La maceta perfecta: el estilo formal en coníferas
Introducción
En los artículos más recientes de la serie La maceta perfecta hemos analizado los criterios fundamentales para seleccionar la maceta en función de la fase de desarrollo del árbol. Hemos visto cómo, en una primera etapa —la propiamente denominada fase de cultivo—, prácticamente cualquier contenedor puede resultar válido, independientemente de su forma o material, siempre que cumpla su función horticultural.
En una segunda fase comienzan a emplearse macetas específicas de bonsái, o hachi, generalmente de mayores dimensiones relativas que las utilizadas cuando el árbol alcanza un grado de diseño más avanzado. Es en este momento del proceso cuando algunos aficionados y profesionales empiezan a establecer una distinción más refinada entre las macetas esmaltadas, conocidas como kusuri-mono, tradicionalmente asociadas a especies caducifolias, y las macetas sin esmaltar, denominadas dei-mono, preferidas principalmente para las coníferas. Pasión por la cerámica XXXIX. Elegir la maceta perfecta. Introducción.
Maceta esmaltada «kurusi-mono» creada por Ikko del horno Shouzan kaneshou y maceta sin esmaltar o «dei-mono» hecha a mano por Watanabe Kakuyuki de Kakuzan Toen.
En el artículo anterior de La maceta perfecta ya realizamos un recorrido por los estilos de bonsái más representativos, deteniéndonos en sus rasgos fundamentales. En esta ocasión damos un paso más y nos “manchamos las manos” para abordar directamente las macetas destinadas a árboles cuyos diseños se encuentran en fases avanzadas de desarrollo.
No hablamos, deliberadamente, de diseños concluidos: el bonsái es un arte vivo, en constante evolución, que requiere refinamiento continuo y en el que, en ocasiones, avanzar implica también retroceder un paso. Ningún árbol puede mantenerse indefinidamente en un nivel de exposición máximo.
Sin embargo, cuando el árbol ha alcanzado una forma y un tamaño coherentes, la elección de la maceta debe responder con precisión a estas condiciones, acompañando al diseño y potenciando la mejor versión posible del conjunto árbol–contenedor.
Vertical formal "Chokkan" 直幹 (coníferas)
Pino estilo vertical formal o «chokkan kihongata»
El estilo vertical formal (chokkan) es uno de los grandes clásicos del bonsái y, para muchos aficionados, la puerta de entrada a este arte. No son pocos los que han dado sus primeros pasos con una conífera de vivero, tijeras en mano, intentando convertirla —con mayor o menor fortuna— en un vertical formal reconocible. Esa familiaridad no es casual: se trata de un estilo directo, comprensible y profundamente ligado a la observación de la naturaleza.
Su referencia natural son los árboles que crecen en espacios abiertos, donde la luz incide de forma uniforme y no existe la necesidad de competir por ella. En estas condiciones, el tronco se desarrolla recto, firme y equilibrado, convirtiéndose en el eje estructural del diseño. La conicidad es aquí un aspecto esencial: la base debe ser claramente más robusta que la parte superior, de modo que el árbol transmita estabilidad, edad y solidez visual.
Las ramas se organizan siguiendo un patrón ordenado y lógico, acompañando al tronco sin restarle protagonismo. La primera rama suele situarse aproximadamente a un cuarto de la altura total, y a partir de ella las demás se distribuyen de forma alterna, construyendo progresivamente la silueta clásica del chokkan. El ápice, lejos de ser una simple prolongación del tronco, se forma mediante una rama bien definida, cerrando la composición con naturalidad y aportando el punto final de equilibrio al conjunto.
Macetas adecuadas para coníferas chokkan.
Una vez que el árbol ya está diseñado, llega el momento de elegir la maceta, y no al contrario. Puede parecer una obviedad, pero es una de las dudas más habituales que nos plantean en la tienda, por lo que conviene insistir en ello. Precisamente por esta razón, en artículos anteriores hemos explicado qué tipos de macetas son más adecuadas en cada fase de formación del bonsái.
Elegir el tamaño correcto
La maceta debe acompañar y reforzar un diseño que ya esté definido. Como decimos, no se busca antes de tiempo, sino cuando el estilo del árbol es claro y estable. En las fases finales de diseño —que son las que nos ocupan en este artículo— existe una regla general para elegir el tamaño correcto de las macetas ovaladas y rectangulares: su longitud debe ser aproximadamente dos tercios de la altura del árbol. Esta proporción no se aplica en las etapas iniciales de cultivo, sino únicamente cuando el bonsái se encuentra cerca de su presentación definitiva. En el caso de árboles especialmente anchos, se suele tomar como referencia el ancho del bonsái en lugar de su altura para determinar la longitud adecuada de la maceta.
Esta relación de dos tercios está directamente vinculada a la llamada proporción áurea, un concepto muy presente tanto en la naturaleza como en el diseño del bonsái. La proporción áurea, también conocida como número áureo, número de oro o incluso número de Dios, aparece de forma recurrente en elementos naturales como el grosor de las ramas o la forma de los caparazones de los caracoles, y genera una sensación de equilibrio y armonía en quien la observa. Está estrechamente relacionada con la conocida secuencia de Fibonacci, una serie numérica en la que cada número es la suma de los dos anteriores (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, etc.), y que también tiene una gran influencia en el diseño del bonsái.
