INSECTOS

Los bonsáis, al crecer en espacios reducidos y con raíces limitadas, pueden ser especialmente vulnerables a plagas e insectos. En la categoría Insectos que atacan a los bonsáis analizamos las principales amenazas que afectan a estos pequeños árboles y cómo prevenir y controlar su aparición.

Aquí encontrarás información detallada sobre los insectos más comunes que atacan a los bonsáis, incluyendo pulgones, ácaros, cochinillas, trips y otros parásitos. Además, ofrecemos guías prácticas sobre identificación, prevención y tratamiento, incluyendo productos recomendados, insecticidas y técnicas naturales.

Esta categoría está pensada para ayudar a aficionados y cultivadores a mantener sus bonsáis sanos y libres de plagas, aprendiendo a detectar los problemas a tiempo y aplicar soluciones eficaces sin dañar el árbol. 🌿🐛

Orugas de Mariposa: Enemigo Silencioso (segunda parte)

Orugas de mariposa: enemigo silencioso (segunda parte) En el artículo anterior nos adentramos en el fascinante mundo de las orugas de mariposa. Aprendimos a distinguirlas de los gusanos, descubrimos los síntomas que pueden provocar cuando aparecen en forma de plaga y conocimos algunas de sus características y curiosos comportamientos. También hablamos de la importancia de la seda y de cómo este valioso material dio nombre, en la antigüedad, a la famosa Ruta de la Seda. En el artículo de hoy iremos un paso más allá. Exploraremos cómo es el ciclo reproductivo de estos pequeños y voraces insectos y veremos, de forma clara y práctica, qué podemos hacer para mantener sus poblaciones bajo control cuando se convierten en una plaga. De huevo a mariposa: el sorprendente ciclo de vida de los lepidópteros El ciclo reproductivo de los lepidópteros —como ya vimos, el grupo de insectos que incluye a mariposas y polillas— es uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza. A simple vista vemos una elegante mariposa volando de flor en flor, pero detrás de ese vuelo ligero se esconde una auténtica historia de transformación. Todo comienza con el cortejo. Los machos suelen localizar a las hembras gracias a unas sustancias químicas llamadas feromonas, que funcionan como un perfume muy especial capaz de viajar por el aire a grandes distancias. Cuando el macho encuentra a la hembra, puede realizar pequeños vuelos, movimientos de alas o exhibiciones para demostrar que es un buen candidato. Si la hembra acepta, se produce la cópula, durante la cual el macho transfiere el esperma que permitirá fecundar los huevos. Tras el apareamiento llega una fase crucial: la puesta de huevos. La hembra busca cuidadosamente el lugar adecuado, normalmente una planta específica que servirá de alimento a las futuras orugas. No es una elección al azar: muchas especies solo pueden alimentarse de determinadas plantas. Por eso, la mariposa “sabe” exactamente dónde dejar sus huevos, ya sea sobre una hoja, un tallo o incluso la corteza de un árbol. Un buen ejemplo de esta sorprendente especialización lo encontramos en la famosa oruga del geranio. En realidad, se trata de la larva de la mariposa africana o polilla del geranio (Cacyreus marshalli), conocida popularmente como taladro o barrenador del geranio. Y su nombre no es casual. Esta pequeña oruga, de color verde y cubierta de finos pelillos, tiene una estrategia bastante eficaz —aunque nada bienvenida para los amantes de las plantas—: se introduce en los tallos y capullos del geranio, donde se alimenta protegida del exterior. Su actividad deja pistas claras de su presencia: tallos con agujeros, brotes que se