MACETAS DE BONSÁI TOKONAME

Las macetas Tokoname para bonsái son reconocidas mundialmente por su calidad, durabilidad y belleza artesanal. Originarias de Tokoname, Japón, estas macetas combinan tradición centenaria y técnicas de cerámica avanzadas, convirtiéndose en un elemento esencial para cultivadores y coleccionistas de bonsáis.

En la categoría Macetas Tokoname encontrarás artículos sobre historia, origen y evolución de estas macetas, así como análisis de tipos de pastas, esmaltes y estilos utilizados por los maestros ceramistas. También exploramos cómo elegir la maceta adecuada según la especie, el tamaño y la estética del bonsái.

Además, compartimos información sobre técnicas de fabricación artesanal, recomendaciones de cuidado y mantenimiento, y ejemplos de macetas Tokoname icónicas que inspiran a aficionados y profesionales por igual. Conocer estas macetas permite apreciar no solo su funcionalidad, sino también su valor artístico y cultural dentro del mundo del bonsái.

Esta categoría está diseñada para quienes desean aprender, coleccionar o mejorar sus bonsáis utilizando macetas Tokoname, combinando tradición japonesa y arte cerámico. 🏺🌳

Pasión por la cerámica V. Kataoka Toshio del horno Yamaaki

Descubriendo Yamaaki: el corazón ceramista de Tokoname Yamaaki 山秋 es, sin lugar a dudas, una de las casas ceramistas más antiguas y respetadas de Tokoname, cuna histórica de la alfarería japonesa para bonsái. Su horno, testigo de décadas de dedicación y maestría, ha sido dirigido a lo largo del tiempo por tres generaciones de artesanos que, con manos firmes y espíritu sereno, forjaron un legado de sobria belleza y perfección técnica. La historia comienza con Akiji Kataoka, figura preeminente en el periodo anterior a la consolidación de la firma, a quien se reconoce como la primera generación de Yamaaki. Le sucedió su hijo, Sadamitsu Kataoka, maestro artesano de notable talento, quien representó con honor la segunda generación. La tercera estuvo en manos de Toshio Kataoka, digno heredero de una tradición que ya era parte del alma de Tokoname. En su momento de mayor esplendor, Yamaaki llegó a emplear a más de veinte trabajadores, lo que da idea no sólo de su importancia local, sino del prestigio que sus piezas alcanzaron dentro y fuera del archipiélago japonés. En la actualidad, el legado de Yamaaki pervive bajo la dirección de Hiriaki Inoue, su representante actual, custodio de una herencia que resiste al tiempo con la dignidad propia de los oficios verdaderos. Detalle de la chimenea del antiguo horno de Yamaaki. Lámina en la entrada a los almacenes. El maestro Kataoka Toshio Toshio Kataoka, segundo hijo de Akiji —fundador del legendario horno Yamaaki— y hermano menor del maestro Sadamitsu, representa la tercera generación de una saga de artesanos que hicieron del barro un estilo de vida. Su nombre artístico, Shosenkaku (松泉), permanece en gran medida desconocido en Europa, donde sus piezas, citadas habitualmente con su nombre real, Kataoka Toshio, circulan entre coleccionistas y conocedores con la discreción que distingue a lo auténtico. Bajo su batuta, Yamaaki alcanzó su apogeo. La producción se diversificó y amplió sin perder la raíz artesanal que había sostenido la reputación del horno desde sus inicios. Toshio supo combinar tradición y modernidad, alternando cocciones en hornos de gas y eléctricos con una maestría que sólo concede la experiencia heredada y el rigor del oficio. Sus macetas, moldeadas a mano o empleando torno o moldes, se ganaron pronto el respeto de los alfareros dedicados al bonsái, ese arte que, como la buena cerámica, exige tiempo y precisión. A lo largo de los años, Yamaaki, bajo la mirada de Toshio, produjo todo tipo de piezas: grandes y pequeñas, esmaltadas o desnudas, de