ESMALTES EN LAS MACETAS DE BONSÁI

Los esmaltes de las macetas de bonsái juegan un papel fundamental tanto en la estética como en la armonía visual del conjunto. En esta sección descubrirás los diferentes tipos de esmaltes utilizados en la cerámica para bonsái, sus acabados, colores y técnicas de aplicación. Aprende cómo elegir el esmalte adecuado según el estilo del bonsái, la especie y la temporada, y cómo influye en la percepción final de la composición. En Los Garden, entendemos que cada detalle cuenta, y el esmalte es clave para realzar la belleza de cada bonsái.

Portada esmaltes 2 Laos Garden

Pasión por la cerámica XXXII. Los esmaltes en las macetas de bonsái (2ª parte).

Pasión por la cerámica XXXII. Los esmaltes en las macetas de bonsái (II). En el anterior artículo dedicado a los esmaltes, abordamos aquellos más tradicionales y versátiles, los más empleados en la cerámica para bonsái. Conviene ahora hacer una distinción importante: los colores utilizados en macetas de mayor tamaño —desde chuhin en adelante— y en ejemplares de porte antiguo deben ser discretos. Estos tonos apagados armonizan con la madurez y solemnidad del árbol, motivo por el cual las macetas antiguas y, en especial, las pátinas que el tiempo les confiere, son tan valoradas. En cambio, las macetas destinadas a bonsáis shohin y mame permiten una paleta mucho más amplia y viva. En estos formatos reducidos, los colores intensos y brillantes no solo son aceptados, sino que aportan un atractivo visual distintivo, enriqueciendo la presentación del árbol sin desentonar con su escala. Si deseas profundizar en los distintos tamaños de macetas utilizados en el arte del bonsái, te invitamos a consultar el siguiente artículo: Los tamaños en las macetas de bonsái.   Pequeñas macetas shohin de Koyo Juko, en esmaltes rojo «aka» y morado «murasaki». Colección Laos Garden. Existen esmaltes menos habituales que se utilizan principalmente en macetas de pequeño formato, como las shohin y mame, y que abordaremos en próximos artículos. Entre ellos se encuentran el namako, kuka, takatori, sango, seiji, soba, temoku o tetsu, cada uno con sus particularidades estéticas y tradiciones asociadas.Asimismo, en estos tamaños son bastante comunes las macetas de porcelana pintada, que han cobrado especial relevancia en las últimas décadas. Destacan entre ellas las piezas decoradas en estilo kutani, muy apreciadas por su viveza y riqueza cromática. Maceta shohin de porcelana realizada por el ceramista alemán Martin Englert. Sus dimensiones son 16 x 12,4 x 4,3 cm. La pieza presenta delicados motivos geométricos y un paisaje barrido por el viento, ejecutados en un característico rojo anaranjado mediante la técnica akae, que toma su nombre precisamente del pigmento utilizado. Este estilo decorativo es común en la porcelana kutani y otras tradiciones japonesas. La maceta se presenta en una caja de madera kiribako, utilizada habitualmente para proteger y realzar piezas de valor. Haz clic en la imagen para conocer más sobre este tipo de cajas tradicionales. Con frecuencia, nos consultan sobre el motivo por el cual los esmaltes se asocian principalmente a especies caducas, mientras que las macetas sin esmaltar se reservan habitualmente para las coníferas. Si bien no se trata de una regla estricta, sí responde a uno de los principios estéticos tradicionales en el arte del bonsái.En la actualidad, esta elección es, sobre todo, una cuestión de armonía visual: los esmaltes aportan color y brillo, realzando aspectos destacados del árbol, como una floración