MACETAS DE BONSÁI TOKONAME

Las macetas Tokoname para bonsái son reconocidas mundialmente por su calidad, durabilidad y belleza artesanal. Originarias de Tokoname, Japón, estas macetas combinan tradición centenaria y técnicas de cerámica avanzadas, convirtiéndose en un elemento esencial para cultivadores y coleccionistas de bonsáis.

En la categoría Macetas Tokoname encontrarás artículos sobre historia, origen y evolución de estas macetas, así como análisis de tipos de pastas, esmaltes y estilos utilizados por los maestros ceramistas. También exploramos cómo elegir la maceta adecuada según la especie, el tamaño y la estética del bonsái.

Además, compartimos información sobre técnicas de fabricación artesanal, recomendaciones de cuidado y mantenimiento, y ejemplos de macetas Tokoname icónicas que inspiran a aficionados y profesionales por igual. Conocer estas macetas permite apreciar no solo su funcionalidad, sino también su valor artístico y cultural dentro del mundo del bonsái.

Esta categoría está diseñada para quienes desean aprender, coleccionar o mejorar sus bonsáis utilizando macetas Tokoname, combinando tradición japonesa y arte cerámico. 🏺🌳

Pasión por la Cerámica XLIII: Yuuji y Eiko, la Cara Oculta de Gyozan

La Cara Oculta de Gyozan: Yuuji y Eiko En el anterior artículo de Pasión por la cerámica abordamos la figura del tristemente y reciente desaparecido Nakano Yukizou. Hoy nos adentramos en la parte menos conocida de este horno: la enigmática figura de Yuuji y la discreta —aunque esencial— labor de Eiko. Asimismo, recorreremos con mayor detenimiento el taller de Gyozan, donde Eiko y Nakano siempre nos recibieron con gran amabilidad. Su trato, cariñoso y afable, dejó en nosotros una huella imborrable, por la que les estaremos siempre agradecidos. Gyozan, Hogar y Taller: Un Recorrido Íntimo Antes incluso de cruzar el umbral del taller, la mirada se detiene inevitablemente en el jardín de Nakano. Es un espacio discreto y sereno donde el maestro da rienda suelta a su pasión por el bonsái. Sus árboles, cuidadosamente cultivados aunque todavía poco trabajados en su formación, conviven con plantas de acento y ornamentales que completan el conjunto. Sin embargo, son las macetas —auténticas creaciones del maestro— las que sobresalen con particular fuerza: en ellas se manifiesta de manera más elocuente su talento y su inconfundible sensibilidad artística. La cerámica lo invade todo: macetas para bonsái, recipientes destinados a plantas de acento, peanas, tinajas… Las piezas se alzan y se apilan en modestas estanterías de madera y metal, dispuestas sin un orden aparente, como si aguardaran con silenciosa paciencia el momento de asumir su protagonismo. Algunas reposan superpuestas, en frágil equilibrio; otras se alinean en hileras irregulares; y no faltan aquellas que, apartadas en un rincón, parecen resguardar un temperamento más audaz, acaso más experimental. Los extraordinarios esmaltes, conocidos en japonés como uwagusuri o yuyaku (釉薬), revelan toda su riqueza cromática cuando se contemplan en el exterior, bajo la luz natural. Es entonces cuando matices y profundidades cobran vida, especialmente en acabados tan emblemáticos como el Oribe y el Namako. Dedicaremos a ambos un estudio más detallado en próximos artículos. El denominado Oribe verde (Ao-Oribe) se distingue por su característico vidriado esmeralda aplicado sobre decoraciones realizadas bajo cubierta. El verde, acompañado habitualmente por el blanco, define la identidad visual de este estilo cerámico, cuya inspiración remite a antiguos modelos de tradición china, de tonalidad más suave y uniforme, cercana al celadón. Por su parte, el esmalte Namako (namako-yū) —a veces descrito como “esmalte de pepino de mar”— es uno de los acabados más apreciados en la cerámica japonesa, especialmente en macetas para bonsái y