formas sobrias o atrevidas, con modelos que han envejecido con la elegancia que sólo el uso y el tiempo otorgan. Una parte esencial de su producción se centró en las grandes macetas sin esmaltar, piezas que, pese a su imponente volumen, sorprenden por su ligereza. Esto fue posible gracias a una rigurosa investigación sobre las pastas cerámicas utilizadas. Su textura y composición buscaban emular el grano característico de las antiguas macetas Udei chinas, y para ello no dudaron en importar shisa —una arcilla arenosa de tonos púrpuras— desde Gikou, en la provincia de Jiangsu. Así, lo que comenzó como una búsqueda técnica acabó por convertirse en un puente cultural entre Japón y China, una alianza silenciosa cocida a fuego lento en los hornos de Tokoname. Las pastas cerámicas empleadas por el horno Yamaaki reciben la denominación de Tokoname Udei, término que designa color y procedencia. Su uso constituye una expresión refinada del equilibrio entre técnica y legado cultural. Como veremos en la galería de este artista el abanico de pastas empleadas se centra en arcillas refractarias de alto contenido en hierro y tonos rojizos y marrones y en pastas más oscuras, grisáceas y negras.  En una próxima publicación abordaremos con mayor detenimiento los distintos tipos de pastas utilizados en la elaboración de macetas para bonsái, no únicamente en Tokoname —cuya relevancia histórica es indiscutible—, sino también en otras regiones de Japón. Asimismo, extenderemos la mirada hacia los centros cerámicos internacionales que, con respeto y pericia, han incorporado estas técnicas a sus propios contextos culturales y estéticos. Maceta cocida de la característica pasta Tokoname Udei, tan frecuente en las creaciones de este horno. Colección Laos Garden. Los hornos de Yamaaki cesaron su actividad hace ya algunos años. Según me confirmó el señor Yasuo Kataoka —respetado intermediario en el comercio de cerámica de Tokoname—, la fábrica cerró definitivamente en el año 2011. Su afirmación no dejó espacio para la duda, transmitida con esa serena certeza que sólo poseen quienes han sido testigos de la decadencia de la actividad en la zona. El señor Kataoka, siempre amable y generoso, tuvo la gentileza de compartir conmigo parte de su vasto conocimiento sobre numerosos artistas japoneses. Respondió a todas mis preguntas con paciencia y una sonrisa discreta, de esas que revelan más cortesía que condescendencia. Que sirvan, pues, estas líneas como modesto testimonio de gratitud y reconocimiento hacia él y su esposa, cuya hospitalidad y calidez dejaron en mí una huella imborrable. Yasuo Kataoka y su esposa. Laos Garden con Marcio Meruje, Yasuo Kataoka e Hidemi Kataoka, en una visita a Yoshimura Toen, más conocido en Europa como Shuuhou. A pesar de que los hornos ya no arden como antes, cada rincón del lugar parece guardar ecos del pasado: herramientas desgastadas por el uso, estanterías cubiertas de polvo fino, y piezas que aún conservan el aliento del fuego que les dio forma. Inoue no produce cerámica, pero cuida del lugar como quien custodia un legado, consciente de que lo que preserva no es sólo historia, sino identidad. En 2023 estuvimos en el antiguo horno y pudimos comprar algo del escaso material que les queda a la venta. Óscar y Víctor en las puertas del antiguo horno Yamaaki. En ambas fotografías, Óscar, eligiendo material para comprar.   Gran maceta de Akiji Kataoka con su «kiribako» de madera. Hoy en día, los vestigios que aún permanecen en los antiguos almacenes de Yamaaki están en manos de Hiriaki Inoue. Heredó el horno de su tío, y con él, la responsabilidad de conservar no sólo un espacio

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Pasión por la cerámica IV. Hattori Tomoyuki. Cultura japonesa: Maneki-neko.