secan y, si la infestación avanza, la planta puede llegar a morir. En Laos Garden conocemos bien a este diminuto pero persistente enemigo. Allí tenemos la suerte de contar con Laura, especialista en cultivos en miniatura, que ha podido comprobar en primera persona —muy a su pesar— lo voraces que pueden llegar a ser estas orugas. Y es que, en más de una ocasión, han decidido convertir sus delicados geranios en miniatura en su restaurante favorito Después de unos días o semanas, dependiendo de la especie y de la temperatura, los huevos eclosionan y aparece la siguiente protagonista de la historia: la oruga. En esta fase el objetivo principal es muy claro: comer y crecer. Como hemos visto con los gusanos de seda, se alimentan intensamente, mudando su piel varias veces a medida que aumentan de tamaño. Cuando la oruga ha alcanzado su desarrollo completo, llega el momento de una transformación sorprendente. Se forma la pupa (o crisálida), una especie de cápsula protectora dentro de la cual ocurre la metamorfosis. Son los capullos de seda de los que hablamos en el artículo anterior. Durante este proceso, el cuerpo de la oruga se reorganiza completamente hasta convertirse en un insecto alado. Finalmente emerge el adulto, la mariposa o polilla que conocemos. Tras secar y extender sus alas, comenzará a volar, alimentarse —generalmente de néctar— y buscar pareja para iniciar de nuevo el ciclo. Así, el ciclo reproductivo de los lepidópteros sigue una secuencia perfecta: huevo, oruga, pupa y adulto. Cuatro etapas muy diferentes que forman una de las transformaciones más sorprendentes del mundo animal y que, generación tras generación, mantiene vivo el extraordinario universo de las mariposas. Cómo controlar las orugas: métodos naturales, ecológicos, profesionales y domésticos Cuando las orugas aparecen en nuestros bonsáis, pueden convertirse en un problema serio en muy poco tiempo. A diferencia de un jardín, donde una planta puede recuperarse con más facilidad, en un bonsái cada hoja cuenta. Por eso es importante actuar pronto y utilizar métodos de control eficaces pero respetuosos con el árbol y con el equilibrio del pequeño ecosistema que lo rodea. Control mecánico Una de las primeras medidas es el control mecánico, que en el caso de los bonsáis resulta especialmente práctico. Basta con observar el árbol con atención —algo que cualquier aficionado al bonsái ya suele hacer con frecuencia— y retirar manualmente las orugas o los huevos que encontremos en hojas, brotes o entre las ramas. También es recomendable eliminar las hojas muy dañadas o los brotes infestados para evitar que la plaga se extienda. Cuando las orugas o larvas se esconden bajo la corteza, el control requiere un poco más de atención. En estos casos, una solución eficaz consiste en retirar cuidadosamente los fragmentos de corteza afectados y limpiar la zona. Después, puede aplicarse agua caliente a presión, lo que ayuda a eliminar las larvas que permanecen ocultas en las galerías. En el caso de los insectos minadores, que excavan pequeños túneles dentro de hojas o tallos, también se puede recurrir a una técnica más precisa: el uso de jeringuillas con cánulas o agujas flexibles para introducir el tratamiento directamente en las galerías. De este modo, el producto actúa exactamente donde se encuentra la larva, aumentando la eficacia del tratamiento y reduciendo la cantidad de insecticida necesaria. Tratamientos ecológicos Otra opción muy útil es recurrir a tratamientos ecológicos, como el conocido Bacillus thuringiensis. Este producto, muy utilizado

