferior (obi) que estructura la composición, mientras descansa sobre delicadas patas en forma de nube (komo-ashi), aportando ligereza y un sutil dinamismo al conjunto. Sus proporciones —33,8 × 26,5 × 8,5 cm— mantienen esa armonía tan característica de su autor. Formas y dimensiones que, como puede apreciarse, resultan especialmente versátiles y plenamente adecuadas para realzar una amplia variedad de composiciones. Sin embargo, resulta indudable que la impronta y el legado de Gyozan —cuya influencia se ha dejado sentir de manera notable a lo largo de las últimas décadas en otros autores de Tokoname, en el resto de Japón e incluso más allá de sus fronteras— hallan en Yuuji su cauce natural de continuidad. Formado desde sus inicios bajo su tutela paterna, es reconocido como el principal heredero de su magisterio. Fiel a la filosofía de la «belleza en la utilidad» que define la obra de Gyozan, Yuuji ha sabido, no obstante, afirmar una sensibilidad propia, incorporando matices distintivos tanto en la elección de materiales como en las técnicas de cocción —entre ellas, el uso de un

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Pasión por la cerámica XLII: Nakano Yukizyou del horno Gyozan

Nakano Yukizyou y el horno Gyozan: excelencia contemporánea en la cerámica de bonsái de Tokoname Una triste despedida Desde hace algunos meses albergaba el propósito de redactar, en la línea de los artículos dedicados a dar a conocer a los grandes ceramistas de bonsái de Tokoname, un texto consagrado al maestro conocido como Gyozan o Gyouzan. Decidí, no obstante, posponer su publicación hasta la conclusión de la Convención Nacional de Bonsái celebrada en Aranjuez, con la intención de añadir una pequeña sorpresa al lector. Superada la exposición y dispuesto por fin a dar forma a estas líneas que ahora tiene ante sí, me alcanzó la triste noticia del fallecimiento de nuestro apreciado ceramista, figura venerada por todos los amantes del bonsái. Sirvan, pues, estas palabras como humilde homenaje a su memoria y como expresión de nuestras más sentidas condolencias a su esposa, a sus amigos y a la amplia comunidad de aficionados que hoy lamenta su pérdida. Con el maestro en nuestra última visita. La amabilidad de un genio En numerosas ocasiones tuvimos el privilegio de visitar el horno y la residencia de quien era, quizá, el más distinguido autor vivo de Tokoname. En anteriores publicaciones ya habíamos señalado —al abordar cuestiones como la elección de la maceta idónea para el estilo formal en coníferas— que sus creaciones acompañan con frecuencia a algunos de los ejemplares más sobresalientes exhibidos en las más prestigiosas exposiciones de bonsái, entre ellas la célebre Exposición Kokufu. Mostrando los espectaculares acabados de sus obras.  Este hecho reviste especial significación si se tiene en cuenta que en tales certámenes suele privilegiarse el empleo de piezas cuya pátina ha sido ennoblecida por el paso del tiempo: antiguas macetas chinas —kowatari, nakawatari o shinwatari— o bien obras de insignes ceramistas japoneses ya desaparecidos, como Tōfukuji, Ryuen o Syuzan. Que las creaciones de un autor contemporáneo compartieran ese espacio tradicionalmente reservado a piezas históricas constituye, sin duda, un reconocimiento elocuente de su excelencia artística y de la profundidad de su legado. Una muestra de macetas Gyozan en Laos Garden en 2018 La madurez de una obra singular Si algo caracteriza la obra de Gyozan es la sobriedad y la fuerza de sus macetas sin esmaltar. En ellas buscaba una relación directa y armoniosa con el árbol, sin colores que distrajeran la mirada. Confiaba plenamente en la textura, las proporciones y la calidad del barro. Trabajó diferentes tamaños, desde los pequeños shohin y medianos chuhin, pero fue en las piezas de gran formato donde su estilo alcanzó su mayor expresión. Sus macetas para bonsáis omono e incluso hachi-uye destacan por su equilibrio entre solidez y elegancia, logrando una presencia imponente sin perder refinamiento. Conjunto excepcional de doce macetas realizadas íntegramente a mano por Yukizyou o Yukizou (según transcripción) Nakano. Todas las piezas están firmadas y se presentan en una caja de madera hecha a medida (kiribako), también firmada. Cada maceta se acompaña de su tradicional paño protector (taoru). La caja mide 37,8 × 49,7 × 17,4 cm. Existen únicamente tres conjuntos como este en el mundo. Fueron elaborados hace más de treinta años y este es el único actualmente disponible y está en Laos Garden, ya que los otros dos pertenecen a coleccionistas japoneses. El conjunto está compuesto por nueve macetas sin esmaltar y tres esmaltadas, todas ellas firmadas y modeladas a mano. Como referencia de tamaño, la maceta esmaltada en amarillo (kii) mide 17 × 14,4 × 6,8 cm. Espectacular maceta de 61 x 45 x 22,5 cm. Colección Laos Garden. Para conocer con más detalle los distintos tamaños de las macetas de bonsái, puede consultarse el artículo que hemos dedicado específicamente a este tema. Dos imágenes cedidas por Nakano Yukizou, procedentes de su perfil personal de Facebook. En la imagen superior —o a la izquierda, según el dispositivo— aparece el maestro culminando una gran obra mediante el método himozukuri, técnica sobre la que profundizaremos más adelante. En la segunda imagen —inferior o a la derecha— se le puede ver a la edad de 79 años sosteniendo una pieza terminada de 97 cm de longitud, realizada con su característica pasta denominada Akebono, en la que también nos detendremos con mayor detalle a continuación. Vocación, aprendizaje y la búsqueda del fuego vivo Nakano Yukizyou nació en 1940, en un tiempo convulso que ya evocamos al tratar el periodo de las macetas shinwatari. Su infancia quedó inevitablemente marcada por uno de los episodios más dramáticos del siglo XX: los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, llevados a cabo los días 6 y 9 de agosto de 1945 con las bombas Little Boy y Fat Man. Cuando aquellos acontecimientos precipitaron la rendición de Japón, el pequeño Nakano contaba apenas cinco años. Le aguardaba una niñez y una juventud condicionadas por las dificultades de la posguerra, en un país derrotado y profundamente herido. Sin embargo, al igual que la nación que lo vio crecer, supo sobreponerse con determinación y entereza. Forjado en la adversidad, desarrolló un carácter firme y perseverante que le permitió avanzar sin resentimiento. No debió de ser un camino fácil, pero quienes lo conocimos coinciimos en que aquellas circunstancias no endurecieron su ánimo, sino que templaron su espíritu y consolidaron la serenidad que más tarde se reflejaría en su obra. El interés de Gyozan por la cerámica nació en el seno familiar, motivado por la influencia de su cuñado, quien también se dedicaba a la elaboración de macetas. Con el propósito de perfeccionar su formación, realizó un aprendizaje de seis meses bajo la tutela del maestro Kazan Hisada (佳山久田), reconocido especialista en la fabricación de macetas mediante moldes ishikomi (石膏型), dentro de la tradición del horno Keizan. Plancha destinada a la confección de macetas mediante la técnica Oshi-gata, en el horno Kakuzan de Tokoname (imagen superior o situada a la izquierda). Moldes de yeso Ishikomi, pertenecientes a la casa Seizan Reiho (imagen inferior o ubicada a la derecha, según el dispositivo). Durante este periodo profundizó en la técnica Oshi-gata (押し型), que consiste en presionar planchas de arcilla de grosor uniforme

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Pasión por la cerámica XXXVIII. Ikko del horno Shouzan Kaneshou.