Hattori Tomoyuki Hattori Tomoyuki, cuyo nombre da título a su propio horno, es uno de esos artistas hechos a sí mismos. Nacido en 1952 en Tajimi, en la prefectura de Gifu —territorio fronterizo de Aichi, donde se asienta Tokoname—, Hattori proviene de una tierra que respira arcilla y memoria: Tajimi, cuna de la cerámica de Mino, o Mino-Yaki, una tradición alfarera que se remonta a más de mil trescientos años. No se trata solo de historia: hoy, aproximadamente la mitad de la producción cerámica de Japón lleva el nombre de Mino, con sus esmaltes oribe y shino reluciendo como signos de identidad nacional. Hattori, sin embargo, no se conformó con la herencia local. Cruzó fronteras cuando emigró a la Alemania Occidental anterior a la reunificación, donde se formó en el Instituto de Cerámica Artística de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Koblenz. Europa, con su rigor y su pluralidad, dejó en Hattori una huella indeleble: una apertura de miras que lo convirtió en un ceramista atípico, más universal, más permeable al diálogo entre culturas. Fue en 1977 cuando comenzó a modelar sus primeras macetas para bonsái, pequeñas arquitecturas vivas donde la tierra y el arte dialogan en silencio. Su primer reconocimiento no tardaría en llegar: en 1980, su obra fue premiada en la exposición nacional “Enkoku Shobachi Meisakuten”. A partir de entonces, su trayectoria se ha jalonado de distinciones y homenajes. Ya instalado en Tokoname, la ciudad de los hornos eternos, Hattori vería su labor recompensada en múltiples ocasiones con el prestigioso Premio de Artes Cerámicas Nagamitsu. Porque Hattori Tomoyuki no solo moldea la tierra: moldea también una forma de ser, una manera de entender el tiempo y la belleza. Hattori fue, para nosotros, mucho más que un ceramista consumado: fue un espíritu entrañable, un artesano de la materia y de la amistad. Su maestría en el oficio, evidente en cada pieza nacida de sus manos, se veía acompañada por una simpatía natural, una amabilidad serena que convertía su taller en una cita ineludible, un pequeño santuario de hospitalidad y belleza. Hace poco, Hattori nos dejó, y en nuestro último viaje a Tokoname, en 2024, nos golpeó la tristeza de no poder rendirle nuestra visita acostumbrada, de no hallar encendida la morada que fue su taller y su hogar, donde el arte y la vida convivían en íntima armonía. En el jardín de Hattori en 2016.  Muy cerca de dónde vivía, llamaba la atención una escultura de una enorme cabeza de gato. Era casi un ritual pasar por el maneki-neko de camino a casa de Hattori. El maneki-neko, (招き猫), es quizás, uno de los amuleto de la suerte más conocidos en la cultura japonesa.  