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Orugas de Mariposa: Enemigo Silencioso (primera parte)

Orugas de mariposa: enemigo silencioso (primera parte) La semana pasada quedé a comer con mi pareja, mi madre y mi hermana. Entre conversación y conversación, acabamos recordando a los animales que tuvimos durante nuestra infancia. Intentamos, sin demasiado éxito, tener un perro y un gato. En su lugar pasaron por casa un pez, varias tortugas y hasta un pollo que, contra todo pronóstico, creció más de lo esperado… y terminó convertido en el gallo de un corral. Fue entonces cuando mi hermana mencionó algo que yo había olvidado por completo: en varias ocasiones criamos gusanos de seda. De pronto regresó a mi memoria la imagen de aquella morera de tronco inclinado a la que nos subíamos para recoger bolsas y bolsas de hojas, que después llevábamos a casa para ofrecérselas a los gusanos. Ellos las devoraban con una voracidad asombrosa. La cantidad de hojas que podían llegar a consumir era tal que resulta fácil imaginar el enorme impacto que las orugas pueden tener en la agricultura a nivel mundial… y, por supuesto, también en nuestros bonsáis. Gusanos de seda (Bombyx mori) en fase de oruga y de mariposa.  También recuerdo cómo aquellos gusanos, que guardábamos en cajas de zapatos a las que hacíamos pequeños agujeros para que pudieran respirar, iban creciendo día tras día. Observábamos con curiosidad sus diminutas deyecciones, su apetito inagotable y, más adelante, el momento casi mágico en que comenzaban a tejer sus capullos de seda.  En apenas dos o tres semanas rompían aquella envoltura, ya convertidos en mariposas, y poco después cubrían las paredes de la caja de cartón con pequeños huevos de distintos tonos, asegurando así el inicio de un nuevo ciclo. La ruta de la seda Permítanme detenerme un instante en este punto para referirme a la Ruta de la Seda. Se trató de una vasta red de rutas comerciales que, desde aproximadamente el siglo II a. C. hasta el siglo XV, conectó el este de Asia con el Mediterráneo. Partía principalmente de regiones de China, atravesaba Asia Central —por ciudades como Samarkanda— y llegaba hasta el mundo mediterráneo, especialmente al Imperio romano. Más que una sola vía, fue un entramado de caminos terrestres y marítimos por los que circularon mercancías como la seda, especias, metales y porcelanas, así como ideas, religiones y conocimientos. No he podido evitar añadir aquí un pequeño apunte, porque este tema me trae un recuerdo muy claro de mis años en la universidad. Mientras estudiaba Historia del Imperio Bizantino, me fascinó lo que podría considerarse uno de los primeros casos de contrabando y espionaje “estatal”. A mediados del siglo VI —hacia el año 552 d. C.— dos monjes nestorianos, actuando bajo las órdenes del emperador Justiniano I, lograron introducir los gusanos de seda en el Imperio Bizantino. Según cuenta la tradición, viajaron hasta China, donde consiguieron huevos de gusano de seda y los sacaron del país escondidos dentro de bastones de bambú huecos. Con aquel ingenioso gesto comenzó a romperse el monopolio que China había mantenido durante siglos sobre la producción de seda, cambiando para siempre la historia de uno de los productos más valiosos del mundo antiguo. Su importancia histórica se prolongó incluso después de su declive: en el siglo XVI, el comercio transpacífico articulado por el Galeón de Manila dentro del Imperio español puede considerarse una prolongación oceánica de esas antiguas conexiones. Gracias a esta red que unía Manila con Acapulco, Asia, América y Europa quedaron integradas en un sistema comercial continuo, contribuyendo decisivamente a la primera globalización de la historia. Al mismo tiempo, la llegada de seda en bruto —procedente de los capullos del gusano de seda— permitió el desarrollo de una importante industria sedera en España, especialmente en ciudades como Valencia, Toledo, Granada, La Vera, o el valle del Tiétar. Durante siglos, esta actividad alcanzó tal relevancia económica que llegó a rivalizar con el poder de la Mesta y la gran industria lanera castellana. Las orugas, una amenaza para nuestros bonsáis Hoy quiero hablarles, aunque sea brevemente, no en concreto de los gusanos de seda —y pido disculpas por desviarme un momento del tema— sino de las orugas de mariposa en general. Estos pequeños insectos, que a primera vista pueden parecer inofensivos, pero que pueden convertirse en una seria amenaza para nuestros árboles cultivados en maceta. Si no se detectan a tiempo, son capaces de devorar gran parte del follaje en muy poco tiempo, debilitando seriamente al árbol. ¿Gusanos u orugas? Aunque en el lenguaje cotidiano solemos utilizar las palabras “gusano” y “oruga” como si fueran sinónimos, desde el punto de vista biológico no significan lo mismo. El término gusano es una denominación amplia y poco precisa que se emplea para describir animales de cuerpo blando, alargado y, por lo general, sin patas visibles. Bajo esa palabra pueden incluirse organismos muy distintos entre sí, como las lombrices de tierra, ciertas larvas de mosca o incluso parásitos internos. La oruga, en cambio, es un concepto específico: designa exclusivamente la fase larvaria de las mariposas y polillas, insectos pertenecientes al orden Lepidoptera. La oruga posee una cabeza bien diferenciada con potentes mandíbulas masticadoras, tres pares de patas verdaderas en el tórax y varias falsas patas abdominales que le permiten sujetarse con firmeza a hojas y ramas. Además, muchas especies producen seda y atraviesan un proceso de metamorfosis completa hasta transformarse en crisálida y, finalmente, en mariposa adulta. En consecuencia, todas las orugas pueden considerarse gusanos en el lenguaje coloquial, pero no todos los gusanos son orugas. En el ámbito técnico —especialmente cuando hablamos de plagas en bonsái o agricultura— lo correcto es emplear el término oruga cuando nos referimos a la larva de una mariposa o polilla. Entre los llamados gusanos se incluyen distintos grupos zoológicos, como los nematodos, de los que hablaremos en próximos artículos; los platelmintos; y los anélidos, entre los que se encuentra la lombriz de tierra (familia Lumbricidae), que mostramos en la fotografía. En la otra imagen, y como ejemplo de una oruga bien conocida por todos, presentamos la procesionaria del pino (Thaumetopoea

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mosca blanca portada Laos Garden

Llegó la hora de la mosca blanca (segunda parte)