Watanabe Kazuhiro (Ikko) Shouzan Kaneshou No sabemos con certeza cómo era el taller cerámico de Shouzan Kaneshou en sus inicios, cuando fue fundado en 1972 por Watanabe Masami. Sin embargo, lo que sí está claro es que, con el paso de los años, la dedicación de su familia —en especial la de su hijo Ikko, acompañado por su madre Fusyu— ha llevado a este horno de Tokoname a alcanzar un nivel de auténtica excelencia.  Ikko y Fusyu La consecuencia natural de este impecable trabajo ha sido el incremento en los precios de la producción de Ikko, un fenómeno especialmente notable en la última década. La calidad, la precisión en los acabados y la reputación alcanzada por sus piezas y esmaltes han elevado su valor en el mercado, convirtiéndolas en objetos cada vez más apreciados tanto por coleccionistas como por aficionados exigentes. En el panorama de la cerámica de Tokoname, podríamos distinguir tres grandes estilos de talleres. Por un lado, los pequeños estudios con hornos reducidos, donde cada pieza se elabora de manera casi íntima y artesanal, como sucede con Shuuhou, Akira Shouzan o Izumi-Ya. En un nivel intermedio encontramos hornos de tamaño medio, como los de Shibakatsu, Koyo o Bigei, que combinan la tradición con una producción algo más amplia. Y, finalmente, están los grandes talleres, donde la producción roza un carácter casi industrial: antaño fue el caso de Yamaaki y hoy lo representan nombres como Kakuzan o, precisamente, el horno que nos ocupa, Shouzan Kaneshou. Watanabe Kazuhiro (Ikko) Su firma original, 一弘, se lee como «Ikkou», nombre con el que finalmente decidió identificarse y firmar su obra como 壱興 (Ikkou). En algunas piezas también puede encontrarse la inscripción 一弘造印, que significa «hecho por Kazuhiro», su nombre real. Watanabe Kazuhiro nació el 13 de noviembre de 1956. Sus primeros estudios los realizó en el departamento de cerámica de la escuela secundaria de Tokoname, donde adquirió conocimientos sobre materias primas, resistencia al calor y técnicas básicas de horneado. Posteriormente, en 1977, se graduó en la escuela secundaria de cerámica de Seto, ampliando su formación en alfarería, modelado de arcilla y elaboración de vasijas. Durante su aprendizaje con su padre se especializó en las técnicas de esmaltado. En 1978 comenzó a producir pequeñas macetas en un horno de gas, y a partir de septiembre de 1981 inició la fabricación de macetas de tamaño medio. Elegante maceta esmaltada en un verde oribe por Ikko. Colección Laos Garden. En la actualidad, se dedica a la elaboración de macetas muy apreciadas y de acabado refinado. La mayoría son esmaltadas y de tamaño shohin, aunque también produce piezas sin esmaltar en tamaño chuhin, además de suiban. Para saber más sobre los tamaños de las macetas de bonsái. Aprendió el oficio de la cerámica sin esmaltar a través de la tradición familiar, especialmente de su padre, quien le transmitió los conocimientos y técnicas fundamentales. Con el tiempo, perfeccionó el método y desarrolló su propio estilo, caracterizado por una mezcla de arcillas que él mismo ha formulado. No son tan habituales, aunque igual de fascinantes, las colaboraciones que Ikko realiza con otros ceramistas o pintores de la región. En esta ocasión nos encontramos con una pieza singular: una maceta creada por Ikko y decorada por el maestro Setsudo Kodou (Kodo), también originario de Tokoname. Sobre su superficie se despliega la figura de un tigre blanco, motivo al que ya dedicamos uno de los primeros artículos del blog. La maceta se presenta cuidadosamente guardada en su kiribako, el tradicional estuche de madera que realza aún más su valor. Dimensiones: 8,2 x 4,8 cm Colección Laos Garden. El legado: La cerámica sin esmaltar Ikko aprendió el oficio en academias pero también junto de su padre, un reconocido maestro en la elaboración de macetas para bonsái sin esmaltar. Esta influencia marcó profundamente su trayectoria, orientando su interés hacia las piezas sin esmaltar y transmitiéndole no solo las técnicas tradicionales, sino también una apreciación por la forma, la proporción y el detalle. Sencilla maceta para bonsái sin esmaltar de Ikko. Medidas: 28,7 x 19 x 5,2 cm. Colección Laos Garden. Sus piezas se distinguen por la limpieza de las líneas, la precisión en los detalles —especialmente en las esquinas y patas— y un acabado final que resalta la calidad del trabajo sin necesidad de esmaltado. Esta combinación de técnica, estética y autenticidad le ha permitido satisfacer a una clientela exigente, consolidando su lugar en el ámbito de la cerámica artesanal. La riqueza tonal de las arcillas utilizadas por Masami e Ikko abarca una amplia gama, desde suaves grises hasta intensos rojizos. Esta variedad en las pastas cerámicas se traduce en matices sutiles que enriquecen cada pieza, especialmente en obras sin esmaltar, donde la materia prima cobra un protagonismo esencial. A continuación, presentamos una cuidada selección de macetas creadas por el reconocido taller Shouzan Kaneshou. Cada una de estas piezas, perteneciente a la colección Laos Garden, destaca por la excelencia de sus acabados y por el uso de diferentes tipos de pastas cerámicas, trabajadas con maestría y sin recurrir al esmalte. Un testimonio del saber hacer tradicional y del refinamiento estético que define a estos ceramistas. Si deseas profundizar en las características de estas arcillas y los distintos formatos de maceta, te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) La innovación: La cerámica esmaltada. Aunque sus primeros pasos en la cerámica estuvieron ligados al taller familiar, fue al asumir la dirección del negocio cuando tomó una decisión que marcaría su camino: centrarse en la creación de macetas esmaltadas, principalmente de pequeño formato. Esta elección, lejos de seguir la tradición estricta, lo llevó a explorar nuevas posibilidades técnicas de manera completamente autodidacta. Su técnica de esmaltado es verdaderamente notable. Domina tanto los acabados en un solo color —con superficies limpias, profundas y de gran uniformidad— como las combinaciones más complejas. Entre ellas destaca su esmalte Oribe: un

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Pasión por la cerámica XXXVII. Watanabe Masami del horno Shouzan Kaneshou.