En el jardín de Hattori, en aquel año de 2016, se erguía, a escasa distancia de su residencia, la imponente escultura de una cabeza de gato, una figura singular que no podía sino atraer la atención de cuantos por allí transitaban. Había convertido en un hábito casi ceremonial el hecho de pasar ante el maneki-neko camino a casa de Hattori, como quien rinde un discreto homenaje.El maneki-neko —招き猫, para decirlo con la grafía que le es propia— constituye, sin duda, uno de los amuletos de la fortuna más reconocidos y venerados dentro de la vasta cultura japonesa. Pero aquel, plantado en el jardín de Hattori como un vigía de los días, no era mero objeto de superstición: era emblema, era símbolo, era la memoria pétrea de una esperanza antigua, erigida en medio del tráfago cotidiano. Tokonyan,la cabeza de gato gigante que da la bienvenida a los visitantes de la ciudad de Tokoname. Trás cruzar el puense se llegaba a casa del maestro. Con 3,8 metros de altura, la escultura sólo tiene la cabeza y la pata del gato, dando la impresión de que es una construcción mucho más grande. Historia del Maneki-Neko Este simpático gato, con su patita levantada, es conocido internacionalmente, curiosamente, mucha gente piensa que es chino, pero no, es cien por cien original de Japón.   La historia del maneki-neko se remonta al periodo Edo, (1603-1868) en Japón. La creencia popular  relaciona a los gatos la capacidad de ahuyentar a los malos espíritus, por lo que los comerciantes de aquella época, empezaron a colocar estatuas de gato en la entrada de sus tiendas y de sus negocios para atraer la buena suerte. Cuenta una leyenda del siglo XVII, en el período Edo, que había un templo muy pobre llamado Gotokuji. El anciano monje que lo habitaba compartía la escasa comida que tenía con Tama, una pequeña gata.El acaudalado señor  feudal de la zona, Ii Naokata, fue sorprendido por una gran tormenta mientras cazaba y se refugió bajo un árbol muy cerca del templo. Cansado, hambriento y abatido, vio una gata blanca, negra y marrón que le hacía señas levantando la pata para que se acercase al templo Gotokuji.Cuando Ii Naokata se acercó a la gata cayó un rayo sobre el árbol que le cobijaba. En el templo pudo descansar y comer algo. El señor feudal quedó tan agradecido que donó al templo campos de cultivo, financió las reparaciones y lo dotó con financiación haciendo del templo un lugar rico y prospero.Con el paso del tiempo, el maneki-neko se fue haciendo más popular, y hoy en día, es un símbolo cultural muy habitual en Japón y en muchas otras partes del mundo.  Existen muchas variedades del maneki-neko, y cada una tiene un significado diferente.  SIGNIFICADO DEL MANEKI-NEKO Este gato es muy querido por los japoneses, y cómo decimos, es muy común verlo en cualquier casa o establecimiento, ya que se cree que llama a la prosperidad, el existo, el dinero y la felicidad.  La escultura representa un gato doméstico, sentado, de la raza bobtail japonés, con una patita levantada en señal de llamada, y no saludando, como la mayoría de la gente piensa  Existen diferentes tipos de significado del maneki-neko, dependiendo de cómo esté representado: SOSTENIENDO UNA MONEDA: Atrae la riqueza y la prosperidad financiera. PATA IZQUIERDA LEVANTADA: Atrae a los clientes al negocio. PATA DERECHA LEVANTADA: Atrae el dinero. SOSTENIENDO UN