exuberante o los tonos otoñales del follaje. En cambio, las macetas sin esmaltar ofrecen una presencia más sobria, en sintonía con la fuerza y permanencia de las coníferas. Ejemplares de Acer palmatum luciendo sus intensos colores otoñales en macetas esmaltadas en azul, blanco y amarillo. La maceta amarilla corresponde al mismo modelo de Koyo que utilizamos como ejemplo del tono Kii en nuestro artículo anterior, dedicado a los esmaltes. Pieza perteneciente a la colección de Antonio Richardo. Aunque hoy se percibe principalmente como una cuestión estética, la distinción entre macetas esmaltadas y sin esmaltar tiene, en realidad, un origen más práctico relacionado con el cultivo. Antiguamente, los sustratos empleados tendían a compactarse con rapidez, y los abonos disponibles generaban una mayor acumulación de residuos. Esto obligaba a realizar trasplantes con mayor frecuencia, especialmente en especies caducas. En la actualidad, gracias a la mejora en la calidad de los sustratos —mucho más sueltos y estables— y el uso de abonos más limpios, los periodos entre trasplantes se han alargado considerablemente. Los árboles caducos, que toleran mejor los trasplantes, pueden ser replantados incluso cada temporada si fuera necesario, generalmente al inicio de la primavera, al menos en climas como el nuestro y para la mayoría de especies. Por el contrario, las coníferas y especies perennes muestran una mayor sensibilidad a los trasplantes, en especial ciertas variedades. Esto contribuyó a que tradicionalmente se emplearan macetas sin esmaltar para este tipo de árboles. A diferencia de las esmaltadas, las macetas sin esmalte conservan su porosidad natural, lo que favorece una mejor oxigenación del sustrato y una gestión más eficiente de la humedad, permitiendo así espaciar los trasplantes. Incluso en las macetas esmaltadas, el interior y la base suelen dejarse sin cubrir por la misma razón. En las últimas décadas, sin embargo, algunos autores como Suishouen Hekisui, Yoshimura Shuuhou o incluso Aiba Kouichirou han experimentado con esmaltes más vivos y llamativos en macetas de mayor tamaño, como las chuhin. Aunque esta tendencia no se ha generalizado, refleja una apertura estética que convive con la tradición. Impresionante maceta del maestro Aiba Kouichirou, en formato chuhin, decorada con un esmalte de gran expresividad, que combina una base azul con matices púrpura «murasaki» y rosados «pinku».Dimensiones: 47,5 × 36,5 × 12,2 cm.Imagen procedente del archivo Laos Garden. Antes de adentrarnos en la riqueza cromática que ofrecen frutos, flores y hojas, y en cómo armonizar esos matices con los esmaltes de las macetas, me gustaría compartir un ejemplo que rompe, de forma muy significativa, con las normas tradicionales que hemos venido comentando. Se trata de un caso emblemático: un pino —una conífera— plantado en una maceta esmaltada en blanco, imagen que ilustra la portada de uno de los abonos más reconocidos en Japón, el Tamahi Joy Agris. Esta elección no es casual. En la isla de Hokkaido, la más septentrional del archipiélago, crecen pinos de montaña que, durante buena parte del año, permanecen cubiertos de nieve. La maceta blanca simboliza precisamente esa escena invernal. Existe incluso un dicho popular japonés que hace referencia a esta imagen: Hakusha Seisho, que puede traducirse como «pino verde que crece en arena blanca». Por este motivo, no es raro que, en ciertas ocasiones, se planten coníferas en macetas blancas, en un gesto cargado de sentido estético y cultural. Lata de Tamahi Joy Agris de 8