Pasión por la cerámica XXXVII. Watanabe Masami y Fusyu del horno Shouzan Kaneshou. El horno Shouzan (正山), también conocido como Shozan o Shouzan Kaneshou (渡辺正山), fue fundado en 1972 por Watanabe Masami, considerado uno de los ceramistas de bonsái más destacados de su época, especialmente reconocido por sus macetas de bonsái sin esmaltar de gran formato. Macetas de gran tamaño listas para cocer en los hornos de Shouzan Kaneshou El nombre de este horno ha generado cierta controversia debido a las diversas formas en que ha sido transcrito. Una de las más comunes es Kanesho Seitosho. A esta ambigüedad nominal se suma una confusión recurrente en el ámbito de la cerámica de Tokoname, incluso en entornos especializados como tiendas de bonsái de alto nivel: la asociación errónea entre dos casas distintas —Shouzan Kaneshou y Akiza Shouzan—, ambas con trayectoria en Tokoname. Esta confusión no solo afecta a las denominaciones de los hornos, sino también a la atribución de las obras, llegando en ocasiones a intercambiarse los nombres de dos ceramistas con identidades y trayectorias distintas: Watanabe Akira y Watanabe Masami. Con Masami se inicia la primera generación de una saga que, sin embargo, hunde sus raíces en más de tres siglos de tradición alfarera y que hoy continúa viva gracias a sus descendientes, entre ellos Watanabe Kazuhiro, conocido artísticamente como Ikko.  Watanabe Masami Watanabe Masami nació el 4 de agosto de 1927. A los quince años, en 1942, ingresó en la empresa de cerámica Kanekatsu (勝), dirigida por su padre. Allí trabajó en la elaboración de vasijas y canaletas de barro, piezas de uso cotidiano en todo Japón. Sin embargo, la llegada de nuevas alternativas en metal y plástico hizo desaparecer aquel mercado. Ante esa transformación, su padre se vio obligado a reorientar la producción hacia las tradicionales vasijas de té rojas y hacia la cerámica destinada al bonsái, camino que acabaría marcando también la trayectoria de Masami. Antigua chimenea, esquema y cámara de horno industrial de Tokoname, donde se cocían las canaletas cerámicas. Reutilización de vasijas cerámicas en uno de los rincones con encanto de la ciudad de Tokoname.  Watanabe Masami alcanzó la independencia en 1961 y, pocos años más tarde, en 1972, fundó la fábrica cerámica Kaneshou (正), aún en activo. En este taller comenzó a producir macetas para bonsái empleando dos técnicas principales: el urdido, consistente en superponer rollos o cilindros de barro para levantar las paredes del recipiente, y el moldeado por presión o técnica tatara. Moldes para reproducir piezas con técnica tatara de las casas Seizan Reiho y Bigei.  Gracias a su destreza en ambos métodos, Watanabe pudo especializarse en la creación de grandes macetas, casi siempre sin esmaltar. Sus piezas destacan por la precisión en los ángulos y esquinas, perfectamente definidos, así como por el particular brillo de sus superficies, evocador de las antiguas vasijas chinas. Este efecto lo logra tras una paciente investigación de los procesos de cocción y un meticuloso estudio de las distintas arcillas utilizadas. Dos obras en forma de cascada del maestro Masami en la que se aprecia la maestría del artesano en el acabado de las piezas. Maceta hexagonal de 22,5 x 19 x 16, 5 cm y cuadrada de 22 x 22 x 20 cm. Ambas pertenecientes a la colección Laos Garden.  Tambor o taiko de gran tamaño creado por Masami en arcilla rojiza. Tamaño 52,8 x 12,8 cm.  Colección Laos Garden. Si deseas profundizar en las características de estas arcillas te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) En reconocimiento a su maestría, en 1987 recibió la acreditación oficial de Artesano Tradicional de la alfarería de Tokoname. Destacan en su producción una serie de macetas rectangulares para pinos y otras coníferas de gran formato —entre 40 y 62 centímetros— que muestran, en distintos acabados, la excelencia de su trabajo en la definición de aristas y la calidad de sus superficies. Tres ejemplos de estas macetas rectangulares en barro shudei de Masami. Todas pertenecientes a la colección Laos Garden. Medidas: 64 x 49 x 14, 62 x 51 x 18 y 48 x 39 x 12 cm  Dos macetas ovaladas de Masami con medidas: 46 x 38,5 11 y 59 x 46,5 x 11 cm. Colección Laos Garden.  Macetas cuadrada de Masami con medidas: 40 x 40 x 14 cm. Colección Laos Garden.  Si bien la fama de Masami se forjó principalmente gracias a sus imponentes macetas para bonsáis de gran porte, su maestría no se detuvo ahí. También dedicó parte de su obra a la creación de delicadas macetas de pequeño formato, pensadas para albergar shohin y chuhin con la misma sensibilidad estética y precisión técnica. Las piezas que mostramos a continuación son un claro ejemplo de ese trabajo más íntimo y refinado. Todas ellas forman parte de la colección Laos Garden, y destacan no solo por sus proporciones equilibradas, sino también por la sutileza de sus acabados. Sus medidas, cuidadosamente equilibradas y proporcionadas, son: 22 × 16,5 × 5 cm 18,6 × 14,3 × 7,3 cm 12,4 × 9,7 × 4,5 cm 11,3 × 8,5 × 3,2 cm Si te interesa conocer más sobre los distintos tamaños de macetas utilizados en el arte del bonsái, puedes acceder a este enlace. Fusyu, Tomifune Watanabe En el mismo horno de Kaneshou, merece una mención especial la labor discreta pero profundamente admirable de la esposa de Watanabe Masami, una alfarera de gran prestigio cuya obra, singular y delicadamente personal, ha sabido dejar una huella inconfundible en el mundo del bonsái. Además de su reconocida trayectoria, es también la madre del célebre ceramista Ikko Watanabe, lo que convierte su legado en un eslabón fundamental dentro de esta destacada familia de artesanos. En un ámbito tradicionalmente dominado por hombres, el trabajo de las mujeres en la cerámica japonesa ha sido durante mucho tiempo silencioso, a menudo relegado a un segundo plano o vinculado a tareas auxiliares

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Jukousan Laos Garden portada

Pasión por la cerámica XXXVI. Jukousan y Machiko Akira.