Llegó la hora de la mosca blanca (Segunda parte) En la primera entrega de esta serie de artículos dedicados a la mosca blanca, abordamos los distintos géneros de este insecto, así como su morfología y ciclo reproductivo. En esta ocasión, nos enfocamos en un aspecto más práctico: cómo identificar los daños que provoca en nuestros bonsáis y qué métodos tenemos a disposición para controlar esta plaga, incluyendo los tratamientos y productos más comúnmente utilizados para combatirla. Síntomas y como luchar contra la plaga Los indicios de una infestación de mosca blanca en bonsáis pueden confundirse fácilmente con los síntomas provocados por los pulgones o las cochinillas, ya que ambos insectos comparten hábitos alimenticios similares y, por tanto, causan daños comparables en las plantas. Infestación de mosca blanca Infestación de cochinilla La detección temprana suele requerir una inspección minuciosa del envés de las hojas jóvenes, donde las hembras depositan sus huevos. En infestaciones avanzadas, resulta sencillo observar en estas mismas zonas los puparios —estructuras residuales del desarrollo larvario— de los que emergen los adultos. Como indicamos en el artículo anterior, los ejemplares adultos, de color blanco brillante, pueden llegar a formar colonias tan numerosas que cubren parcialmente las hojas, comprometiendo la salud del árbol. Como consecuencia de la secreción azucarada conocida como melaza, es frecuente la aparición de negrilla —un hongo de color oscuro—, así como la presencia de hormigas atraídas por esta sustancia, que suelen deambular por los brotes tiernos en busca de alimento. Métodos de control El manejo de una plaga de mosca blanca comparte muchas similitudes con el control de otras plagas comunes como los pulgones o las cochinillas. No obstante, es importante tener en cuenta que la mosca blanca muestra una mayor tolerancia al calor, lo que la convierte en una presencia más habitual durante los meses de verano, cuando otras plagas tienden a disminuir. Un primer paso fundamental consiste en revisar cuidadosamente todos los bonsáis de la colección, así como las plantas ornamentales cercanas. Este control inicial puede ser clave para detectar el foco del problema y evitar que la infestación se propague. Tratamientos ecológicos Entre las medidas de control más habituales se encuentra la eliminación mecánica. Aunque podría pensarse que el uso de una manguera con agua a presión ayudaría a eliminar adultos y larvas, este método resulta poco efectivo. Las moscas blancas tienen la capacidad de alzar el vuelo rápidamente ante cualquier perturbación, y sus huevos, firmemente adheridos al envés de las hojas, no se desprenden con facilidad. La aplicación de productos específicos durante el invierno, como el líquido de jin y ovicidas, se convierte en nuestra primera línea de defensa. Estas sustancias actúan impidiendo que los huevos de la cochinilla eclosionen cuando la primavera despierte.  Pero la guerra contra las plagas no se gana solo con acciones preventivas. Es crucial mantener una vigilancia constante y actuar ante las primeras señales de infestación. Al inicio de la primavera, cuando la vida comienza a resurgir y las plantas muestran sus primeros brotes, debemos estar alerta. Si permitimos que las plagas se afiancen, su número crecerá exponencialmente, y lo que podría haberse resuelto con una escaramuza se convertirá en una batalla campal. JABÓN POTÁSICO. Son soluciones potásicas que en distintas concentraciones atacan a los insectos sin dañar la planta ni el medio ambiente. Hay muchos en el mercado. EXTRACTOS DE AJO U ORTIGA. Pueden comprarse, hay muchos en el mercado, o prepararse de manera casera, macerando estos vegetales en agua. Son eficaces para controlar las plagas EXTRACTO DE NEEM. También hay varias marcas que lo comercializan, se trata de un producto procedente de la Azadirachta, un árbol que tiene un compuesto natural que ataca a los procesos metabólicos de los insectos interfiriendo en sus hormonas e impidiendo que completen su ciclo de desarrollo correctamente. Tratamientos químicos Los productos que presentamos a continuación son un ejemplo de los muchos que pueden encontrarse en el mercado. La mayor parte de los químicos son difícilmente adquiribles para el consumo doméstico, ya que son muy contaminantes y por lo general requieren de la presentación del carnet de manipulador y aplicador de productos fitosanitarios para su adquisición. Posteriormente, listaremos también productos de uso doméstico. Confidor, BAYER Insecticida sistémico (entra en el sistema radicular de la planta). Su principio activo es el IMIDACLOPRID, actúa además por contacto e ingestión. Dosis:  1 ml x Litro. 1 aplicación cada 15 o 20 días. Repetir hasta solucionar el problema, normalmente un par de aplicaciones es suficiente. Tiene una elevada persistencia y está indicado para plagas muy extendidas o incipientes. Dursban, BAYER Insecticida de contacto, no es absorbido por la planta. El principio activo es CLORPIRIFOS Dosis: 2 ml x Litro. 1 aplicación cada 15 o 20 días. Repetir hasta solucionar el problema, normalmente un par de aplicaciones es suficiente. Se indica en tratamientos de choque y tiene una gran persistencia. Nurelle, DOW AGROSCIENCES Se trata de una piretrina sintética. Las piretrinas son compuestos con propiedades insecticidas que son producidos por las propias plantas. El principio activo es CIPERMETRINA. No es sistémico, pero actúa por contacto e ingestión. Dosis: 0,5 ml x Litro. Una vez por semana, repitiendo la aplicación por 3 o 4 semanas, ya que las piretrinas se degradan rápidamente. Tratamientos domésticos En Laos Garden, no obstante, disponemos de insecticidas-acaricidas formulados específicamente para su uso no profesional, que han demostrado ser eficaces en la lucha contra la araña roja. Entre ellos destaca KAY 24, un producto derivado de ácidos aminados con alta actividad acaricida e insecticida. Actúa tanto por contacto como por ingestión, y su eficacia se basa en el bloqueo del sistema nervioso central y periférico de las plagas, lo que lo convierte en una opción práctica y efectiva para el aficionado que busca resultados sin comprometer la seguridad. Otros fitosanitarios disponibles en Laos Garden Créditos: Biobee. La Mosca blanca de los invernaderos.  Plagas y enfermedades de los bonsáis. Juli Pascual Lluís. Fotos insectos licencia Adobe Stock Laos Garden. Invesa. Mosca blanca.  Archivo Laos Garden.

