Pasión por la cerámica XXVII. Una visita a los hornos tradicionales de Tokoname.
Tokoname: el paraíso cerámico que todo amante del bonsái debería visitar A solo 10 minutos del aeropuerto… y a un paso de enamorarte del barro japonés ¿Qué es Tokoname y por qué deberías apuntarlo YA en tu itinerario por Japón? Tokoname es una pequeña ciudad al sur de la prefectura de Aichi, en Japón. Tiene unos 55.000 habitantes, mucho encanto, y más cerámica por metro cuadrado de la que uno podría imaginar. Si eres como nosotros —es decir, fan del bonsái, la cerámica y todo lo que huela a tradición japonesa—, esta ciudad no solo es recomendable: es una parada obligatoria. Además, no puede ser más fácil llegar. ¡Está a solo 10 minutos en tren desde el Aeropuerto Internacional de Chubu, en Nagoya! Básicamente, bajas del avión… y subes directo a un viaje en el tiempo entre hornos tradicionales y tiendas llenas de arte. Un mapa, dos rutas y una leyenda gatuna Lo primero que hicimos al llegar (además de sacar la cámara y decir “¡mira eso!” cada tres pasos), fue pasar por el centro de información turística. Está justo al ladito de la estación de tren, y allí te dan un mapa con dos rutas: la corta y la larga, según el tiempo (y las piernas) que tengas disponibles. Optamos por la ruta larga —porque somos valientes y teníamos antojo de cerámica—, y pronto nos encontramos en la calle Manekineko, una avenida dedicada al famoso gato de la suerte. Y no cualquier gato… allí está Tokonyan, una cabeza gigante de maneki neko que vigila la ciudad con cara de “¡bienvenido, forastero, y no olvides comprar una maceta!” (Spoiler: os contaremos la historia de Tokonyan en otro artículo, porque sí, tiene leyenda y todo.) Tiendas, arte y barro con alma Durante nuestro paseo fuimos descubriendo pequeñas tiendas llenas de encanto, donde los artesanos venden sus obras directamente: macetas, figuras, tazas, y otros tesoros de arcilla que gritan «¡llévame contigo!» Algunas piezas son tan bonitas que te planteas si usarlas… o ponerles una alarma. Además, muchas de estas tiendas están ubicadas en antiguos talleres, con hornos tradicionales que aún se conservan. Es un viaje cultural y visual, pero también una forma de conectar con una tradición que sigue viva, moldeada con las manos y el corazón. Una ciudad para perderse… y encontrarse con la tradición Tokoname no es solo una ciudad cerámica. Es un lugar que se vive, se camina y se disfruta con calma. Te invita a explorar, a tocar, a preguntar, a sorprenderte con cada rincón. Si vas a Japón y te apasiona el bonsái, el arte tradicional o simplemente lo bello, no dudes: pon Tokoname en tu mapa. Te dejamos algunas fotos de nuestra visita para que te entren tantas ganas como a nosotros de volver. Mil años de barro, fuego y arte que conquistaron el mundo del bonsái De hornos milenarios a macetas que hacen suspirar a cualquier coleccionista Tokoname no es solo una ciudad. Es un verdadero monumento a la cerámica japonesa, y su historia empieza nada menos que en el Período Heian (794–1190). Para que te hagas una idea, estamos hablando de una tradición más antigua que muchas catedrales europeas. Fue uno de los Seis Grandes Hornos de Japón, un título nada modesto y muy merecido. A lo largo de los siglos, Tokoname ha sabido mantenerse firme —y caliente— en la producción de cerámica, convirtiéndose en un referente mundial. Hoy en día, podríamos decir (con total seriedad) que no hay maestro del bonsái que no haya oído hablar de esta ciudad. Si el bonsái es el árbol perfecto, Tokoname hace las macetas que lo hacen brillar como se merece. ¿Qué se fabrica en Tokoname? Spoiler: de TODO La cerámica de Tokoname no se limitó a las macetas. ¡Qué va! Aquí se coció literalmente de todo: Artículos de té (¡sí, esos que invitan a filosofar!) Botellas y envases para transportar agua o sake (muy importante) Ladrillos, azulejos, pavimentos y tuberías (sí, incluso las cañerías tienen estilo en Japón). Las famosas macetas de cultivo o «hibai». Es como el Amazon medieval de la cerámica. Lo que necesitabas, Tokoname lo tenía. Y si no lo tenía, lo inventaba. Botella de cerámica para sake. Del imperio chino al toque japonés: ¡que vivan las macetas! Durante siglos, la mayoría de las macetas de bonsái venían de China. Pero en el siglo XVII, Japón dijo: “espera, que nosotros también sabemos jugar este juego”. Y vaya si lo hicieron bien. Los hornos japoneses comenzaron a producir macetas con arcilla local de altísima calidad, obteniendo texturas suaves y acabados que siguen siendo la envidia del mundo. Las macetas de Tokoname, por supuesto, se llevaron la corona. La durabilidad y la riqueza cromática de la arcilla shudei (véase el artículo dedicado a las pastas rojizas) han consolidado a esta región como el principal centro de producción de macetas para bonsái de Japón. Las elevadas temperaturas de cocción que admiten estas pastas les confieren una resistencia excepcional, mientras que la microporosidad natural de la arcilla favorece la correcta aireación del sustrato, un factor clave para el desarrollo saludable del árbol. Sus característicos tonos tierra y bermellón armonizan de forma natural con las coníferas, especialmente con juníperos y pinos, realzando su presencia sin restar protagonismo al conjunto. Sin embargo, como habíamos comentado anteriormente, la tradición cerámica de Tokoname se remonta a al siglo XII, durante el período Heian. Ya en el siglo XIV se construyó el horno Tasaka, y a finales del siglo XIX, en el período Edo, Koeire Hokyu culminó la edificación del horno escalonado o noborigama, al que nos referiremos con mayor detalle más adelante. Es durante el período Meiji cuando se desarrolló la línea Meitetsu, una red ferroviaria privada de enorme importancia en Japón, que conecta Nagoya, el aeropuerto de Chubu Centrair, Gifu y la región de Aichi. Esta infraestructura fue decisiva para la expansión y distribución de la producción cerámica local, que durante la era Taisho llegó a abastecer de baldosas a todo el país. En su momento de máximo esplendor,
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