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portada sellos Laos Garden

Pasión por la cerámica III. Los sellos más frecuentes en las macetas de bonsái Tokoname. Guía de autores.

Pasión por la cerámica III. Los sellos más frecuentes en las macetas de bonsái Tokoname Tokoname: la firma del arte cerámico y el valor de la autenticidad ¿Cómo identificar una pieza genuina y evitar las imitaciones que amenazan esta tradición milenaria? En el mundo de la cerámica, como en tantos otros, la fama también trae consigo desafíos. En más de una ocasión me he topado con falsificaciones —algunas sorprendentemente bien logradas— que buscan aprovechar el prestigio de Tokoname, uno de los seis hornos tradicionales de japón «Rokkoyo» ,sin tener vínculo alguno con sus talleres ni su tradición. En Europa, estas falsificaciones, se ven a la venta con relativa facilidad.  Además, es común encontrar macetas que se anuncian como procedentes de Tokoname, cuando en realidad provienen de otras regiones cerámicas como Seto o Echizen. En los casos más extremos, incluso se trata de productos fabricados en otros países, especialmente en China, que se venden bajo el nombre de Tokoname, ya sea por error o por interés comercial. Maceta y sello de Akira Shouzan, Tokoname. Colección Laos Garden. Por todo esto, es fundamental prestar atención a los detalles. Aprender a reconocer los sellos auténticos y conocer las características de la cerámica de Tokoname no solo nos protege como compradores, sino que también honra a los verdaderos artesanos que mantienen viva esta tradición. Porque al final, cada pieza auténtica de Tokoname no es solo un objeto: es una obra con alma, con historia y con una firma que la respalda. La magia de una firma grabada en arcilla Las piezas de Tokoname no solo son bellas, también cuentan historias. Cada maceta, taza o figura está impregnada de la paciencia, el oficio y la visión artística de su creador. Pero hay un detalle que muchas veces pasa desapercibido y que, sin embargo, tiene un peso enorme: el sello del autor. Para saber más sobre las pastas empleadas en Tokoname. Este pequeño grabado no es un simple adorno. Es la firma del artesano, una marca que garantiza la autenticidad de la pieza y representa el compromiso del creador con su arte. Es su forma de decir: “yo hice esto, y lo hice con orgullo”. Tetera con su kiribako y sello del autor de Tokoname Setsudo Kodo. Archivo Laos Garden. Una guía para apreciar la autenticidad Con este artículo queremos ofrecer una herramienta útil y clara para quienes desean adentrarse en el fascinante mundo de la cerámica Tokoname, en particular en el reconocimiento de los sellos más frecuentes que aparecen en sus macetas. Estos sellos no son solo una marca: son el vínculo directo con el autor, la clave para conocer su origen y valorar su autenticidad. La base de esta guía es un célebre listado compilado por un apasionado coleccionista de la propia región de Tokoname. Gracias a su dedicación, esta recopilación se ha convertido con el tiempo en una referencia habitual entre coleccionistas de todo el mundo, y sigue siendo una fuente de consulta esencial para identificar la procedencia y el autor de cada pieza. Navega por la historia de cada firma Cada imagen que encontrarás a continuación te conducirá a la ficha correspondiente, donde podrás acceder a información detallada sobre cada autor: su estilo, su trayectoria y las pastas y esmaltes que utilizaron. Te invitamos a explorar esta galería como si se tratara de un pequeño museo virtual, dedicado a honrar el arte y la autenticidad de Tokoname. Simplemente haz clic en las imágenes para descubrir más. Puede que también te interese  PASIÓN POR LA CERÁMICA: HISTORIA DE LAS MACETAS DE BONSÁI:  ¿De dónde nos llegan las macetas de bonsái? Un poco de historia: Los orígenes de la cerámica de bonsái en China. Japón y las macetas de bonsái. Un vistazo histórico Título de maestro artesano. Las macetas chinas llegadas a Japón. Macetas Kowatari. Macetas Nakawatari. Macetas Shinwatari.  HORNOS TRADICIONALES DE JAPÓN: Los sellos más frecuentes en las macetas de bonsái Tokoname.  Una visita a los hornos tradicionales de Tokoname.  Los seis hornos tradicionales y su influencia en las macetas de bonsái. TAMAÑOS DE LAS MACETAS DE BONSÁI. PASTAS O ARCILLAS: Las pastas de las macetas de bonsái (1ª parte). INTRO Pastas en las macetas de bonsái (2ª parte). ROJIZAS Pastas en las macetas de bonsái (3ª parte).  GRISÁCEAS Maruhei, Watanabe (Pastas Touka-dei). ESMALTES O VIDRIADOS: Los esmaltes en las macetas de bonsái I Los esmaltes en las macetas de bonsái II Los esmaltes clásicos en el taller de Yamafusa Los esmaltes clásicos en el taller de Koyo Toen La evolución de los esmaltes de la casa Yoshimura Shuuhou CULTURA JAPONESA: Los leones de Fu en las macetas de bonsái Faisán japonés “Kiji” Kirin el «unicornio» japonés El tigre en las macetas de bonsái 2024: Año del dragón, bonsáis y curiosidades Hattori Tomoyuki. Pasión por la cerámica IV. Cultura japonesa: Maneki-neko. Bigei. Cultura japonesa: La apicultura.   OTROS AUTORES JAPONESES FUERA DE TOKONAME: Tani Ranzan PRODUCTO NACIONAL: Producto nacional: Tony y Nuria de Kamereonpots.  Referencias y créditos: Wikipedia Tokoname.jp Wikipedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Tokoname. Fotos Japón: Antonio Richardo.