El legado de Watanabe: El taller Akira Shouzan y la figura de Jukousan En nuestro artículo anterior, exploramos los orígenes del horno Akira Shouzan de Tokoname, un taller emblemático que encarna como pocos la esencia de la tradición alfarera japonesa, transmitida de generación en generación. Hoy continuamos esta historia centrándonos en sus actuales protagonistas: el hijo y la nuera del fundador, quienes han heredado y renovado el espíritu de este legendario espacio creativo. Detalles del taller de Akira Shouzan. Watanabe Fumikazu El maestro Jukousan en su juventud y algunos de los sellos más empleados en Shouzan Akira. El maestro detrás de esta evolución es Watanabe Fumikazu (渡辺二三一)conocido en el mundo de la cerámica como Jukousan (渡辺二三一)También mal transcrito en ocasiones como Shukozan o Shouzan). Nacido el 3 de enero de 1944, Fumikazu se incorporó al taller familiar en 1970, tras su retiro de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. A partir de entonces, asumió la dirección de la producción en el horno fundado por su padre, Watanabe Akira. Formación y técnicas tradicionales Impulsado por un profundo respeto por la tradición, Jukousan se especializó en el modelado de macetas para bonsái, perfeccionando también la técnica de cocción en el ancestral horno tipo noborigama (horno de escalera). Con el tiempo, amplió su capacidad productiva construyendo dos hornos de gas —uno pequeño y otro grande— que le permitieron mantener la calidad artesanal en mayor escala. Cerámica Tokoname: piezas únicas disponibles en el taller En el taller se pueden encontrar diversas piezas a la venta, cada una con el sello distintivo de la cerámica tradicional de Tokoname. En la parte superior (o izquierda, según el dispositivo) se destaca una pieza elaborada en el característico barro naranja de Tokoname, con una delicada decoración incisa que representa una caña de bambú, símbolo de resistencia y elegancia en la cultura japonesa. Justo debajo (o a la derecha), pueden apreciarse dos tazones realizados a torno, conocidos como piezas de ágata. Estas piezas se crean mediante una técnica que combina diferentes tipos de arcillas de distintos colores, generando un efecto marmoleado único que se integra en toda la estructura de la cerámica, no solo en su superficie. Cada pieza refleja el equilibrio entre tradición, diseño y técnica que distingue al legado cerámico de Tokoname. Las macetas de bonsái Aunque cada una de las piezas disponibles en el taller es un verdadero tesoro, debo admitir que mi atención fue capturada de inmediato por un grupo muy especial: unas antiguas macetas de bonsái cuidadosamente guardadas bajo unas estanterías. Se trataba de piezas únicas, vestigios del pasado, producidas por el propio Jukousan en sus primeras etapas como ceramista, y entre ellas, también se encontraba alguna maceta original de su padre, Watanabe Akira, fundador del taller. Estos ejemplares no solo destacan por su valor estético y técnico, sino también por el peso emocional y cultural que conllevan. Son testigos silenciosos de la evolución del arte cerámico en Tokoname y de la continuidad de un legado que ha pasado de padres a hijos. Maceta para bonsái del maestro Jukousan. Esta pieza de formas rectas es una elegante obra rectangular de proporciones equilibradas: 46 x 35,3x 15,8 cm. Destacan las finas patas de nube  o komo-ashi.  Colección Laos Garden Tamaños y formatos Las macetas de bonsái producidas por Jukousan cubren un amplio espectro de tamaños, desde pequeñas piezas mame y shohin hasta los formatos medianos chuhin, abarcando medidas de entre 4 y 16 (equivalente a unos 12 a 48 cm). Cada una de estas piezas refleja un equilibrio entre forma, función y estética japonesa. Pequeña maceta fabricada por Jukousan de dimensiones 20 x 12,5 x 5,5 cm. Colección Laos Garden. Para saber más sobre los tamaños en las macetas de bonsái.  Sus obras se distinguen por la variedad de métodos empleados: desde el uso de moldes tipo tátara o de cadena, hasta el torno alfarero y rodillos para impresión en bajorrelieve. Trabaja tanto con barros sin esmaltar como con delicadas piezas esmaltadas tipo youhen, logrando acabados que reflejan el alma del fuego y la tierra. Dos macetas de Jukousan. La primera, de forma circular y elaborada a torno, mide 32 x 7,8 cm. La segunda, de 35 x 28,2 x 11,5 cm, fue realizada con técnica tátara o de molde. Ambas piezas forman parte de la colección de Laos Garden. Entre los barros más utilizados se encuentra el rihidei (梨皮泥), que literalmente significa «barro de piel de pera». Este tipo de cerámica sin esmaltar presenta una textura rugosa y natural, en la que los desgrasantes o caliches quedan a la vista, evocando la superficie de una pera. Pequeña maceta de Jukousan con textura rugosa. Medidas: 14,9 x 11 x 6 cm Colección Laos Garden Por otro lado, las piezas esmaltadas o youhen (窑変釉) revelan los efectos impredecibles del horno tradicional sobre esmaltes compuestos por materiales naturales, sin añadidos artificiales. Cada cocción ofrece resultados únicos, convirtiendo cada maceta en una obra irrepetible. En el ejemplo de arriba tenemos una maceta esmaltada en blanco (shiro-kochi) con un craquelado o hibi-Yaki en una maceta Shouzan Akira.  Para profundizar en el tema de los esmaltes: Los esmaltes en las macetas de bonsái I Los esmaltes en las macetas de bonsái II Los esmaltes clásicos en el taller de Yamafusa Los esmaltes clásicos en el taller de Koyo Toen La evolución de los esmaltes de la casa Yoshimura Shuuhou Pablo Comesaña En el artículo anterior sobre Watanabe Akira mencionábamos este espectacular pino, plantado en una de las macetas de la casa Shouzan Akira. El árbol ha sido trabajado por Pablo Comesaña, artista gallego que colabora con nosotros desde hace tiempo. Su intervención es un verdadero privilegio, capaz de elevar cada árbol a una nueva dimensión. Detengámonos un momento para apreciar parte de su extraordinario trabajo. Una muestra de notables transformaciones después de pasar por las manos expertas de Pablo. Reconocimiento y legado de Jukousan Retomando al autor que nos ocupa hoy, la maestría de Jukousan ha sido reconocida de manera oficial y sostenida a lo largo del tiempo. Fue acreditado como Maestro

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Pasión por la cerámica XXXV. Watanabe Akira de Akira Shouzan