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portada esmaltes Laos Garden

Pasión por la cerámica XXXI. Los esmaltes en las macetas de bonsái (1ª parte).

Pasión por la cerámica XXXI. Los esmaltes en las macetas de bonsái. Aunque el árbol es, sin duda, el eje central en la composición de un bonsái, no debemos olvidar que la maceta que lo acompaña es mucho más que un simple recipiente. Su presencia es imprescindible, no solo por razones prácticas, sino también por su papel estético y simbólico dentro del conjunto. Desde un punto de vista funcional, la maceta debe albergar el sustrato que nutre al árbol, permitir la incorporación de agua y fertilizantes, y facilitar un drenaje eficaz. Ha de asentarse con firmeza, contar con orificios para el drenaje y los anclajes y estar provista de patas que favorezcan la ventilación de las raíces. Pero además, su forma y color deben establecer un diálogo armónico con el carácter del árbol, completando la obra sin imponerse. Muchas de estas piezas son realizadas a mano, con técnicas tradicionales que les otorgan una personalidad única. Algunas son antiguas, otras han adquirido un profundo valor emocional para sus propietarios, y no es raro que ciertas macetas se conviertan en objetos de colección, alcanzando precios que reflejan tanto su rareza como su belleza. Extraordinario ejemplar de acer buergerianum, enraizado en roca -ishitsuki- y expuesto en Kokufu 92, en 2018. Una auténtica obra maestra, única. La maceta azul -ruri- combina a la perfección con los colores de primavera y otoño. Colección Laos Garden. Entre ellas, las macetas esmaltadas —conocidas en Japón como Kurushi-mono— ocupan un lugar destacado. En este artículo nos centraremos en los colores más comunes de sus esmaltes, dejando para futuras entregas una exploración más profunda de variantes menos habituales. También abordaremos algunos conceptos básicos sobre la teoría del color, esenciales para armonizar los tonos del árbol y su contenedor. En japonés, el término para “esmalte” es yu (釉), y de ahí proviene Youhen o Yohen (窯変釉, youhen uwagusuri), que alude a esmaltes que se transforman en el horno, dando lugar a efectos impredecibles y matices singulares. Existe una vasta tipología: desde superficies rugosas o craqueladas, hasta efectos “volcánicos”, pasando por esmaltes salinos o sódicos, y aquellos que combinan varios colores, como los multicolores empleados en porcelanas shiki-sai-kochi (como sometsuke, akae o gosai). También encontramos esmaltes figurativos en las macetas decoradas conocidas como e-kochi. A nivel técnico, todo esmalte cerámico se basa en tres componentes esenciales: sílice, alúmina y un fundente. La sílice proporciona la base vítrea, la alúmina refuerza la estructura del esmalte y le aporta opacidad, mientras que el fundente regula el punto de fusión. Según su temperatura de cocción, los esmaltes pueden clasificarse en alta temperatura (por encima de 1200 °C, comunes en gres y porcelana) o baja temperatura (entre 960 °C y 1140 °C), como los utilizados en la técnica raku, habitual en macetas para kusamono y elementos de acento. En este artículo nos detendremos en los colores más habituales, aquellos que encontramos a diario en el mundo del bonsái. Para ello, nos apoyaremos en los catálogos históricos