piezas vinculadas al arte del té. Se reconoce por sus profundos tonos azulados o violáceos, salpicados de matices irregulares en blanco, beige o marrón, creando una superficie vibrante y orgánica que evoca la textura marina de la que toma su nombre. Desde el punto de vista técnico, estos esmaltes hunden sus raíces en antiguas tradiciones chinas, particularmente en los célebres vidriados Jun desarrollados entre los siglos XI y XV. En Japón, su adopción y reinterpretación dieron lugar a acabados clásicos que, durante siglos, han vestido macetas inspiradas en modelos antiguos, las llamadas kowatari, perpetuando así una herencia estética de profunda resonancia histórica. Asimismo, podemos apreciar decoraciones y relieves que nos resultan familiares. Este bajorrelieve de dragón es idéntico al de una maceta de la colección Laos Garden que nos acompaña desde hace años, con unas dimensiones de 41,4 × 35,5 × 12,3 cm. Los pequeños detalles son los que cautivan a quienes tenemos el privilegio de visitar al maestro. Las delicadas pastas de la maceta que muestran las fotografías, komo-ashi, constituyen un elocuente ejemplo de ello: en su sutileza material y en la finura de su acabado se revela una sensibilidad que trasciende la mera función para adentrarse en el ámbito del arte. Nakano Yuuji La figura de Nakano Yuuji permanece envuelta en un halo de discreción y misterio. Como ya señalábamos en el artículo dedicado a su padre, en torno a su persona han circulado diversas versiones —entre ellas, la de que no sería hijo, sino yerno, dado que Nakano Yulizou y Eiko tuvieron únicamente hijas—. También se comenta que, tras una fuerte discusión con Yukizou, abandonó la cerámica y en la actualidad se dedica al transporte de mercancias. Más allá de tales conjeturas, lo cierto es que no he tenido ocasión de conocerle personalmente, pues nunca se encontraba en el taller durante nuestras visitas al maestro. Una pieza de Yuuji de porte distinguido y sobria formalidad. La maceta presenta un delicado labio soto-buchi, cuya línea se abre hacia el exterior con una cadencia suave y progresiva, otorgando al conjunto una sensación de armonía y ligereza. Sus proporciones, cuidadosamente equilibradas —41,7 × 34 × 10,2 cm—, refuerzan esa impresión de mesura y elegancia que define la obra. Pertenece a la colección Laos Garden. Otra obra de Yuuji se inscribe en esa misma búsqueda de sobriedad y equilibrio. En este caso, la pieza adopta una refinada forma oval, rematada igualmente por un labio soto-buchi, que se abre con suavidad hacia el exterior y aligera visualmente el perfil. El cuerpo se ennoblece con una discreta banda inferior (obi) que estructura la composición, mientras descansa sobre delicadas patas en forma de nube (komo-ashi), aportando ligereza y un sutil dinamismo al conjunto. Sus proporciones —33,8 × 26,5 × 8,5 cm— mantienen esa armonía tan característica de su autor. Formas y dimensiones que, como puede apreciarse, resultan especialmente versátiles y plenamente adecuadas para realzar una amplia variedad de composiciones. Sin embargo, resulta indudable que la impronta y el legado de Gyozan —cuya influencia se ha dejado sentir de manera notable a lo largo de las últimas décadas en otros autores de Tokoname, en el resto de Japón e incluso más allá de sus fronteras— hallan en Yuuji su cauce natural de continuidad. Formado desde sus inicios bajo su tutela paterna, es reconocido como el principal heredero de su magisterio. Fiel a la filosofía de la «belleza en la utilidad» que define la obra de Gyozan, Yuuji ha sabido, no obstante, afirmar una sensibilidad propia, incorporando matices distintivos tanto en la elección de materiales como en las técnicas de cocción —entre ellas, el uso de un

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Pasión por la cerámica XLII: Nakano Yukizyou del horno Gyozan