Akira Shouzan Recorrer una de las rutas de la cerámica en Tokoname es asomarse a la historia viva de la ciudad. Sus callejuelas, estrechas y llenas de carácter, serpentean entre muros de ladrillo rojo, antiguas vasijas, fragmentos de cerámica y altas chimeneas que aún conservan el eco del fuego. En cada rincón se perciben huellas del pasado, integradas con naturalidad en el paisaje urbano de una ciudad que honra con orgullo su tradición. El Museo de la Cerámica Local y los antiguos hornos noborigama evocan, paso a paso, la esencia de un arte que aquí no solo se trabaja: se hereda. Las calles de Tokoname confeccionadas a base de antiguos productos cerámicos Detalle del pavimento con incrustaciones de antiguos productos cerámicos y tinajas con flores que llenan de color las calles Entre esos vestigios del pasado se ocultan pequeños talleres que, contra todo pronóstico, siguen vivos en un mundo que parece avanzar con demasiada prisa. Confieso que Akira Shouzan es uno de mis favoritos, pues conserva intacta la esencia de los antiguos talleres de principios del siglo XX. El horno Akira Shouzan 章(あきら)章山 es uno de ellos. Fundado por Watanabe Akira 渡辺 章, este espacio modesto en dimensiones ha alcanzado un prestigio que trasciende fronteras. Sus macetas sin esmaltar, de líneas contenidas y belleza serena, son altamente valoradas por coleccionistas y amantes del bonsái en todo el mundo. Actualmente, el horno está a cargo de su hijo, Watanabe Fumikazu —conocido como Jukousan—, junto a su esposa Machiko Akira. Ambos serán protagonistas de nuestro próximo artículo en Pasión por la cerámica. Entrada a Akira Shouzan, no podía faltar el maneki neko Detalles del taller Akira Shouzan La tienda es un verdadero deleite para los sentidos: cerámica para bonsái, utensilios para el té y piezas para el uso cotidiano, todo dispuesto con esmero y una iluminación que realza cada detalle. El espacio, además, está impregnado de historia y reconocimiento. Premios y distinciones obtenidos por Jukousan y su padre se exhiben con orgullo, compartiendo estanterías y paredes con cerámicas, pinturas, recortes de prensa y recuerdos que cuentan la trayectoria de una pasión heredada. Ambos fueron distinguidos con el título de maestro artesano Watanabe Akira En torno a los integrantes del horno Akira Shouzan existe una notable controversia. Las dudas no solo giran en torno a la transcripción de sus nombres o a la interpretación de sus sellos, sino también a su propia identidad. En ocasiones, se llega incluso a afirmar que se trata de un único autor o se confunden con ceramistas de Shouzan Kaneshou, otra casa de Tokoname que, aunque comparte el prestigio y la tradición alfarera de la región, no guarda relación alguna con Akira Shouzan. Este tipo de errores, sorprendentemente comunes, pueden encontrarse incluso en los comercios de más renombre especializados en bonsái, tanto españoles como del resto de Europa. La transcripción de los nombres vinculados al horno Akira Shouzan ha generado no pocos equívocos. Aunque el nombre suele transcribirse como Shouzan, es frecuente encontrarlo escrito de múltiples formas: Katsuyama, Katuyawa, Touzan, entre otras variantes que poco o nada tienen que ver con el sello original. A ello se suman errores de identificación más graves, como atribuir piezas a Shouzan Akira cuando, en realidad, pertenecen a otros autores, como Shizan o el ya mencionado Shouzan Kaneshou. Estos dos últimos, también procedentes de Tokoname, comparten el carácter 章 (shou) en sus sellos, lo que ha contribuido a las confusiones. Sin embargo, no existe vínculo alguno —ni familiar ni artístico— entre ellos y el taller Akira Shouzan. Aunque todos estos hornos comparten una notable calidad en su producción, sus estilos, técnicas de cocción y acabados presentan diferencias claras. Con algo de experiencia, estas variaciones pueden distinguirse con relativa facilidad. Aun así, las atribuciones erróneas siguen siendo frecuentes, como digo, incluso en comercios especializados y casas de subastas de renombre. Para quienes deseen identificar con mayor certeza una pieza auténtica de Akira Shouzan, el sello es un elemento clave. Las obras más tempranas suelen presentar el kanji 章山 (Shouzan), grabado o estampado con cierta profundidad y un trazo firme. En piezas más recientes —particularmente las realizadas por Watanabe Fumikazu, conocido como Jukousan— puede encontrarse una combinación de sellos: el nombre artístico, caracteres estilizados e incluso firmas personales. En el libro Técnicas del bonsái de John Naka —una obra que, como he mencionado en otras ocasiones, considero un referente imprescindible tanto para mí como para miles de aficionados en todo el mundo— aparece un par de macetas. en este caso (figura 683) que el autor atribuye a Watanabe Akira. Naka, cuya autoridad en la materia sigue siendo indiscutible, señala que estas piezas son ideales para pinos y menciona que el sello empleado incluye el sobrenombre «Sho-zan». Una maceta del mismo modelo, esta vez moldeada por su hijo, Jukousan.Dimensiones: 47 × 38 × 18 cm. Colección Laos Garden. Sin embargo, en la figura 682 del mismo libro, aparece una maceta que John Naka atribuye a Watanabe Akira, aunque el sello que muestra corresponde, por lo general, a Watanabe Fumikazu. De hecho, el propio Naka indica que en dicho sello puede leerse «Jukozan», nombre artístico utilizado por el hijo. Gran ejemplar de pino silvestre, diseñado por Pablo Comesaña. Movimiento, espectacular base, grosor, formación muy avanzada… lo tiene todo para ser expuesto en un futuro muy cercano. La maceta del mismo modelo esta creada por Jukousan. Colección Laos Garden. La confusión se acentúa porque, como vemos, durante un tiempo, Jukousan utilizó los sellos de su padre antes de establecer los suyos propios. Su talento precoz y la calidad de su trabajo hacen que, incluso para coleccionistas experimentados, no siempre sea fácil distinguir las piezas de uno u otro. Sin embargo, es importante señalar que se trata de dos autores distintos. Watanabe Akira no solo existió: nos dejó obras exquisitas, como un tazón que tuvimos el privilegio de adquirir. Según confirmó el propio Jukousan, fue realizado por su padre hacia los años 70. Hoy, más de medio siglo después, esa pieza sigue en uso y ha encontrado

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Portada Shuuhou Laos Garden

Pasión por la cerámica XXVI. La transición entre dos mundos: Yoshimura Shuuhou de Yoshimura Toen.

Pasión por la cerámica XXVI. La transición entre dos mundos: Yoshimura Shuuhou del horno Yoshimura Toen. Susumu Kataoka, conocido en el ámbito artístico como Shuuhou, representa la cuarta generación al frente del histórico horno de cerámica de su familia en Tokoname, como ya sabemos, una de las seis antiguas ciudades alfareras de Japón. Su nombre, vinculado ya de forma inseparable a la tradición cerámica de la región, es sinónimo de excelencia y continuidad. Con rigor heredado y una sensibilidad cultivada con los años, Kataoka encarna la segunda generación de su linaje dedicada casi por completo a la creación de cerámica para bonsái, una disciplina que exige no solo maestría técnica, sino una comprensión profunda del equilibrio, el vacío y la forma como lenguajes del alma. Su trayectoria y pericia le valieron el reconocimiento oficial del gobierno nipón, que le otorgó el certificado de maestro artesano, distinción reservada únicamente a aquellos cuya obra no solo preserva la tradición, sino que la proyecta hacia el futuro con dignidad y autenticidad. Susumu Kataoka (Shuuhou) junto a alguno de sus sellos y firmas más empleados. Susumu Kataoka vino al mundo en 1941, cuando la humanidad, aún convaleciente de una tragedia, avanzaba a tientas hacia otra aún más devastadora. Su infancia coincidió con los años más oscuros de la historia contemporánea de Japón: la Segunda Guerra Mundial, una contienda particularmente cruel y despiadada para su país, que acabó reducido a cenizas físicas y morales. Desde muy temprana edad, Susumu se vio obligado a enfrentarse a realidades que ningún niño debería conocer: el estruendo de los bombardeos, el hambre prolongada, la humillación de la derrota y la precariedad de una posguerra que no ofrecía consuelo ni esperanzas inmediatas. Sin embargo, guiado por la figura firme y ejemplar de su padre, Kataoka Yoshimura —un hombre austero, digno y profundamente arraigado a los valores tradicionales—, Susumu logró sortear aquellos años de privaciones y desesperanza. Fue al lado de él que aprendió, no sólo a sobrevivir, sino a asumir responsabilidades de adulto cuando apenas había dejado atrás la niñez. A una edad muy temprana él ya se había hecho cargo del horno familiar. En torno a ese fuego —modesto pero constante— comenzó a reconstruir no sólo su vida, sino también un fragmento del Japón que resistía a desaparecer. Con esfuerzo, voluntad y un sentido innato del deber, Susumu encarnó una forma de heroísmo silencioso: el del hombre que no se resigna, que no se doblega, y que reconstruye a partir de las ruinas, ladrillo a ladrillo, maceta a maceta. El estilo de sus macetas: una manifestación de lo auténtico. Susumu Kataoka goza de un reconocimiento internacional indiscutible por la excelencia técnica y la sutileza estética de sus piezas esmaltadas, las cuales constituyen el núcleo más visible y celebrado de su producción artística. Sin embargo, dentro de su corpus creativo existen obras no esmaltadas que, por su extrema rareza y limitada circulación en el mercado, adquieren un carácter casi de coleccionista. Estas piezas, desprovistas de cualquier revestimiento superficial, permiten apreciar con mayor claridad la pureza formal, el rigor constructivo y la intención expresiva del autor en estado esencial.  Maceta para bonsái ovalada sin esmaltar por el maestro Yoshimura Shuuhou. Las pastas empleadas en estas piezas son grisáceas, tras la cocción adquieren gran dureza. Reciben el nombre de «Haiiro no doro» o barro gris. (SHOUWA-DEI). El acabado es rugoso o ARA-DEI.  Medidas: 34,5 x 27,8 x 11,8 cm. Colección Laos Garden.  Si deseas profundizar en las características de estas arcillas y los distintos formatos de maceta, te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) Algo más frecuentes son estas piezas igualmente sin esmaltar estilo nanban. De pastas rugosas oscuras y gruesos desgrasantes, esas obras son muy buscadas últimamente para coníferas es estilo literati o bunjin. Medidas: 38,5 x 4,3 cm Yoshimura Shuuhou. Colección Laos Garden.  Llegó a realizar piezas de más de 80 cm de largo, sin embargo, dentro del catálogo del maestro resulta particularmente complicado encontrar macetas de pequeño tamaño, ya que la mayoría de las obras que se cultivan y comercializan corresponden a tamaños como el chumono y el omono, los cuales son mucho más habituales. Estas dimensiones, de mayor envergadura, han eclipsado a las piezas de menor formato, convirtiéndolas en una rareza dentro del mercado especializado y como he apuntado, objeto de deseo de los coleccionistas.  Pequeña maceta de Yoshimura Shuuhou sin esmaltar. Con forma de tambor, labio abierto y botonado en base y labio.  Medidas: 8,8 x 3,5 cm. Colección Laos Garden. Para saber más sobre los tamaños en las macetas de bonsái.  Esmaltes: La evolución palpable en una estirpe de ceramistas. Durante los años en que cursaba mis estudios en la UAM, tuve la fortuna de poder optar por algunas asignaturas de libre configuración. La mayoría de ellas estaban orientadas hacia la arqueología, campo en el que decidí especializarme, pues tenía bien claro el rumbo profesional al que quería encaminarme. Sin embargo, para equilibrar la «densidad» de tanta historia y arqueología, elegí, en algunos momentos, asignaturas relacionadas con el arte. Una de las que más aprecié se centraba en la pintura decimonónica, o pintura del siglo XIX, disciplina que me permitió explorar una faceta distinta, pero igualmente enriquecedora, de la expresión humana a través del tiempo. Gracias a esta asignatura, tuve la oportunidad de apreciar la evolución que transcurre entre la pintura del neoclasicismo, caracterizada por sus formas puras y austeras, claramente influenciadas por la escultura grecorromana, y el romanticismo del siglo XIX, un movimiento que pone énfasis en la espiritualidad, la imaginación, la fantasía y el sentimiento. En este periodo, la pintura se desvincula de la razón estricta y abraza lo irracional, lo onírico y lo misterioso, lo que se traduce en una fascinación por el ocultismo, la locura y el sueño. Este enfoque, a su vez, prepara el terreno para las corrientes posteriores, como el realismo, que se