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Llegó la hora de la mosca blanca (Primera parte)

Llegó la hora de la mosca blanca (Primera parte) Cuando hablamos de la mosca blanca, en realidad nos referimos a un amplio conjunto de insectos cuya acción sobre las plantas provoca síntomas similares a los que producen los pulgones o las cochinillas, de los que ya hemos tratado en otras ocasiones. A pesar de su nombre común, estas criaturas no pertenecen al orden de los dípteros, como las moscas verdaderas, sino que se engloban dentro de los hemípteros, parientes cercanos de los pulgones y cochinillas, con quienes comparten tanto su biología como su comportamiento parasitario. Su apariencia puede recordar a la de pequeños mosquitos de la fruta, aquellos que suelen revolotear alrededor de frutas en descomposición, lo que explica la confusión que da origen a su denominación. Sin embargo, desde un punto de vista entomológico, no tienen relación alguna con los insectos conocidos como moscas. Es habitual encontrar infestaciones de mosca blanca en especies tropicales, especialmente aquellas que requieren temperaturas constantes a lo largo del año. En el mundo del bonsái, especies como el Serissa foetida o el Ligustrum pueden convertirse en huéspedes recurrentes de este insecto, particularmente cuando se dan situaciones de exceso de riego o crecimientos muy vigorosos, condiciones que favorecen notablemente su aparición y desarrollo. Estupendo ejemplar de ligustrum de la variedad japonesa ibota, de hoja muy pequeña, con excelente tronco, nebari, y estructura. (izquierda o arriba). Interesante ejemplar de serissa, especie apreciada por sus diminutas flores blancas. (derecha o abajo). Ambos pertenecientes a la Colección Laos Garden. Géneros más presentes en nuestros bonsáis Actualmente, se conocen más de mil especies de mosca blanca distribuidas por todo el mundo. Se trata de insectos altamente adaptables, que encuentran su ambiente ideal en climas cálidos, especialmente en zonas donde la temperatura se mantiene en torno a los 30 °C. Bajo estas condiciones favorables, su ciclo biológico puede completarse en apenas tres semanas, lo que facilita su rápida proliferación. Detalle de ejemplar adulto de mosca blanca del ficus. Mosca blanca de los olivos. Aleurolobus olivinus. Mosca blanca del ficus. Aleurodicus sp. Mosca blanca de los cítricos. Dialeurodes citri.  Mosca blanca de los invernaderos. Trialeurodes vaporariorum. Mosca blanca de las higueras. Aleyrodes elevatus. Mosca blanca algodonosa. Aleurothrixus floccosus. Extraordinario ejemplar de ficus, tamaño kifu. Gran vejez, increíble nebari y ramificación avanzada. Colección Laos Garden.  Morfología y ciclo reproductivo Las moscas blancas son insectos que pueden alimentarse de una amplia variedad de especies vegetales. Los adultos, en particular, se sienten atraídos por los tonos verdes y amarillos característicos de las hojas jóvenes, así como por su alto contenido de nitrógeno y azúcares. La savia elaborada que secretan estas hojas, junto con los desechos excretados por las propias moscas, crea un entorno ideal para el desarrollo de hongos como las negrillas, los cuales agravan aún más el daño causado por la plaga. Aunque la melaza y los hongos asociados pueden eliminarse fácilmente una vez que se controla la población de mosca blanca, estas sustancias continúan atrayendo a un tercer grupo de organismos: las hormigas. Estos insectos, fácilmente observables al ascender por las ramas del árbol, encuentran en la melaza una valiosa fuente de alimento. No obstante, la presencia de hormigas no suele representar un riesgo significativo para las hojas, ya que los daños que provocan son escasos o inexistentes. La mosca blanca adulta es un insecto diminuto que no suele superar los 2 milímetros de longitud. Su cuerpo se divide en tres regiones bien definidas: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza se distinguen dos ojos compuestos, generalmente de tonalidades oscuras, que resultan útiles para diferenciar entre especies, ya que su coloración y forma son relevantes en estudios taxonómicos. También en la cabeza se insertan las antenas, largas y delgadas, compuestas por siete segmentos articulados que le proporcionan gran sensibilidad. El tórax alberga tres pares de patas, mientras que del mismo emergen dos pares de alas de color blanco intenso, recubiertas casi siempre por una sustancia cerosa producida por glándulas situadas en el abdomen. Estas alas se pliegan sobre el cuerpo en reposo formando una disposición en tejadillo, un rasgo distintivo de este grupo de insectos. El aparato bucal es del tipo picador-suctor, conformado por un estilete articulado que le permite penetrar en los tejidos foliares para extraer la savia elaborada de la planta. Su ciclo de desarrollo incluye varias fases, comenzando por estadios larvales móviles, seguidos de etapas inmóviles previas a la adultez. A lo largo de este proceso, la mosca blanca experimenta transformaciones que, por su naturaleza morfológica, evocan ciertas semejanzas tanto con las cochinillas como con los pulgones, dos grupos cercanos filogenéticamente. Espero que este artículo haya sido de vuestro interés. En él, hemos presentado a la plaga protagonista de hoy y analizado en detalle su morfología y ciclo reproductivo.En el próximo artículo —segunda entrega de esta serie dedicada a la mosca blanca— abordaremos los síntomas que permiten su detección, así como los principales métodos de prevención y erradicación, con especial atención a los productos fitosanitarios disponibles para su control. Créditos: Biobee. La Mosca blanca de los invernaderos.  Plagas y enfermedades de los bonsáis. Juli Pascual Lluís. Fotos insectos licencia Adobe Stock Laos Garden. Invesa. Mosca blanca.  Archivo Laos Garden.