Nakano Yukizyou y el horno Gyozan: excelencia contemporánea en la cerámica de bonsái de Tokoname Una triste despedida Desde hace algunos meses albergaba el propósito de redactar, en la línea de los artículos dedicados a dar a conocer a los grandes ceramistas de bonsái de Tokoname, un texto consagrado al maestro conocido como Gyozan o Gyouzan. Decidí, no obstante, posponer su publicación hasta la conclusión de la Convención Nacional de Bonsái celebrada en Aranjuez, con la intención de añadir una pequeña sorpresa al lector. Superada la exposición y dispuesto por fin a dar forma a estas líneas que ahora tiene ante sí, me alcanzó la triste noticia del fallecimiento de nuestro apreciado ceramista, figura venerada por todos los amantes del bonsái. Sirvan, pues, estas palabras como humilde homenaje a su memoria y como expresión de nuestras más sentidas condolencias a su esposa, a sus amigos y a la amplia comunidad de aficionados que hoy lamenta su pérdida. Con el maestro en nuestra última visita. La amabilidad de un genio En numerosas ocasiones tuvimos el privilegio de visitar el horno y la residencia de quien era, quizá, el más distinguido autor vivo de Tokoname. En anteriores publicaciones ya habíamos señalado —al abordar cuestiones como la elección de la maceta idónea para el estilo formal en coníferas— que sus creaciones acompañan con frecuencia a algunos de los ejemplares más sobresalientes exhibidos en las más prestigiosas exposiciones de bonsái, entre ellas la célebre Exposición Kokufu. Mostrando los espectaculares acabados de sus obras.  Este hecho reviste especial significación si se tiene en cuenta que en tales certámenes suele privilegiarse el empleo de piezas cuya pátina ha sido ennoblecida por el paso del tiempo: antiguas macetas chinas —kowatari, nakawatari o shinwatari— o bien obras de insignes ceramistas japoneses ya desaparecidos, como Tōfukuji, Ryuen o Syuzan. Que las creaciones de un autor contemporáneo compartieran ese espacio tradicionalmente reservado a piezas históricas constituye, sin duda, un reconocimiento elocuente de su excelencia artística y de la profundidad de su legado. Una muestra de macetas Gyozan en Laos Garden en 2018 La madurez de una obra singular Si algo caracteriza la obra de Gyozan es la sobriedad y la fuerza de sus macetas sin esmaltar. En ellas buscaba una relación directa y armoniosa con el árbol, sin colores que distrajeran la mirada. Confiaba plenamente en la textura, las proporciones y la calidad del barro. Trabajó diferentes tamaños, desde los pequeños shohin y medianos chuhin, pero fue en las piezas de gran formato donde su estilo alcanzó su mayor expresión. Sus macetas para bonsáis omono e incluso hachi-uye destacan por su equilibrio entre solidez y elegancia, logrando una presencia imponente sin perder refinamiento. Conjunto excepcional de doce macetas realizadas íntegramente a mano por Yukizyou o Yukizou (según transcripción) Nakano. Todas las piezas están firmadas y se presentan en una caja de madera hecha a medida (kiribako), también firmada. Cada maceta se acompaña de su tradicional paño protector (taoru). La caja mide 37,8 × 