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Pasión por la cerámica I. Shibakatsu

Pasión por la cerámica I. Permítanme ofrecerles, a través de esta serie de artículos que aquí da comienzo, una invitación a un viaje singular. Se trata de un recorrido atento y reflexivo por el mundo de la cerámica dedicada a la creación de macetas para bonsái; un arte sutil, a menudo silencioso, ejercido con la paciencia y el rigor de quienes entienden el oficio como una forma de vida, no como un simple medio. Muchos de los artesanos que hicieron las macetas que hoy podemos encontrar permanecen prácticamente desconocidos fuera de ciertos círculos especializados. En torno a sus nombres, cuando figuran, flotan la confusión, la desinformación o, peor aún, el olvido. Y, sin embargo, su labor encierra una belleza austera, una sabiduría ancestral que resiste —con dignidad y sin estridencias— el paso del tiempo y la indiferencia del mundo moderno. Entre otros propósitos, con estos textos, me gustaría rescatar del anonimato a esos artesanos. Rendirles homenaje a través de la palabra, del relato sereno y documentado, para que su legado —el de sus manos, sus hornos, sus formas— no desaparezca sin haber sido debidamente reconocido. Que su memoria, como la arcilla que trabajan, perdure. La palabra bonsái proviene de la unión de dos términos japoneses: bon, que significa “bandeja” o “recipiente”, y sai, que se traduce como “cultivar”. Esta etimología nos revela un principio esencial del arte del bonsái: la maceta no es un mero contenedor, sino una parte inseparable del conjunto artístico que conforman árbol y recipiente. Monumental bonsái centenario de carpe coreano, en estilo multitronco. Maceta japonesa antigua Kakuzan. Una obra maestra. Colección Laos Garden. Cuando un bonsái alcanza una edad avanzada y su apariencia refleja el paso del tiempo, la maceta debe ser un reflejo fiel de esa historia visual. No se trata solo de tamaño, forma o color, sino también de su carácter. Las macetas antiguas, marcadas por tonos apagados y pátinas que solo el paso de los años puede otorgar, evocan el concepto japonés de shubui: una estética refinada y discreta, que resalta la belleza de lo sobrio y lo simple, y que se funde de manera natural con los árboles más longevos. Este gusto por lo sencillo, lo imperfecto y lo envejecido es la esencia del wabi-sabi, una filosofía que impregna el arte del bonsái en su totalidad. Sin embargo, más allá de su valor estético, la maceta desempeña una función esencial en el cultivo del bonsái. Debe ser cuidadosamente diseñada para garantizar un drenaje adecuado, contar con orificios de anclaje eficaces y mantener un equilibrio armónico, tanto visual como físico, con el árbol. Es aquí donde las macetas de autor se convierten en piezas únicas, capaces de fusionar técnica y arte de manera excepcional. Cada una de ellas es un reflejo de la sensibilidad de su creador, un testimonio tangible de la maestría y la dedicación invertidas en su elaboración. A lo largo de esta serie de artículos, además de explorar los distintos autores dedicados al arte de las macetas para bonsái, abordaremos también algunas de las cuestiones más recurrentes relacionadas con ellas. Analizaremos los tipos de macetas más adecuados para cada estilo de bonsái, los criterios a seguir al momento de elegir la maceta ideal, su historia y la tradición de los hornos artesanales. Asimismo, profundizaremos en las regiones que han dado origen a diversos estilos, las características de sus pastas y esmaltes, y mucho más. Shibakatsu: El poder de la constancia Iniciamos esta serie, titulada Pasión por la cerámica, comenzando con especial énfasis en Shibakatsu, un taller cerámico y horno fundado en 1973 por Katsuichi Shibata, ceramista de renombre internacional, conocido por su extensa trayectoria en la fabricación de cerámica y por la dedicación que imprime en cada una de sus piezas. Shibakatsu nació en Tokoname, una villa japonesa famosa por su rica tradición cerámica, en la que se encontraba uno de los hornos más antiguos del país. Esta región ha sido un referente en la alfarería y la cerámica durante siglos. A los veinte años, Shibata decidió emprender su camino en este arte. Su objetivo inicial era crear macetas que pudieran ser utilizadas tanto por aquellos que se iniciaban en el mundo del bonsái como por los más experimentados. Hoy, cuatro décadas después, Shibata sigue sorprendiéndose al abrir el horno y descubrir el resultado de su trabajo: una constante mezcla de pasión, tradición y creatividad. Una imagen de Katsuichi Shibata en sus primeros años y algunos de los sellos distintivos que utiliza en sus cerámicas, los cuales reflejan la autenticidad y la tradición que caracterizan su trabajo. Horno y características de su trabajo El taller de Shibakatsu es un pequeño pero acogedor espacio, al que se accede a través de una zona abierta y al aire libre, donde el maestro dedica tiempo a cuidar algunas plantas y, por supuesto, varios bonsáis, siempre acompañados por sus propias macetas. Un discreto cartel en japonés revela la naturaleza de lo que se produce en su interior.  En las fotos: la entrada al taller del maestro, así como un momento capturado junto a Shibakatsu, quien tuvo la amabilidad de inmortalizar este encuentro junto a nosotros. Detalles de la entrada al taller que reflejan la sencillez única de este espacio creativo. Al entrar, se accede directamente a la zona de tienda: un espacio reducido que exhibe, en unas pocas estanterías, las últimas creaciones a la venta del maestro. Más allá de unas cortinas, en la trastienda, se encuentra el corazón del taller: su horno, donde cobra vida la cerámica que ha convertido a Shibakatsu en un referente. Estanterías en Shibakatsu.  Como mostramos, tuvimos el privilegio de conocer al Sr. Shibakatsu y adentrarnos en su taller. Un hombre ya de edad avanzada, de esos que no necesitan muchas palabras para transmitir, con su presencia, la intensidad de la pasión y la dedicación que pone en su trabajo. Su carisma, silencioso pero rotundo, se palpa en el aire, como si cada rincón de su taller hablara de él, de su vida, de su oficio. El lugar donde

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