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portada Yoshimura kataoka LaosGarden

Pasión por la cerámica XXV. El origen de Yoshimura Toen. Kataoka Yoshimura.

Pasión por la cerámica XXV. El origen del horno Yoshimura Toen. Kataoka Yoshimura. Empezamos este recorrido en el artículo anterior, junto a Hidemi Kataoka. Hoy seguimos adelante, mirando al pasado mientras caminamos desde el presente, para descubrir el origen de este horno legendario de Tokoname. Un lugar donde el barro y la historia se mezclan con la perseverancia de quienes, siglos atrás, aprendieron a dominar el fuego y el tiempo para dar vida a la cerámica. Porque aquí nada se da por hecho: todo se gana con las manos, entre cenizas y humo, con la paciencia de quienes saben que el barro —como la memoria— solo se deja moldear por aquellos que entienden su carácter. Yoshimura Kataoka. Fue en 1923, bajo el reinado de Taishō, cuando echaron a andar aquellos hornos con el nombre de Shuuhou. No fue hasta 1952 cuando adoptaron el título definitivo de Kataoka Toen.  Dos generaciones moldearon arcilla y firmaron sus piezas como Shuuhou, hasta que llegó el momento de virar el rumbo. La fábrica, con la paciencia de quien sabe que el tiempo es solo otra herramienta, se dedicó en cuerpo y alma a la cerámica para bonsái. Desde entonces, sus obras llevaron otro nombre: Yoshimura. Tres generaciones después, como vimos, esa firma sigue ahí, en cada pieza, como testimonio de que la historia. Yoshimura Kataoka—cuyo verdadero nombre es Kataoka Shin—tuvo que vivir su infancia cuando Japón, en el periodo de entreguerras, afinaba el filo de su acero y marcaba con ambición los mapas del Pacífico. Se sabía destinado a la grandeza, o al menos así lo creían sus generales y almirantes, que veían en el continente asiático un tablero donde desplegar su poder. No era ya la isla ensimismada de siglos pasados, sino un imperio con hambre de expansión, con la mirada fija en China y el sudeste asiático, y con una flota que desafiaba al mismísimo Leviatán norteamericano. Una de las escasas imágenes que se conservan de Kataoka Yoshimura, en una revista especializada en cerámica japonesa, publicada por Yukiko Kasai.  Viniendo de una estirpe de ceramistas, siendo la tercera generación, entra en escena como el primer eslabón de una cadena que, en su casa, decidió entregarse casi por completo a la cerámica para bonsái. Un arte que, en Tokoname, pesa tanto como cualquier otro utensilio de los que han dado forma, sustancia y alma a la vida en Japón, pero que en aquella época aún era una apuesta incierta. Se le conoce con el título de «Maestro artesano», aunque su nombre no aparece en la célebre lista de ceramistas de Tokoname. Tal vez un olvido. Tal vez, cuando se redactó el consabido inventario, su hijo, Yoshimura Shuuhou, ya sostenía con firmeza el estandarte del horno familiar, sin necesidad de que nadie le hiciera un hueco en los registros. De hecho, en lasescasas ocasiones que he tenido la suerte de toparme con una obra de Yoshimura Kataoka a la venta, esta estaba atribuida a su hijo, Yoshimura Shuuhou. Como si el anciano jamás hubiera existido, como si el mérito no le perteneciera. Cosas del tiempo y la memoria. En 1960 su hijo comienza a trabajar junto a él en el taller de su familia, un lugar reducido muy cercano al famoso gran horno de Yamaaki. Para saber sobre los hornos Yamaaki: 1ª generación Akiji Kataoka, 2ª generación Sadamitsu y 3ª generación Kataoka Toshio. Macetas eternas Un claro ejemplo de la elegancia y maestría del maestro Kataoka se admira perfectamente en cada detalle de esta preciosa maceta ovalada sin esmaltar. Colección Laos Garden.  Hace ya bastantes años, antes de conocerle en persona, me atreví a ponerme en contacto con Hidemi Kataoka. Le envié unas fotos de las macetas que habíamos podido recopilar de su padre y su abuelo, convencido de que aquel gesto, por insignificante que pareciera, podría interesarle. Su respuesta no tardó en llegar. Quedó gratamente sorprendido por el hecho de que yo atesorase más macetas de su abuelo que él mismo.  Otra maceta sin esmaltar, de similar color y textura a la anterior pero donde se muestra una de las decoraciones en relieve marca de la casa. Colección Laos Garden. Y así fue, con el paso de los años, aquellas macetas, que al principio parecían simples recuerdos de un tiempo lejano, se han ido quedando conmigo. Hoy, muchas de ellas siguen adornando mis estanterías, se han vuelto parte de mis preferidas, esas que no se olvidan, esas que, de alguna manera, llevan consigo un pedazo de historia ajena, una conexión casi intangible que va más allá de lo que cualquier objeto pueda representar. Otro diseño típico de Kataoka Shin, un estilo conocido como «comido por gusanos» (worms eaten). Colección Laos Garden. Medidas: 32 x 23 x 6,2 cm. Como hemos visto, lo de los nombres de este horno es un despropósito: en 1973 lo rebautizan otra vez, antes se llamaba Kataoka Toen, pero deciden que ahora será Yoshimura Toen. Que nadie se acostumbre, porque en 1974 vuelven a la carga y lo renombran Yoshimura Shuuhou, que es como ha llegado hasta hoy, aunque es frecuente encontrarlo como Tokoname Shuuhou. Llámese como se quiera, que a estas alturas poco importa, lo que está claro, y a las pruebas me remito, es que de este horno salieron macetas que hoy son codiciadas como joyas por bonsaístas de postín y coleccionistas de medio mundo. Piezas con solera, con pedigrí, con ese no sé qué que distingue lo corriente de lo extraordinario. Ya hemos hablado de las pastas, que no son otra cosa que historia cocida de Tokoname, moldeada con siglos de maña y oficio. Ahora toca detenerse en los esmaltes, esos tonos y texturas que, durante décadas, han sido objeto de admiración y deseo entre quienes saben de esto. Porque no hablamos de cualquier barniz de medio pelo, sino de acabados que han marcado época, que han dado carácter y alma a las mejores macetas del mundo del bonsái y que se han intentado imitar y reproducir una y mil veces.  Quizá el ejemplo más característico