49,7 × 17,4 cm. Existen únicamente tres conjuntos como este en el mundo. Fueron elaborados hace más de treinta años y este es el único actualmente disponible y está en Laos Garden, ya que los otros dos pertenecen a coleccionistas japoneses. El conjunto está compuesto por nueve macetas sin esmaltar y tres esmaltadas, todas ellas firmadas y modeladas a mano. Como referencia de tamaño, la maceta esmaltada en amarillo (kii) mide 17 × 14,4 × 6,8 cm. Espectacular maceta de 61 x 45 x 22,5 cm. Colección Laos Garden. Para conocer con más detalle los distintos tamaños de las macetas de bonsái, puede consultarse el artículo que hemos dedicado específicamente a este tema. Dos imágenes cedidas por Nakano Yukizou, procedentes de su perfil personal de Facebook. En la imagen superior —o a la izquierda, según el dispositivo— aparece el maestro culminando una gran obra mediante el método himozukuri, técnica sobre la que profundizaremos más adelante. En la segunda imagen —inferior o a la derecha— se le puede ver a la edad de 79 años sosteniendo una pieza terminada de 97 cm de longitud, realizada con su característica pasta denominada Akebono, en la que también nos detendremos con mayor detalle a continuación. Vocación, aprendizaje y la búsqueda del fuego vivo Nakano Yukizyou nació en 1940, en un tiempo convulso que ya evocamos al tratar el periodo de las macetas shinwatari. Su infancia quedó inevitablemente marcada por uno de los episodios más dramáticos del siglo XX: los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, llevados a cabo los días 6 y 9 de agosto de 1945 con las bombas Little Boy y Fat Man. Cuando aquellos acontecimientos precipitaron la rendición de Japón, el pequeño Nakano contaba apenas cinco años. Le aguardaba una niñez y una juventud condicionadas por las dificultades de la posguerra, en un país derrotado y profundamente herido. Sin embargo, al igual que la nación que lo vio crecer, supo sobreponerse con determinación y entereza. Forjado en la adversidad, desarrolló un carácter firme y perseverante que le permitió avanzar sin resentimiento. No debió de ser un camino fácil, pero quienes lo conocimos coinciimos en que aquellas circunstancias no endurecieron su ánimo, sino que templaron su espíritu y consolidaron la serenidad que más tarde se reflejaría en su obra. El interés de Gyozan por la cerámica nació en el seno familiar, motivado por la influencia de su cuñado, quien también se dedicaba a la elaboración de macetas. Con el propósito de perfeccionar su formación, realizó un aprendizaje de seis meses bajo la tutela del maestro Kazan Hisada (佳山久田), reconocido especialista en la fabricación de macetas mediante moldes ishikomi (石膏型), dentro de la tradición del horno Keizan. Plancha destinada a la confección de macetas mediante la técnica Oshi-gata, en el horno Kakuzan de Tokoname (imagen superior o situada a la izquierda). Moldes de yeso Ishikomi, pertenecientes a la casa Seizan Reiho (imagen inferior o ubicada a la derecha, según el dispositivo). Durante este periodo profundizó en la técnica Oshi-gata (押し型), que consiste en presionar planchas de arcilla de grosor uniforme