de Tokoname, donde algunos ceramistas recogieron paletas cromáticas que aún hoy sirven de referencia. En particular, hemos seleccionado las propuestas de dos hornos emblemáticos: Yamafusa y Shibakatsu, cuyas gamas reflejan la elegancia atemporal de la cerámica japonesa para bonsái. Paletas de colores extraídos del catálogo Tokoname de principios del siglo XXI. A la izquierda o arriba los colores que ofertaba Shibakatsu y a la derecha o abajo la paleta que ofrecía el horno Yamafusa Los colores más empleados. Shiro es el color crema, hay otra denominación para este tipo de tonos que se tomó de un lugar de China donde se realizaban estos esmaltes. El término es Kochi y se suele emplear para las macetas esmaltadas. Shiro Kochi se emplearía para referirse a estos tonos crema o blanco. En el catálogo Tokoname Shibakatsu lo denominaba «cream» (crema) y Yamafusa «Shiro». Una espectacular maceta de esmalte crema con fantástica pátina del horno Yamafusa. Colección Laos Garden. Su esmalte es a base de dióxido de titanio. Es frecuente añadir bórax a vidriados de alta temperatura para reducir el punto de fusión. También se emplean para esmaltes blancos opacos el óxido de estaño y el de circonio. En este espectacular arce buergerianum con su amarillo otoñal, la maceta «shiro kochi» contrasta con el tono oscuro de la piedra ibiishi. El bolígrafo nos da una idea de la escala o dimensiones de nuestro ejemplar. El autor de la bandeja es Reiho del horno Seizan en Tokoname. Colección Laos Garden.   Pequeña maceta shohin creada por Shibata Shouichi, del horno Shibakatsu en Tokoname. Los craquelados (hibi-yaki) se realizan combinando sodio, potasio y sílice, este compuesto recibe el nombre de frita alcalina. También se emplea diferencial de feldespato potásico, no sódico. Siempre contiene sílice, alúmina y fundentes. Colección Laos Garden. Oribe: En la actualidad se refiere a ese verde tan característico de las macetas japonesas. En este caso seria más correcto hablar de oribe verde ya que este término, «oribe», indica un tipo de esmalte que no solo produce tonos verdes. Hay «mucha lana que cortar» acerca de este vidriado que tiene su origen en el siglo XVII y del que hablaremos más en profundidad en futuros artículos. Maceta Yamafusa con esmalte de óxido de cobre en cocción oxidante. En cocción reductora este mismo esmalte nos da tonos rojos denominados “sangre de buey”. El carbonato de cobre da tonos similares. Colección Laos Garden. Maceta Yamafusa esmaltada en verde mate jaspeado. Colección Laos Garden. La dolomía crea efectos mates combinando calcio y magnesio en esmaltes de alta temperatura. El mismo efecto produce un alto contenido en talco u óxido de cinc.  En japones el color verde se dice «midori» Ruri: Azul oscuro. El termino «ruri» hace referencia al «lapislázuli», una gema semipreciosa de color azul oscuro ultramar muy apreciada por su intenso color único, especialmente valorada en joyería desde tiempos remotos.  Maceta esmaltada en azul oscuro «ruri» por Yoshimura Kataoka del horno Yoshimura Toen de Tokoname, conocido como Shuuhou. Colección Laos Garden. Kin o kinyoh: Azul claro o azul de  bebe. Como vemos en las paletas de los maestros ceramistas de Tokoname Shibakatsu denomina a este color «Kinyoh – light blue» y Yamafusa Kin. Son