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Hidemi Kataoka LaosGarden

Pasión por la cerámica XXIV. Hidemi Kataoka de Yoshimura Toen.

Pasión por la cerámica XXIV. Hidemi Kataoka de Yoshimura Toen. En artículos anteriores hablamos del horno Koyo Toen, acaso uno de los más célebres y respetados de Tokoname. Forjado a base de arcilla, fuego y maestría, este taller cerámico tuvo en su día un timonel excepcional: el maestro Aiba Kouichirou, hombre de manos curtidas y espíritu inquebrantable, que hizo de su arte una leyenda antes de morir. Hoy, el destino del taller recae en su viuda, Aiba Kouso, y en su hijo, a quien todos conocen como Juko, Aiba Kuniaki. Juko, sin renegar del peso de su linaje, supo tejer lazos de camaradería con otros herederos del oficio. Junto a él, dos nombres resuenan con la misma fuerza en los hornos de Tokoname: Shimizu Hideaki, mejor conocido como Eimei, quien maneja con mano firme el taller Youzan Toen, y el hombre que hoy nos ocupa, Hidemi Kataoka, quien, tras la muerte de su padre, Yoshimura Kataoka, tomó el timón del prestigioso horno Yoshimura Toen, conocido en Europa como Shuuhou. Juko de Koyo Toen (izquierda), Eimei de Youzan Toen (centro) e Hidemi Kataoka de Yoshimura Toen (derecha). En alguna ocasión se han referido a ellos como “The Big Three” (Los tres grandes), crecieron juntos, compartieron infancia, aprendieron el oficio entre risas y silencios de arcilla y esmalte. No han trabajado bajo el mismo techo, cierto es, pero sus caminos han transcurrido en paralelo, con la misma devoción por la cerámica que heredaron. Sus hornos son distintos, sus estilos también, pero la complicidad entre ellos trasciende lo meramente artesanal. Son un trípode, un pacto no escrito entre artistas que, si bien producen cada uno en su propio feudo, han exhibido juntos en las galerías de Tokoname. Y eso, en un mundo donde la tradición y la competencia se entrelazan como las vetas de un antiguo esmalte namako, dice mucho más de ellos que cualquier título o reconocimiento. Junto a Koho de Kakuzan Toen e Hidemi Kataoka, en una exposición en Bélgica (derecha o arriba) y junto a Hidemi Kataoka en su taller, en Tokoname (izquierda o abajo). A veces, la tradición es un pesado fardo que se arrastra sin remedio. Otras, como en el caso de Hidemi Kataoka, es un hilo que une generaciones, que pasa de mano en mano como un cuchillo bien afilado, como un secreto transmitido al oído en la penumbra de un taller. Su historia no es la de un hombre, sino la de una dinastía de alfareros que desde 1923 han sabido domar el fuego y la arcilla, doblegarla hasta convertirla en algo hermoso y útil. La familia Kataoka no es una clan cualquiera. Son los guardianes de una llama, los herederos de un nombre que se repite como un eco en los hornos de Tokoname: Shuuhou. Nacido en 1967, Hidemi es la quinta generación de su linaje y el tercero en dedicarse en exclusiva a la cerámica para bonsái. Su padre, Susumu Kataoka, y su abuelo, Yoshimura Kataoka, ya modelaban cerámica para bonsáis cuando él aún no había llegado al mundo. Creció entre el polvo de arcilla, entre las sombras alargadas de los hornos encendidos al atardecer, entre el sonido del torno girando y el olor a óxidos, engobes y esmaltes. Aprendió a moldear la tierra con la paciencia de quien sabe que la artesanía no admite prisas. No empezó a trabajar como alfarero hasta 1992, y no fue hasta 2005 cuando recibió el título de «artesano tradicional«, una distinción que en Japón no se otorga a la ligera. Su trabajo sin tregua le ha granjeado premios y parabienes, aunque Hidemi se muestra humilde y deja que su obra presuma por él. Distinciones, premios y galardones:  1992 Completó el programa de capacitación en el Centro Tecnológico de Cerámica de la Prefectura de Aichi. 2002 Director General de la Oficina de Industrias de Fabricación, Premio del Ministerio de Economía, Comercio e Industria 2003 Recibió el premio Tokoname City. 2005 Certificado «Maestro del Artesano Tradicional». 2011 Recibió el premio de artesanía excelente para los oficios tradicionales y la industria en la prefectura de Aichi, en el Concurso de Artesanía Tradicional de Japón. Premio a la Exposición Japonesa de Artesanos Tradicionales. Tokai Exposición de Artesanías Tradicionales. Tokoname cerámica promoción exposición. Premio de alfarería Premio de vajilla.Tokoname cerámica Exposición. Premio Choosho Tokoname Togyoten Encouragement Usa distintas pastas cerámicas en sus obras, aunque predominan las refractarias claras de alta temperatura. Sus macetas son algo más gruesas y pesadas que las de su padre y abuelo. Si deseas profundizar en las características de estas arcillas y los distintos formatos de maceta, te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) La cerámica en el horno Yoshimura Shuuhou no es cosa de improvisados, pero aquí se trabaja con fuego y arcilla. La tradición dicta que cada pieza es un enigma hasta que sale del horno, y eso lo sabe bien Hidemi. Él, que ha pasado años con las manos en el barro, entiende que los esmaltes son caprichosos, que nunca se puede dar por sentado el color que se obtendrá. No hay certezas, solo espera. Hasta el último instante, hasta que la pieza emerge, marcada por el azar del fuego. Llamativa maceta para bonsái en tamaño shohin, fabricada a mano por Hidemi kataoka. Esmaltada en amarillo, (kii). Colección Laos Garden. Para saber más sobre los tamaños en las macetas de bonsái. Su oficio es el de las macetas de bonsái, pero no se limita a ellas. Hace también vajillas, jarrones, lo que se le ponga por delante. Y no con un único método, porque la alfarería, cuando es de verdad, no admite atajos. Usa las manos, los moldes, el torno. Lo que haga falta. Moldes, horno listo para cocer y piezas terminadas en el taller de Hidemi. Tokoname 2017. Además de los namako con base en azul, Hidemi ha experimentado con un buen número de esmaltes jaspeados

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Seizan Makoto y Mitsue LaosGardeb

Pasión por la cerámica XXIII. Seizan, Makoto y Mitsue.