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cochinilla Laosgarden

Llegó la hora de la cochinilla

Llegó la hora de la cochinilla. Las cochinillas, esas diminutas «chupa-savias» que infestan nuestros bonsáis, son una de las plagas más frecuentes en este arte milenario. Se esconden con maestría entre las agujas de los pinos o se camuflan como rugosidades en la corteza del árbol, pasando desapercibidas ante ojos inexpertos. Algunas presentan formas curiosas, semejantes a la concha de un mejillón en miniatura, y al observarlas, uno duda si están vivas o muertas. Pertenecientes al extenso orden de los hemípteros, junto con pulgones y ciertas moscas blancas, la familia de las cochinillas (Coccoidea) abarca una multitud de especies. Por su modo de alimentación y reproducción, causan estragos en cultivos agrícolas y forestales, afectando también, potencialmente, a nuestros preciados bonsáis. Cochinilla de especie Icerya. Saissetia oleae o cochinilla del olivo. Estos pequeños invasores que se despliegan por el mundo entero, son una plaga silenciosa y persistente. Sus hembras, protegidas por escudetes y caparazones, dejan rastros visibles durante todo el año, especialmente en rincones resguardados de la lluvia y el viento. En el arte del bonsái, estas criaturas encuentran un paraíso particular, sobre todo en aquellos árboles cuya densa copa impide la adecuada circulación del aire. Es en esos refugios sombríos donde las cochinillas prosperan, convirtiendo el interior de la copa en un hábitat ideal para diversas especies. Estas plagas, aunque diminutas, representan una amenaza constante para la salud y estética de los bonsáis, requiriendo vigilancia y cuidado por parte de los cultivadores. Leucaspis sobre agujas de pino. En coníferas de escama como algunos tipos de juniperos se pueden confundir con un efecto fisiológico de estas plantas. Especies más frecuentes que amenazan nuestros bonsáis. Las cochinillas se presentan como minúsculos actores, generalmente de menos de 3 milímetros. Estas criaturas exhiben un marcado dimorfismo sexual que dificulta asociar al macho con la hembra de una misma especie. Las hembras, responsables de los daños en las plantas, poseen un caparazón aplanado resultado de la fusión de cabeza, tórax y abdomen. Se alimentan succionando la savia mediante estiletes largos que esconden en una bolsa llamada crumena. Algunas especies, conocidas como cochinillas algodonosas, segregan filamentos y ceras a través de glándulas. Los machos, alargados y con un par de alas y antenas, carecen de aparato bucal funcional y su función es exclusivamente reproductora. En una población de cochinillas, los machos son escasos y difíciles de encontrar. A continuación listamos las especies más frecuentes: Chrysomphalus sp. (piojo rojo). Icerya purchasi (cochinilla acanalada). Lepidosaphes juniperi (cochinilla del enebro). Leucapsis pini (cochinilla del pino). Planococcus citri (cochinilla algodonosa). Saissetia oleae (cochinilla negra del olivo). Cochinilla algodonosa, Planococcus ssp. ¿Qué síntomas podemos apreciar en un bonsái con cochinilla? Las cochinillas dejan tras de sí señales inconfundibles para el ojo atento. Sus caparazones y escudetes, aunque vacíos, delatan su presencia pasada, adheridos tenazmente a hojas y ramas, recordándonos que allí establecieron su morada. A diferencia de los pulgones, que muestran preferencia por las hojas jóvenes y tiernas, las cochinillas no discriminan: colonizan tanto hojas nuevas como viejas, e incluso se aventuran sobre coníferas de aguja o escama. Su actividad provoca la aparición de pequeñas manchas amarillas en las zonas donde se han asentado, ya sea en el haz o en el envés de las hojas. En el caso de las cochinillas algodonosas, las masas de individuos y los filamentos blanquecinos que producen son perfectamente visibles.  