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Pasión por la cerámica X. Aiba Kouichirou de Koyo Toen.

Koyo Toen: Estandarte de la cerámica de Tokoname Hoy dedicamos estas líneas a Aiba Kouichirou, figura insigne de la cerámica de Tokoname y uno de los más reconocidos artesanos del siglo XX en el ámbito de las macetas para bonsái. Recientemente fallecido, Kouichirou estuvo al frente del horno Koyo Toen (鴻陽陶園) durante varias décadas, consolidando su reputación como maestro de formas refinadas y acabados de notable sutileza. Nacido el 26 de julio de 1944, Aiba Kouichirou fue hijo de un alfarero perteneciente a una familia dedicada tradicionalmente a la producción de tiestos utilitarios y vajilla de uso cotidiano. El horno original fue fundado por su abuelo, pero sería Kouichirou quien, a comienzos de los años 70, marcaría un nuevo rumbo: construyó un nuevo horno, rebautizó el taller familiar como Koyo Toen —“el jardín de Koyo”— y comenzó a especializarse en la creación de macetas para bonsái. Esta decisión, lejos de ser un simple giro estético, definió un legado artístico que aún hoy inspira a ceramistas y coleccionistas por igual. Koyo en su juventud y algunos de sus sellos más reconocibles. En 1972, Aiba Kouichirou fue galardonado en la categoría de técnica y diseño durante la primera edición de los Premios Chouza, distinción que subraya su maestría tanto en el modelado como en el acabado de sus piezas. Años más tarde, en 1981, recibió el Premio Estímulo en el primer concurso de diseño, consolidando así su reconocimiento dentro del ámbito cerámico japonés. La proyección de su obra no se limitó a Japón. Sus macetas han sido altamente valoradas en mercados internacionales como Europa, Estados Unidos y China, lo que ha contribuido a una constante revalorización de su producción, especialmente a partir de su fallecimiento. En particular, las piezas firmadas con los sellos utilizados en sus primeros años son hoy objeto de gran interés por parte de coleccionistas exigentes, tanto por su rareza como por su carga histórica y estética. Esmaltes que han conquistado el mundo Los esmaltes de Aiba Kouichirou, a los que dedicó una atención minuciosa y constante, son uno de los rasgos más distintivos de su obra. Su sensibilidad hacia los detalles —desde los matices del vidriado hasta la precisión en los acabados— lo distingue claramente dentro del panorama cerámico de Tokoname. Aunque también realizó piezas sin esmaltar, suibanes y otras formas menos frecuentes en su producción, es sin duda su trabajo con esmaltes metálicos lo que ha cimentado su renombre. Entre ellos, su tratamiento del Oribe, tanto en sus variantes verdes como azules, ha sido especialmente celebrado. No son pocos quienes consideran que sus resultados en este campo alcanzan una calidad comparable a la de Heian Tofukuji, una figura legendaria dentro de la cerámica para bonsái. Soberbia maceta rectangular de Aiba Kouichirou, parte de la colección Laos Garden, que ejemplifica la maestría del ceramista en el equilibrio entre forma y esmalte. Con unas dimensiones de 49,1 × 36 × 9,6 cm, esta pieza destaca por su vidriado en verde Oribe, cuya profundidad cromática revela sutiles matices que dotan a la obra de una personalidad única e irrepetible. Otra pieza excepcional del maestro Aiba Kouichirou, esta maceta Oribe —también parte de la colección Laos Garden— presenta unas dimensiones de 35,8 × 28,3 × 11,3 cm. Su vidriado, salpicado ocasionalmente por sutiles cristalizaciones de tono plateado o metálico, introduce un juego de matices vibrantes que realzan tanto la forma como el carácter único de la pieza. Un ejemplo elocuente de la sensibilidad estética y la pericia técnica que definen la obra del ceramista. Además del Oribe, su repertorio incluye degradados sutiles hacia tonos amarillos, rojizos o blancos, así como elegantes craquelados y macetas con delicados motivos tallados. Una selección significativa de estas piezas puede apreciarse en el artículo que dedicamos a su hijo y continuador del linaje, Juko. Otra distinguida maceta rectangular de Aiba Kouichirou, perteneciente a la colección Laos Garden, con unas dimensiones de 37,5 × 28,5 × 10 cm. Su esmalte azul Kinyo (o Kin) despliega una rica gama de matices que aportan profundidad visual y un carácter singular, elevando la pieza a la categoría de obra única dentro del repertorio del maestro. Espectacular maceta de Aiba Kouichirou, tamaño chuhin, con un llamativo esmalte con base en azul y tonalidades moradas y rosas. Medidas: 47,5 x 36,5 x 12,2 cm. Archivo Laos Garden. Gran ejemplar de carpe coreano, en maceta japonesa antigua Koyo. Excelente ramificación, movimiento y conicidad. Colección Laos Garden Aiba Kouchirou, su esposa Aiba Kouso e hijo Aiba Kutani. Las macetas de Aiba Kouichirou fueron, en su mayoría, elaboradas a mano, aunque en ocasiones recurrió a otras técnicas tradicionales de conformado. Dentro de su producción, los tamaños shohin y chuhin fueron los más habituales, reflejando su dominio en las proporciones delicadas y equilibradas que estos formatos requieren. Delicadas macetas shohin del horno Koyo Toen, presentadas en tonalidades menos frecuentes dentro de la obra del taller: un rojo intenso y un púrpura claro, realzado con un glaseado de notable profundidad y brillo. Estas piezas destacan no solo por su cromatismo poco frecuente, sino también por la sensibilidad con la que se ha trabajado cada superficie, reflejo del refinamiento técnico característico de la firma. La excelencia de Koyo Toen no reside únicamente en sus esmaltes. Sobria maceta ovalada sin esmaltar, realizada en una pasta de tonalidad grisácea con un acabado rugoso (ara) que acentúa su carácter natural y austero. Con unas medidas de 40 × 29,4 × 5,9 cm, esta pieza forma parte de la colección Laos Garden y ejemplifica la maestría de Kouichirou en el uso expresivo de la textura y el material, evocando la sobriedad de las antiguas macetas de estilo clásico. Para su elaboración empleó principalmente arcillas shudei y Tokoname udei, con el propósito de emular el acabado y la textura de las antiguas macetas chinas de shidei púrpura (紫砂). Estas pastas, seleccionadas con criterio estético y técnico, aportan no solo color y densidad, sino también una calidad táctil que remite a los grandes clásicos de la cerámica para bonsái. Si deseas profundizar en