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Pasión por la cerámica XXXVIII. Ikko del horno Shouzan Kaneshou.

Watanabe Kazuhiro (Ikko) Shouzan Kaneshou No sabemos con certeza cómo era el taller cerámico de Shouzan Kaneshou en sus inicios, cuando fue fundado en 1972 por Watanabe Masami. Sin embargo, lo que sí está claro es que, con el paso de los años, la dedicación de su familia —en especial la de su hijo Ikko, acompañado por su madre Fusyu— ha llevado a este horno de Tokoname a alcanzar un nivel de auténtica excelencia.  Ikko y Fusyu La consecuencia natural de este impecable trabajo ha sido el incremento en los precios de la producción de Ikko, un fenómeno especialmente notable en la última década. La calidad, la precisión en los acabados y la reputación alcanzada por sus piezas y esmaltes han elevado su valor en el mercado, convirtiéndolas en objetos cada vez más apreciados tanto por coleccionistas como por aficionados exigentes. En el panorama de la cerámica de Tokoname, podríamos distinguir tres grandes estilos de talleres. Por un lado, los pequeños estudios con hornos reducidos, donde cada pieza se elabora de manera casi íntima y artesanal, como sucede con Shuuhou, Akira Shouzan o Izumi-Ya. En un nivel intermedio encontramos hornos de tamaño medio, como los de Shibakatsu, Koyo o Bigei, que combinan la tradición con una producción algo más amplia. Y, finalmente, están los grandes talleres, donde la producción roza un carácter casi industrial: antaño fue el caso de Yamaaki y hoy lo representan nombres como Kakuzan o, precisamente, el horno que nos ocupa, Shouzan Kaneshou. Watanabe Kazuhiro (Ikko) Su firma original, 一弘, se lee como «Ikkou», nombre con el que finalmente decidió identificarse y firmar su obra como 壱興 (Ikkou). En algunas piezas también puede encontrarse la inscripción 一弘造印, que significa «hecho por Kazuhiro», su nombre real. Watanabe Kazuhiro nació el 13 de noviembre de 1956. Sus primeros estudios los realizó en el departamento de cerámica de la escuela secundaria de Tokoname, donde adquirió conocimientos sobre materias primas, resistencia al calor y técnicas básicas de horneado. Posteriormente, en 1977, se graduó en la escuela secundaria de cerámica de Seto, ampliando su formación en alfarería, modelado de arcilla y elaboración de vasijas. Durante su aprendizaje con su padre se especializó en las técnicas de esmaltado. En 1978 comenzó a producir pequeñas macetas en un horno de gas, y a partir de septiembre de 1981 inició la fabricación de macetas de tamaño medio. Elegante maceta esmaltada en un verde oribe por Ikko. Colección Laos Garden. En la actualidad, se dedica a la elaboración de macetas muy apreciadas y de acabado refinado. La mayoría son esmaltadas y de tamaño shohin, aunque también produce piezas sin esmaltar en tamaño chuhin, además de suiban. Para saber más sobre los tamaños de las macetas de bonsái. Aprendió el oficio de la cerámica sin esmaltar a través de la tradición familiar, especialmente de su padre, quien le transmitió los conocimientos y técnicas fundamentales. Con el tiempo, perfeccionó el método y desarrolló su propio estilo, caracterizado por una mezcla de arcillas que él mismo ha formulado. No son tan habituales, aunque igual de fascinantes, las colaboraciones que Ikko realiza con otros ceramistas o pintores de la región. En esta ocasión nos encontramos con una pieza singular: una maceta creada por Ikko y decorada por el maestro Setsudo Kodou (Kodo), también originario de Tokoname. Sobre su superficie se despliega la figura de un tigre blanco, motivo al que ya dedicamos uno de los primeros artículos del blog. La maceta se presenta cuidadosamente guardada en su kiribako, el tradicional estuche de madera que realza aún más su valor. Dimensiones: 8,2 x 4,8 cm Colección Laos Garden. El legado: La cerámica sin esmaltar Ikko aprendió el oficio en academias pero también junto de su padre, un reconocido maestro en la elaboración de macetas para bonsái sin esmaltar. Esta influencia marcó profundamente su trayectoria, orientando su interés hacia las piezas sin esmaltar y transmitiéndole no solo las técnicas tradicionales, sino también una apreciación por la forma, la proporción y el detalle. Sencilla maceta para bonsái sin esmaltar de Ikko. Medidas: 28,7 x 19 x 5,2 cm. Colección Laos Garden. Sus piezas se distinguen por la limpieza de las líneas, la precisión en los detalles —especialmente en las esquinas y patas— y un acabado final que resalta la calidad del trabajo sin necesidad de esmaltado. Esta combinación de técnica, estética y autenticidad le ha permitido satisfacer a una clientela exigente, consolidando su lugar en el ámbito de la cerámica artesanal. La riqueza tonal de las arcillas utilizadas por Masami e Ikko abarca una amplia gama, desde suaves grises hasta intensos rojizos. Esta variedad en las pastas cerámicas se traduce en matices sutiles que enriquecen cada pieza, especialmente en obras sin esmaltar, donde la materia prima cobra un protagonismo esencial. A continuación, presentamos una cuidada selección de macetas creadas por el reconocido taller Shouzan Kaneshou. Cada una de estas piezas, perteneciente a la colección Laos Garden, destaca por la excelencia de sus acabados y por el uso de diferentes tipos de pastas cerámicas, trabajadas con maestría y sin recurrir al esmalte. Un testimonio del saber hacer tradicional y del refinamiento estético que define a estos ceramistas. Si deseas profundizar en las características de estas arcillas y los distintos formatos de maceta, te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) La innovación: La cerámica esmaltada. Aunque sus primeros pasos en la cerámica estuvieron ligados al taller familiar, fue al asumir la dirección del negocio cuando tomó una decisión que marcaría su camino: centrarse en la creación de macetas esmaltadas, principalmente de pequeño formato. Esta elección, lejos de seguir la tradición estricta, lo llevó a explorar nuevas posibilidades técnicas de manera completamente autodidacta. Su técnica de esmaltado es verdaderamente notable. Domina tanto los acabados en un solo color —con superficies limpias, profundas y de gran uniformidad— como las combinaciones más complejas. Entre ellas destaca su esmalte Oribe: un