Las consecuencias para los bonsáis son el debilitamiento general.   ¿Qué podemos hacer? Como prevenir y combatir a las cochinillas. Tras la infestación de cochinilla llegan los efectos secundarios en forma de fumaginas y negrillas. Sobre todo en los lugares sombríos donde las hojas están más tupidas y hay menos circulación de aire. No es solo el daño inmediato lo que nos debe preocupar, sino las consecuencias insidiosas que se esconden tras cada picadura. Esas diminutas perforaciones, abiertas por los estiletes de los insectos, se convierten en puertas por las que la savia se escapa, dejando tras de sí rastros dulzones, melazas que, como miel envenenada, atraen a una legión de oportunistas: bacterias y hongos que encuentran en ellas el caldo perfecto para su proliferación. Su presencia se delata por el característico polvillo negro que cubre la superficie de las hojas, una capa de micelio y esporas que impide que la luz alcance el haz foliar. Este oscurecimiento no solo afecta la fotosíntesis, sino que también desfigura la estética de nuestras plantas Negrillas, fumaginas, negreo u hollín son algunos de estos hongos que pertenecen a géneros como Alternaria, Capnodium, Cladosporium. Las hojas, antes verdes y lozanas, se deforman y desarrollan agallas, señales inequívocas del daño infligido por ciertas especies de cochinillas. Estos insectos, al succionar la savia, debilitan la planta y la hacen más susceptible a otras enfermedades. Además, la melaza que secretan atrae a las hormigas, que ascienden por las ramas en busca de este dulce néctar, estableciendo una relación simbiótica que agrava aún más la situación, aunque este caso es más frecuente cuando la plaga es de pulgones.  Cada familia de cochinillas despliega estrategias de supervivencia dignas de la ciencia ficción. Las hembras de los diaspídidos, por ejemplo, erigen un escudo propio bajo el cual resguardan su puesta, una fortaleza que cuesta traspasar con los insecticidas más empleados. Por otro lado, las cóccidos utilizan su propio caparazón como baluarte, convirtiéndose en centinelas de su progenie. Y no olvidemos a las cochinillas algodonosas, de la familia Pseudocóccidos, que envuelven a su descendencia en una maraña de filamentos y ceras, creando un refugio tan etéreo como efectivo. La batalla contra los diaspídidos presenta sus propias complejidades. A menudo, nos encontramos ante la disyuntiva de si la cochinilla está viva o ha sucumbido. Si al intentar desprender el caparazón este cede con facilidad, exhibe una textura reseca y se fragmenta sin resistencia, podemos concluir que la cochinilla ha encontrado su fin. Sin embargo, su legado persiste, y la vigilancia constante se erige como nuestra mejor aliada en esta contienda silenciosa. En caso contrario, si el caparazón se desprende pero presenta un aspecto húmedo, la cochinilla está viva