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Juko portada Laos Garden

Pasión por la cerámica IX. Juko de Koyo Toen.

El Legado de Koyo Toen Continuando con nuestra serie dedicada a los autores dedicados a la cerámica para bonsái, no podíamos dejar de mencionar uno de los hornos más emblemáticos de Tokoname, cuna de algunas de las piezas más apreciadas por coleccionistas y cultivadores exigentes. Nos referimos a Koyo Toen, un taller con historia y carácter, fundado en 1969 y reconocido por ofrecer una de las paletas de esmaltes más refinadas de la región. Su obra ha cautivado tanto por la calidad técnica como por la expresividad cromática, convirtiéndose en una referencia para quienes valoran la armonía entre árbol y recipiente. Durante décadas, el taller estuvo bajo la dirección de Aiba Kouichirou, maestro ceramista recientemente fallecido, cuya sensibilidad artística dejó una huella imborrable. Hoy, su legado continúa en manos de su esposa e hijo, quienes mantienen viva la esencia de Koyo Toen con el mismo compromiso y cuidado artesanal. La proyección internacional del taller, lograda en buena parte gracias a sus distintivos esmaltes, sigue creciendo, consolidando su lugar en la historia de la cerámica para bonsái. Aiba Kuniaki, Juko Juko, Aiba Kuniaki Aiba Kuniaki, hijo del maestro Aiba Kouichirou, nació en 1973 y recientemente ha asumido la responsabilidad del taller familiar, adoptando el nombre artístico de Koyo Juko, también conocido como Juko San. Junto a su madre, Aiba Kouso, lidera hoy el horno Koyo Toen, guiándolo con una visión que respeta la tradición mientras impulsa una producción renovada y ambiciosa. Bajo su dirección, el taller no solo mantiene el estándar de excelencia que lo ha hecho célebre, sino que además amplía su alcance, reafirmando el compromiso con la cerámica de calidad y con la belleza singular que distingue a las mejores macetas de Tokoname. Con Juko en su fantástico taller A las puertas entrada de Koyo Toen Los Tres Grandes de Tokoname: Una nueva generación de maestros Aiba Kuniaki forma parte de un distinguido trío de ceramistas de Tokoname dedicados exclusivamente a la creación de macetas para bonsái. Junto a Hidemi Kataoka y Shimizu Hideaki —más conocido por su nombre artístico, Eimei—, ha sido reconocido como uno de “The Big Three”, una denominación que honra tanto su talento como su dedicación al oficio. Esta nueva generación sigue los pasos de una estirpe excepcional: los padres de estos tres artistas marcaron un hito en la cerámica de bonsái en Japón. Aiba Kouichirou, al frente de Koyo Toen; Yoshimura Shuuhou, de Yoshimura Toen y padre de Hidemi; y Shimizu Masakazu, fundador de Youzan Toen y padre de Eimei, fueron referentes absolutos en su época. Aunque Juko, Hidemi y Eimei trabajan en talleres independientes, los une una amistad profunda y una trayectoria que han desarrollado en paralelo. Han compartido exposiciones en reconocidas galerías de Tokoname, consolidando así no solo una identidad común, sino también un compromiso compartido con la excelencia y la evolución de la cerámica para bonsái De izquierda a derecha: Juko (Koyo Toen), Eimei (Youzan Toen) y Hidemi Kataoka (Yoshimura Toen). Aiba Kouso: El ritmo constante de un taller en plena actividad Junto a su madre, Aiba Kouso, Juko mantiene una dedicación constante al taller Koyo Toen. Ambos trabajan con esmero para mantener actualizadas las páginas del catálogo oficial de Tokoname, una herramienta fundamental para la distribución de sus piezas. A través de este catálogo, mayoristas y grandes almacenes —como el conocido complejo Ceramall, entre otros repartidos por todo Japón— realizan sus pedidos, lo que asegura un flujo de trabajo continuo a lo largo del año. Además de la venta por catálogo, Koyo Toen participa regularmente en ferias especializadas de bonsái y ofrece algunas piezas directamente en su taller. Sin embargo, debido a la alta demanda y la naturaleza artesanal de su producción, lo que suele quedar disponible para la venta directa es limitado y, en muchas ocasiones, efímero. Aiba Kouso y una de sus piezas.  Las piezas de Aiba Kouso son tan delicadas como discretas son sus apariciones públicas. De carácter reservado, no es habitual verla en fotografías, por lo que contamos con pocas imágenes suyas. Sin embargo, su trabajo en el taller Koyo Toen es fundamental, y sus macetas reflejan una sensibilidad única que complementa perfectamente la obra de su hijo, Juko. Junto a sus colegas y amigos Eimei y Hidemi, Juko y su madre también comercializan sus piezas a través de una pequeña tienda en Tokio, especializada en cerámica para bonsái y con envíos a nivel internacional. Esta plataforma ha impulsado aún más su enfoque en macetas de tamaño shohin, particularmente valoradas por su expresividad contenida y sus cuidados esmaltes. Rincones del taller Koyo Toen El taller de Koyo Toen refleja el orden y la dedicación que caracterizan a sus artesanos. En su espacio de trabajo, limpio y cuidadosamente organizado, se percibe la meticulosa labor que da vida a cada pieza. Entre estanterías que exhiben ejemplos de sus magníficos esmaltes, destaca la presencia de un simpático tanuki de cerámica, un guiño tradicional que añade calidez y personalidad al entorno. Cada rincón del taller transmite respeto por el oficio y pasión por la cerámica. El lujo de los esmaltes de la casa El término Shiro hace referencia a los tonos crema o blancos utilizados en el esmaltado de macetas. Dentro de este espectro cromático, existe una denominación más específica que proviene de una región histórica de China reconocida por la producción de este tipo de esmaltes: Kochi. Así, cuando nos referimos a macetas esmaltadas en estos tonos suaves y luminosos, es habitual emplear la expresión Shiro Kochi, evocando tanto el color como la tradición que lo inspira. En la fotografía una maceta rectangular con esmalte blanco de la casa. Colección Laos garden.  Entre los esmaltes más reconocidos y apreciados de Koyo Toen destaca el Oribe, ese inconfundible verde profundo que se ha convertido en una auténtica seña de identidad del taller. Su superficie, salpicada ocasionalmente por cristalizaciones plateadas o metálicas, añade un matiz vibrante que realza la forma y el carácter de cada maceta. Un bello ejemplo es una pequeña pieza shohin con patas de nube, presentada en