Dos láminas extraídas de Técnicas del Bonsái, de John Yoshio Naka. En la lámina de la izquierda (o superior, según el dispositivo), el punto de intersección F señala la sección áurea resultante de la división del segmento AB en AF (13) y BF (8), cuya suma es AB (21). En la lámina de la derecha (o inferior) se muestra un árbol diseñado siguiendo esta disposición.
En cuanto al ancho de las macetas, lo habitual es que esté relacionado con su longitud. En las macetas ovaladas y rectangulares que encontramos en el mercado, el ancho suele ser aproximadamente el 75 % de su largo. Como criterio práctico, el ancho de la maceta debería ser ligeramente inferior al ancho que ocupan las ramas frontales y traseras más bajas del árbol, manteniendo así una proporción visual equilibrada
La forma de las macetas
En general, para este estilo de diseño se utilizan macetas rectangulares u ovaladas, normalmente relativamente planas. Las macetas ovaladas suelen ser algo más planas que las rectangulares, aunque, como ocurre casi siempre, existen excepciones.
Para aprender a elegir la maceta adecuada resulta muy útil educar la vista a través de revistas y publicaciones especializadas. Entre ellas destacan especialmente los libros de la exposición anual Kokufu, en los que no solo puede observarse qué macetas combinan mejor con cada estilo de árbol, sino también apreciar la evolución del bonsái a lo largo del tiempo, así como sus avances y tendencias. Esta exposición se celebra anualmente en Japón desde 1934 y está organizada por la Asociación Japonesa de Bonsái (Nippon Bonsai Association). Estos libros son ampliamente utilizados por los aficionados al bonsái y se han convertido en uno de los objetos de colección más apreciados, junto con las macetas antiguas. En Laos Garden contamos con una buena selección de libros y solemos disponer de varios ejemplares a la venta.
El peso visual
La profundidad variable de las macetas genera distintos impactos visuales: cuanto más profundas son (nos referimos al alto de la maceta, de pata a labio), más pesadas se perciben; en cambio, cuando la profundidad es menor, transmiten una sensación más ligera. Como ya hemos comentado, para este estilo se emplean generalmente macetas relativamente poco profundas, especialmente cuando los troncos de los árboles que albergan son más estrechos, como mostramos en las imágenes anteriores.
Conviene detenerse aquí un momento para hacer una consideración importante: a los aficionados al bonsái no les resultará extraño haber oído en más de una ocasión hablar de macetas “femeninas” o “masculinas”. Estas definiciones son frecuentes y, además, no siempre se usan para referirse a lo mismo, lo que puede generar cierta confusión.
En nuestra opinión, este tipo de clasificaciones suele ser consecuencia de traducciones poco precisas y, por ello, en Laos Garden preferimos hablar de mayor o menor peso visual. Cuando un árbol transmite una sensación de robustez, lo más adecuado es acompañarlo con una maceta de carácter igualmente robusto, por ejemplo, con patas cortadas y esquinas rectas. Por el contrario, cuando el árbol presenta una apariencia más ligera, funcionan mejor macetas que refuercen esa sensación, con patas en forma de nube, cantos redondeados o incluso decoraciones en relieve. No se trata de peso o ligereza real sino de una sensación en función de formas y elementos como patas y labios.
Profundizaremos con mayor detalle en el significado de estos conceptos, así como en las formas y profundidades de las macetas, en próximos artículos de esta serie titulada «La maceta perfecta», con el fin de no desvelar todo en el primer capítulo y presentar el contenido de manera progresiva, más amena y equilibrada.
Macetas rectangulares de mayor a menor peso visual:
El peso visual no solo se aprecia en la profundidad de las macetas; existen otras características que influyen en una mayor o menor sensación de pesadez visual, como el ancho de las paredes y de los labios, los cantos redondeados, las esquinas biseladas, las formas de las patas, etc.
En las imágenes de macetas que acabo de exponer se muestran cuatro macetas rectangulares, ordenadas de mayor a menor peso visual. El primer ejemplo es una maceta bastante pesada, creada por Watanabe Masami, de Shouzan Kaneshou. Sus medidas son 48 × 39 × 12 cm, y presenta unas proporciones equilibradas. Las esquinas afiladas, rectas y angulosas, denominadas kittate, aportan una sensación de robustez que se ve acentuada por un fajín entre el labio y la pata, denominado obi-iri.
El segundo caso es el modelo clásico de maceta para pinos, del mismo autor que la anterior. Sus medidas son 64 × 49 × 14 cm. El labio abierto hacia el exterior transmite una mayor ligereza, ya que se desarrolla de forma suave y gradual; este tipo de labio se denomina soto-buchi. La pata es recta y recibe el nombre de kiri-ashi.