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Llegó la hora del pulgón

Ha llegado la hora del pulgón. Es una luminosa mañana de primavera. Te acercas con ilusión a revisar tus bonsáis y, de pronto, lo inesperado: los nuevos brotes están cubiertos de pequeñas formas verdes, negras o amarillas que devoran sin piedad las hojas más tiernas. Lo que ves no son simples «bolitas», sino pulgones: una de las plagas más comunes en el cultivo del bonsái. Muy pocas especies escapan a sus ataques, con excepción de algunas coníferas, especialmente las de hoja acicular como los enebros. La mayoría de las variedades utilizadas en bonsái —como manzanos, cítricos, arces y otros árboles de brotación suave— son vulnerables a estas diminutas criaturas, especialmente durante la primavera y el verano. Incluso en otoño, si los brotes siguen siendo tiernos, el riesgo persiste. A pesar de su pequeño tamaño, los pulgones son fáciles de identificar y se propagan con rapidez. Se agrupan en grandes colonias sobre las zonas más jóvenes y tiernas del árbol, pero por suerte, su control no suele presentar grandes complicaciones si se actúa con rapidez. ¿Qué efecto causan los pulgones en nuestros bonsáis?  Los pulgones se alimentan extrayendo la savia de los brotes jóvenes, lo que debilita significativamente al árbol. Las zonas afectadas pueden mostrar clorosis (amarilleamiento), pérdida de vigor e incluso deformaciones visibles. Una de las razones por las que esta plaga crece tan rápidamente es su modo de reproducción. Los pulgones se reproducen por partenogénesis: las hembras dan a luz directamente a nuevos individuos, sin necesidad de apareamiento previo. Esta forma de reproducción vivípara —sin intervención de huevos ni machos— permite que una sola hembra genere múltiples copias de sí misma en muy poco tiempo, lo que acelera la expansión de la plaga.  Lesiones provocadas por una plaga de pulgón. La reproducción partenogenética junto a la simbiosis de los pulgones con las hormigas convierten estos insectos en una plaga muy eficaz. Las hormigas se alimentan de la melaza segregada por los pulgones. Se podría decir que los pulgones son el “ganado” de las hormigas. Es usual cuando fumigas un árbol con estos insectos ver como las hormigas se llevan a los pulgones vivos a “pastar” a otro árbol con menos química. Características anatómicas y ciclo reproductivo. El tamaño de los pulgones está entre 1 y 3 mm; pueden ser de color verde, blanquecinos, amarillentos, marrones o negros. Esto se debe a que hay distintos géneros de pulgón, entre los que destacan los más conocidos o frecuentes: Aphis sp. (Pulgones verdes y negros) Cinara sp. (Llamado el pulgón de las coníferas) Eriosoma sp. (Pulgón lanígero) Myzus sp. (Pulgones verdes) Psylla oleae (Pulgón del olivo, color blanco)  Tipos de pulgones. Pueden tener el cuerpo alargado, aunque por lo general son globosos o redondeados. Su cuerpo, como el resto de los insectos, tiene tres partes bien diferenciadas: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza se encuentran los ojos y las antenas que sirven de órgano olfativo. Del tórax nacen tres pares de patas, son apéndices de los tres segmentos torácicos, el protórax, mesotórax y metatórax. Tórax y abdomen pueden estar recubiertos por una especie de pequeños “pelos” denominados quetas y en los pulgones lanígeros, existen unas glándulas que fabrican ceras pulverulentas y filamentosas que pueden cubrir parte o la totalidad del cuerpo.  Pulgón lanígero infectando una Pyracantha shrub branch. En la boca poseen un estilete con el que succionan la savia elaborada y al final del abdomen los pulgones tienen dos sifones, por donde expulsan sustancias de deshecho de la hemolinfa (el equivalente a nuestra sangre). La eficaz reproducción del pulgón es su arma secreta y claramente el motivo de que tengamos esta plaga cada primavera. Al final del invierno comienzan a eclosionar los huevos puestos el verano pasado y que se mantenían en estado de vida latente.  Puesta de huevos. Generalmente, durante toda la primavera y parte del verano se reproducen de manera vivípara (cuando las temperaturas superan los 30º y estas son continuadas dejan de reproducirse), después nos darán un respiro.  Reproducción partenogenética. Al final del otoño se produce una generación de machos, se aparean con las hembras y se produce una puesta de huevos que pasarán el nuevo invierno en estado de latencia para eclosionar nuevamente la próxima primavera. Hay que tener especial cuidado con las especies de pulgones que se instalan en las raíces o partes bajas de los tallos de los árboles, ya que son más difíciles de detectar .  Pulgones en las raíces. Los pulgones son capaces de producir agallas, estas agallas son son estructuras de tipo tumoral inducidas por la acción de los pulgones. Se trata de la respuesta del vegetal a la presencia del parásito con un crecimiento anómalo de tejido que intenta aislar el ataque. Este tejido de nueva formación adquiere formas muy variadas. Son muy características las agallas producidas por pulgón en olmos.  Agallas producidas por pulgón en hojas de olmo. Control de las plagas y tratamientos.  La aplicación de productos en invierno, como líquido de jin y ovicidas, pueden ayudar a que los huevos de pulgones no lleguen a eclosionar en primavera. Es importante actuar a las primeras evidencias de plantas infectadas, antes de que se extienda la plaga. Especialmente es importante revisar las plantas al principio de la primavera, ya que, como he comentado anteriormente, bien entrado el verano, con las altas temperaturas, cuando estás ya se dan de manera constante, o el endurecimiento de las hojas, las plagas de pulgón suelen ir desapareciendo o perdiendo su virulencia. Igualmente, cuando encontramos un bonsái infectado, es frecuente que tengamos más pulgón en las plantas cercanas. Tratamientos: La eliminación mecánica, con agua a presión, o con la aplicación de agua y alcohol al 50%, con un bastoncillo de algodón, podría ser suficiente si la plaga no está muy extendida. Tratamientos químicos: Los productos que presentamos a continuación son un ejemplo de los muchos que pueden encontrarse en el mercado. La mayor parte de los químicos son difícilmente adquiribles para el consumo doméstico, ya que son muy contaminantes y por lo general requieren de la presentación del carnet de

Llegó la hora del pulgón Leer más »