Pasión por la cerámica XXIII. Makoto y Mitsue del horno Seizan. Kataoka Makoto. Tuvimos oportunidad de mostrar como se encontraba Japón a finales del siglo XIX.  Corría el año 1889 cuando la familia de Makoto, con la determinación propia sus antepasados, fundaron el horno Seizan. Kataoka Makoto no iba a ser menos y decidió continuar con la tradición familiar, en cuanto tuvo edad para hacerse cargo del negocio familiar. No era una empresa sencilla; aspiraba a recrear con precisión las legendarias macetas Kowatari, tesoros cerámicos provenientes de China que habían resistido siglos de historia. Para desentrañar los secretos de estas piezas, Makoto no dudó en embarcarse en un arduo viaje de aprendizaje en tierras chinas, sumergiéndose durante años en técnicas milenarias y, al mismo tiempo, dando vida a sus propias creaciones. Hoy, el legado de Makoto pervive bajo la atenta mirada de su hijo, Katsushi Kataoka, conocido en el mundo de la cerámica como Reiho. Este nombre artístico, sin embargo, ha generado cierta confusión, pues existe otro horno en Tokoname llamado Reiho, dirigido por Matsushita Hiroyuki. No obstante, el Reiho de Katsushi ha sabido forjar su propio camino, manteniendo viva la tradición y el espíritu innovador heredados de su padre. Kataoka Makoto, fundador de Seizan. Nacido en 1927 en el seno de una familia dedicada a la cerámica. Desde su más tierna infancia el barro y el torno fueron compañeros inseparables, moldeando no solo piezas de singular belleza, sino también su destino. Fue en 1948 cuando, con apenas veintiún años, tomó las riendas del negocio familiar, infundiendo en cada creación la pasión y el saber ancestral transmitido por generaciones. La ciudad de Tokoname, cuna de una tradición ceramista milenaria, fue testigo de su incansable dedicación y maestría. No es de extrañar que, en 1979, su talento y compromiso fueran reconocidos oficialmente al ser nombrado artesano tradicional de Tokoname, un honor reservado para aquellos que encarnan la excelencia y preservan con devoción las técnicas heredadas de sus ancestros. El taller y horno Seizan en Tokoname En las entrañas del horno Seizan, las manos expertas de estos artesanos moldean arcillas que, al calor del fuego, se transforman en obras maestras. Cada maceta es testimonio de una dedicación inquebrantable y de un respeto profundo por las técnicas ancestrales, adaptadas con maestría a los tiempos modernos. Así, el legado de los Kataoka continúa, entrelazando pasado y presente en cada pieza que emerge de su horno. Detalle moldes Seizan Detalle taller Seizan Detalle horno Seizan Los viejos y sencillos modelos de Kataoka Makoto se siguen reproduciendo hoy en día a través de sus originales moldes de escayola, con igual o mayor existo que en el periodo dorado de Tokoname. No es de extrañar puesto que Makoto buscó siempre la perfección en sus obras. A través de la investigación de los antiguos patrones chinos y perfeccionando las técnicas de modelado creo sus propios patrones para los que buscó incesantemente asesoramiento para crear las macetas perfectas. Entre los ilustres maestros de bonsái a los que consultó cabe destacar a Saichi Suzuki, el legendario cultivador de pinos negros y cabeza visible del vivero Daiju-En.  Entre los insignes amigos de Makoto, maestros del bonsái, destaca la figura de Saichi Suzuki, legendario cultivador de pinos negros y fundador del vivero Daiju-en. Este pionero no solo perfeccionó las técnicas de decandling, esenciales para el cultivo de pinos negros japoneses, sino que también introdujo la variedad ‘Zuisho’ de pino blanco japonés, revolucionando el arte del bonsái. Su legado perdura, con su nieto Toru Suzuki continuando la tradición familiar en Daiju-en, un santuario para los entusiastas del bonsái de todo el mundo. Saichi Suzuki Como comentamos en el anterior artículo dedicado a Seizan Toen (誠山), emplean pastas generalmente grisáceas (Hairo no doro), negras o de color del gallo (U-dei) o púrpuras (Shi-dei), que adquieren, como otros maestros de la zona, en la Cooperativa de Tokoname.  Para saber más sobre las pastas empleadas en las macetas de bonsái:  Pastas cerámicas en las macetas de bonsái I. Tipos de pastas. Pastas rojizas.  Pastas negruzcas y grisáceas.  En la fotografía, el señor Tanaka de Atelier Tokoname Clay, quien lleva décadas suministrando barro a los alfareros de Tokoname.  La maestría de su obra Diferentes modelos de macetas en pastas grisáceas de Kataoka Makoto y detalles de las mismas. Colección Laos Garden.  Ejemplo de maceta en pasta rojiza de Kataoka Makoto. Medidas: 58,5 x 45 x 17,2 cm. Colección Laos Garden.  Una maceta rojiza con textura de piel de pera (Rihi-Shudei o Nashikawa-Shudei). Se usan desgrasantes, como lo denominamos en arqueología, o chamota, en alfarería. Se trata de arcilla horneada y machacada hasta convertirse en pequeños granos que se mezclan con la arcilla modelable para conseguir este efecto. Se emplean colores distintos entre granos y arcilla para conseguir un mayor contraste de color y realzar el efecto. Kataoka Makoto. Medidas: 40,8 x 29,2 x 10,5 cm. Colección Laos Garden.  A la izquierda o arriba tenemos un tambor (taiko) esmaltado en azul por Kataoka katsushi, un modelo empleado por su padre Kataoka Makoto. Colección Laos Garden. A la derecha o abajo detalle de un antiguo tambor en la publicación «Bijutsu Bonki: Meihon Taisei» Mitsue Kataoka. Con Mitsue kataoka y Kataoka katsushi en Seizan Toen. Mitsue Kataoka Más allá de las figuras masculinas que han llevado el estandarte de Seizan, emerge una presencia femenina cuya influencia es innegable: Kataoka Mitsue. Esposa de Katsushi Kataoka, Mitsue no es simplemente una acompañante en este viaje artístico. Con su propio sello distintivo, ha impregnado al horno Seizan de una creatividad audaz y fresca, desafiando las convenciones establecidas por sus predecesores. Mientras las creaciones de su marido y su suegro se caracterizan por una formalidad clásica, las macetas de Mitsue destacan por su originalidad y atrevimiento, ofreciendo al mundo del bonsái piezas que son tanto funcionales como obras de arte en sí mismas. Curiosa maceta en forma de abanico con decoración incisa por Mitsue kataoka. Medidas: 19 x 8 x 6,6 cm. Colección Laos Garden.  Otro ejemplo de la originalidad y versatilidad de la obra de

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