Pasión por la cerámica XLIX. Cerámica Kutani: el estilo de brocado dorado (Kinrande) y su evolución (tercera parte)
Cerámica Kutani: el estilo de brocado dorado (Kinrande) y su evolución Introducción En esta serie dedicada a la cerámica Kutani se ha abordado, a lo largo de los dos primeros artículos, su localización geográfica e histórica, así como sus principales corrientes decorativas y su evolución a lo largo de los siglos. Como hemos visto, se trata de una de las expresiones más ricas y complejas de la porcelana japonesa. A pesar de su presencia ocasional en el coleccionismo y en el mundo del bonsái, el término “Kutani” suele emplearse de forma genérica sin comprender en profundidad todo lo que engloba esta tradición. Esta dificultad se debe, en gran medida, a la enorme variedad de lenguajes decorativos que conviven en su interior, desarrollados durante varios siglos y difíciles de condensar en una síntesis breve. En este contexto, la serie resulta especialmente necesaria, ya que permite ordenar y comprender una tradición extensa y compleja, cuya evolución no puede resumirse sin perder matices esenciales. Elegante juego de té de porcelana japonesa Kutani, decorado sobre un delicado fondo blanco con grullas (tsuru), uno de los motivos más emblemáticos de la tradición japonesa. La grulla simboliza la longevidad, la felicidad, la paz y la buena fortuna, convirtiendo esta pieza en un objeto de gran valor simbólico y estético. Se presenta en un kiribako, la tradicional caja de madera de paulonia utilizada en Japón para proteger y conservar las obras de mayor calidad. Colección Laos Garden. En esta tercera entrega nos adentramos finalmente en uno de los conceptos más interesantes —y al mismo tiempo más desconocidos— de este universo: el brocado dorado de Kutani, conocido como Kinrande. El objetivo de este artículo es comprender qué representa realmente el Kinrande dentro del mundo Kutani, cómo se desarrolla históricamente y qué papel desempeña en la evolución de la porcelana japonesa del siglo XIX. El brocado dorado en Kutani (Kinrande) El Kinrande no debe entenderse únicamente como una técnica decorativa, sino como un lenguaje visual completo que define una parte esencial de la cerámica Kutani del siglo XIX. Su identidad se construye a partir de una combinación muy intensa de color, oro y composición narrativa, que transforma cada pieza en una superficie completamente intervenida. Aunque en ocasiones se ha utilizado el término Kutani de forma genérica para referirse a cualquier cerámica con abundante decoración dorada, el Kinrande se consolida realmente en un contexto muy concreto, ligado a la expansión internacional de Japón durante la segunda mitad del siglo XIX. Es en ese momento cuando la cerámica Kutani se adapta al gusto occidental, que valoraba especialmente las superficies ricas, recargadas y de gran impacto visual. En este tipo de piezas, el color adquiere una importancia fundamental. Los rojos profundos dominan la composición, acompañados por verdes intensos, azules saturados, amarillos cálidos y púrpuras que aportan matices secundarios. Sobre esta base cromática, el oro no actúa como un simple complemento, sino como un elemento estructural que delimita, ordena y refuerza la lectura visual de la pieza. Gracias a él, las composiciones adquieren una densidad ornamental que es una de las señas de identidad del Kutani de exportación. Excepcional pareja de botellas para sake, presentada en su correspondiente kiribako (caja original de madera). Firmadas por Kutani Shōzō, estas piezas constituyen un magnífico ejemplo del estilo kinrande (金襴手) o «brocado dorado». Esta destacada pareja forma parte de la colección Laos Garden. Las escenas representadas suelen tener un carácter narrativo muy marcado. Figuras humanas, paisajes idealizados y motivos simbólicos conviven en superficies completamente cubiertas, donde apenas queda espacio vacío. Esta estética responde directamente a los gustos del periodo Meiji, cuando la cerámica japonesa comienza a producirse también pensando en los mercados europeos y americanos. El desarrollo de este lenguaje decorativo puede situarse aproximadamente entre 1860 y 1900, coincidiendo con la transformación de Japón tras la apertura del país y el inicio de la era Meiji en 1868. Es en este contexto de cambio profundo cuando el Kutani evoluciona hacia una producción más orientada a la exportación, consolidando el Kinrande como una de sus expresiones más reconocibles. Kutani en el siglo XIX: un arte en transformación Para comprender el auge del Kinrande es necesario situarse en el contexto histórico del Japón del siglo XIX. Tras el final del aislamiento del periodo Edo y la apertura progresiva del país en la década de 1850, Japón entra en una fase de transformación profunda. Con el inicio de la era Meiji en 1868, el país adopta un modelo de modernización acelerada que afecta también a las artes tradicionales. Este periodo ya fue analizado con mayor detalle en el artículo dedicado a las macetas Nakawatari. En este nuevo escenario, los talleres cerámicos de la región de Kutani se reorganizan para responder a una demanda internacional creciente. Europa y América muestran un gran interés por los objetos decorativos japoneses, lo que impulsa la producción de piezas cada vez más elaboradas y visualmente impactantes. La cerámica deja de ser únicamente un producto local para convertirse en un bien de exportación con un fuerte componente estético. Es en este proceso donde el uso del color y del oro se intensifica, dando lugar a la consolidación del estilo Kinrande como una respuesta directa a los gustos del mercado global Precioso tazón antiguo de cerámica con caja de madera a medida. Kutani Shozo. Colección Laos Garden. Kutani Shōzō y el estilo Shōza En este contexto de transformación aparece la figura de Kutani Shōzō, nacido aproximadamente en 1816 en la región de Kaga, en la actual prefectura de Ishikawa. Su actividad se desarrolla principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX, en pleno auge del periodo Meiji, cuando la cerámica Kutani vive una de sus etapas de mayor proyección internacional. Antigua maceta para bonsái, creada y pintada a mano por Kutani Shōzō (1816–1883), La pieza está realizada en estilo brocado dorado. Colección Laos Garden. Shōzō no debe entenderse como un alfarero en el sentido tradicional, sino más bien como un decorador especializado en la aplicación pictórica sobre porcelana ya elaborada. Su trabajo consistía en intervenir las piezas con composiciones complejas,