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Pasión por la cerámica XXXVII. Watanabe Masami del horno Shouzan Kaneshou.

Pasión por la cerámica XXXVII. Watanabe Masami y Fusyu del horno Shouzan Kaneshou. El horno Shouzan (正山), también conocido como Shozan o Shouzan Kaneshou (渡辺正山), fue fundado en 1972 por Watanabe Masami, considerado uno de los ceramistas de bonsái más destacados de su época, especialmente reconocido por sus macetas de bonsái sin esmaltar de gran formato. Macetas de gran tamaño listas para cocer en los hornos de Shouzan Kaneshou El nombre de este horno ha generado cierta controversia debido a las diversas formas en que ha sido transcrito. Una de las más comunes es Kanesho Seitosho. A esta ambigüedad nominal se suma una confusión recurrente en el ámbito de la cerámica de Tokoname, incluso en entornos especializados como tiendas de bonsái de alto nivel: la asociación errónea entre dos casas distintas —Shouzan Kaneshou y Akiza Shouzan—, ambas con trayectoria en Tokoname. Esta confusión no solo afecta a las denominaciones de los hornos, sino también a la atribución de las obras, llegando en ocasiones a intercambiarse los nombres de dos ceramistas con identidades y trayectorias distintas: Watanabe Akira y Watanabe Masami. Con Masami se inicia la primera generación de una saga que, sin embargo, hunde sus raíces en más de tres siglos de tradición alfarera y que hoy continúa viva gracias a sus descendientes, entre ellos Watanabe Kazuhiro, conocido artísticamente como Ikko.  Watanabe Masami Watanabe Masami nació el 4 de agosto de 1927. A los quince años, en 1942, ingresó en la empresa de cerámica Kanekatsu (勝), dirigida por su padre. Allí trabajó en la elaboración de vasijas y canaletas de barro, piezas de uso cotidiano en todo Japón. Sin embargo, la llegada de nuevas alternativas en metal y plástico hizo desaparecer aquel mercado. Ante esa transformación, su padre se vio obligado a reorientar la producción hacia las tradicionales vasijas de té rojas y hacia la cerámica destinada al bonsái, camino que acabaría marcando también la trayectoria de Masami. Antigua chimenea, esquema y cámara de horno industrial de Tokoname, donde se cocían las canaletas cerámicas. Reutilización de vasijas cerámicas en uno de los rincones con encanto de la ciudad de Tokoname.  Watanabe Masami alcanzó la independencia en 1961 y, pocos años más tarde, en 1972, fundó la fábrica cerámica Kaneshou (正), aún en activo. En este taller comenzó a producir macetas para bonsái empleando dos técnicas principales: el urdido, consistente en superponer rollos o cilindros de barro para levantar las paredes del recipiente, y el moldeado por presión o técnica tatara. Moldes para reproducir piezas con técnica tatara de las casas Seizan Reiho y Bigei.  Gracias a su destreza en ambos métodos, Watanabe pudo especializarse en la creación de grandes macetas, casi siempre sin esmaltar. Sus piezas destacan por la precisión en los ángulos y esquinas, perfectamente definidos, así como por el particular brillo de sus superficies, evocador de las antiguas vasijas chinas. Este efecto lo logra tras una paciente investigación de los procesos de cocción y un meticuloso estudio de las distintas arcillas utilizadas. Dos obras en forma de cascada del maestro Masami en la que se aprecia la maestría del artesano en el acabado de las piezas. Maceta hexagonal de 22,5 x 19 x 16, 5 cm y cuadrada de 22 x 22 x 20 cm. Ambas pertenecientes a la colección Laos Garden.  Tambor o taiko de gran tamaño creado por Masami en arcilla rojiza. Tamaño 52,8 x 12,8 cm.  Colección Laos Garden. Si deseas profundizar en las características de estas arcillas te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) En reconocimiento a su maestría, en 1987 recibió la acreditación oficial de Artesano Tradicional de la alfarería de Tokoname. Destacan en su producción una serie de macetas rectangulares para pinos y otras coníferas de gran formato —entre 40 y 62 centímetros— que muestran, en distintos acabados, la excelencia de su trabajo en la definición de aristas y la calidad de sus superficies. Tres ejemplos de estas macetas rectangulares en barro shudei de Masami. Todas pertenecientes a la colección Laos Garden. Medidas: 64 x 49 x 14, 62 x 51 x 18 y 48 x 39 x 12 cm  Dos macetas ovaladas de Masami con medidas: 46 x 38,5 11 y 59 x 46,5 x 11 cm. Colección Laos Garden.  Macetas cuadrada de Masami con medidas: 40 x 40 x 14 cm. Colección Laos Garden.  Si bien la fama de Masami se forjó principalmente gracias a sus imponentes macetas para bonsáis de gran porte, su maestría no se detuvo ahí. También dedicó parte de su obra a la creación de delicadas macetas de pequeño formato, pensadas para albergar shohin y chuhin con la misma sensibilidad estética y precisión técnica. Las piezas que mostramos a continuación son un claro ejemplo de ese trabajo más íntimo y refinado. Todas ellas forman parte de la colección Laos Garden, y destacan no solo por sus proporciones equilibradas, sino también por la sutileza de sus acabados. Sus medidas, cuidadosamente equilibradas y proporcionadas, son: 22 × 16,5 × 5 cm 18,6 × 14,3 × 7,3 cm 12,4 × 9,7 × 4,5 cm 11,3 × 8,5 × 3,2 cm Si te interesa conocer más sobre los distintos tamaños de macetas utilizados en el arte del bonsái, puedes acceder a este enlace. Fusyu, Tomifune Watanabe En el mismo horno de Kaneshou, merece una mención especial la labor discreta pero profundamente admirable de la esposa de Watanabe Masami, una alfarera de gran prestigio cuya obra, singular y delicadamente personal, ha sabido dejar una huella inconfundible en el mundo del bonsái. Además de su reconocida trayectoria, es también la madre del célebre ceramista Ikko Watanabe, lo que convierte su legado en un eslabón fundamental dentro de esta destacada familia de artesanos. En un ámbito tradicionalmente dominado por hombres, el trabajo de las mujeres en la cerámica japonesa ha sido durante mucho tiempo silencioso, a menudo relegado a un segundo plano o vinculado a tareas auxiliares

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