El siguiente ejemplo es una maceta Shinwatari de la casa Youzenshisa. El biselado tanto en el labio como en el cuerpo aligera notablemente el peso visual. Estas esquinas curvadas hacia el interior se denominan sumi-iri.
Por último, se muestra otra maceta del maestro Watanabe Akira, de Akira Shouzan, con labio abierto y patas de nube, o komo-ashi. Todas pertenecen a la colección Laos Garden.
Macetas ovaladas de mayor a menor peso visual:
Al igual que ocurre con las macetas rectangulares, las macetas ovaladas pueden presentar un mayor o menor peso visual. En los ejemplos anteriores se observa, en primer lugar, una maceta de notable presencia visual realizada por Reijo Reiji, de Tokoname, con unas dimensiones de 78 × 57 × 14,2 cm. En el cuerpo de la maceta se aprecia un ancho fajin u obi-iri (obi designa el fajín ancho e iri significa interior), delimitado por dos bandas en relieve tanto en el labio como en la base, lo que refuerza su carácter robusto.
La segunda maceta, elaborada a mano por el autor de Seto, Harumatsu Ryokumisai, mide 70,6 × 52 × 11,5 cm. Se trata de la maceta ovalada clásica de estilo formal, conocida como Da-en-bachi. En artículos posteriores se abordarán de forma detallada las distintas formas clásicas y sus denominaciones.
El tercer ejemplo corresponde a una maceta de Keizan, también de Tokoname, con unas dimensiones de 61 × 44 × 8 cm. En este caso, el labio abierto, que se funde con el cuerpo mediante una suave curva, contribuye a aligerar el peso visual del conjunto.
Como último ejemplo se presenta una maceta del horno Yohen, de 48,2 × 37 × 9,7 cm, del tipo Sori-dō. El término sori hace referencia al efecto de combado del labio hacia el cuerpo de la maceta, otorgándole una forma acampanada que transmite una mayor ligereza visual. Las patas, asimismo, refuerzan esta sensación, contribuyendo a reducir el peso visual del conjunto.
Pastas: colores y texturas
Además de las dimensiones, conviene tener en cuenta otros aspectos como las pastas y las superficies. Existe una norma general que indica que la textura de la maceta debería estar en sintonía con la del árbol, de modo que cuanto más rugosa sea la corteza del bonsái, más áspera debería ser la superficie de la maceta. No obstante, esta regla no es absoluta: en la práctica se pueden encontrar pinos de corteza muy rugosa que lucen perfectamente en macetas sin esmaltar de superficie lisa. Por ello, estas indicaciones deben entenderse como orientativas y no como reglas inamovibles.
La elección del color y textura de la maceta suele ir en consonancia con el resto de sus características, por lo que, si hemos tenido en cuenta adecuadamente los factores anteriores, este aspecto suele quedar prácticamente definido. Aun así, conviene recordar que existen patas finas y decoradas, que aportan un aspecto más ligero y grácil al conjunto, y otras más rugosas y robustas, que refuerzan una sensación de fuerza y estabilidad en el árbol.
Como ya abordamos en detalle el tema de las pastas y las texturas, para quienes deseen profundizar en el conocimiento de las mismas, recomendamos la lectura de los siguientes artículos:
Al final, el árbol y la maceta no se miran: se reconocen. Forman una unidad silenciosa en la que nada sobra y nada falta, como si uno hubiera estado esperando al otro desde siempre. Los árboles muy viejos, cargados de tiempo, solo pueden reposar con naturalidad en macetas que también han envejecido, que muestran en la piel las huellas de una vida anterior. De ahí que esas viejas macetas —sobre todo las chinas y las japonesas antiguas— sean tan codiciadas y aparezcan, casi inevitablemente, sosteniendo a los grandes ejemplares en las exposiciones más importantes de bonsái.
Es en estos espacios donde resulta habitual encontrar a los grandes mitos de la cerámica para bonsái de Japón: Heian Tofukuji, Sensyu o su discípulo Suzuki Syuzan, ceramistas tradicionales japoneses desaparecidos hace décadas, pero aún presentes en cada pátina y en cada imperfección. De ellos hablaremos más adelante, en artículos que estoy deseando escribir. Entre los ceramistas actuales, en cambio, destacan, entre otros, Keizan, Gyozan o Sanpo, ambos de Tokoname, cuyas macetas son especialmente valoradas por el tono contenido de sus pastas, capaces de acompañar a árboles solemnes sin robarles protagonismo.
En el próximo artículo de esta serie, La maceta perfecta, abordaremos las macetas más adecuadas para especies caducas en estilo chokkan. Y continuando con los contenidos referentes a autores, en las siguientes entregas, realizaremos un recorrido por el jardín de Gyozan, un auténtico deleite para la vista y, como no, en Tokoname.
Créditos:
Técnicas del bonsái I y II. John Yoshio Naka.
Archivo y colección Laos Garden.
Classical Bonsai Art: A Half Century of Bonsai Study. William N. Valavanis.
Japan Kogei Association.
TOBI, the Ceramic Art Society of Japan.