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Portada Yamafusa Laos Garden

Pasión por la cerámica VIII. Yamafusa

El horno Yamafusa. Yamafusa, Koie Seitosho / 4ª generación Hoy tenemos el gusto de dedicar este artículo a uno de los talleres más valorados por los aficionados al bonsái, especialmente por quienes cultivan especies caducas. Las formas clásicas, una limitada pero selecta paleta de esmaltes de gran calidad y unos precios aún razonables hacen de sus macetas una elección equilibrada entre estética y funcionalidad. Hablamos del horno Yamafusa, dirigido por los ceramistas Takehiko y Housyu en la histórica ciudad de Tokoname. A lo largo del tiempo, este taller ha sido mencionado con distintas transcripciones —como Yazufusa o Kazufusa—, pero hoy es reconocido de forma unánime como Yamafusa. Detrás del nombre se encuentra Koie Takehiko, su figura más destacada. La especialidad de Yamafusa son las macetas esmaltadas, cuya calidad y profundidad cromática son verdaderamente notables. Cada esmalte revela matices sutiles que recorren suavemente la superficie de la pieza, dando lugar a recipientes que no solo acompañan al árbol, sino que lo realzan con sobria elegancia. Las macetas sin esmaltar, por su parte, son excepcionales y escasas dentro de su catálogo, lo que las convierte en piezas particularmente apreciadas por los coleccionistas. Piezas inusuales dentro de la producción de este reconocido horno, las macetas sin esmaltar de Yamafusa son verdaderas joyas para coleccionistas. Suelen llevar el característico sello cuadrado. Koie Takehiko: tradición, técnica y sensibilidad en la cerámica de bonsái Koie Takehiko representa la cuarta generación de la casa Cerámica Koie, fundada en 1904. Más de un siglo después, el taller continúa con vigor, sostenido por un legado que ha sabido adaptarse sin perder su esencia. Para Takehiko, preservar la historia familiar no es solo una cuestión de continuidad, sino un acto de respeto hacia la tradición. Se mantiene fiel a la línea de producción heredada de su abuelo, elaborando el mismo tipo de macetas que han acompañado a generaciones de cultivadores de bonsái. Su mayor destreza reside en el dominio del método tatara, una técnica de moldeado que permite producir macetas en serie con formas clásicas y estables. No busca innovar en la silueta de sus piezas; cree firmemente que estas formas, probadas por el tiempo, son las que mejor sirven al propósito del bonsái: enmarcar sin imponerse, acompañar sin distraer. Su objetivo es claro: crear macetas que realcen la armonía del conjunto y que se integren con naturalidad en una gran variedad de estilos y especies. Desde hace tres décadas, Takehiko ha ido consolidando un estilo reconocible también por el uso de esmaltes vivos y cuidadosamente controlados. A pesar de su precisión técnica y la aparente previsibilidad de los resultados, confiesa que cada apertura del horno sigue siendo un momento de emoción. Esa mezcla de expectativa e ilusión lo acompaña aún hoy, como el primer día. Horno Yamafusa a pleno rendimiento En nuestra primera entrega sobre esmaltes en la cerámica de bonsái, nos adentramos en aquellos tonos que han perdurado en el tiempo por su belleza y armonía con el árbol. Como hilo conductor, tomamos la delicada paleta de colores que el horno Yamafusa ofrecía en su antiguo catálogo de Tokoname, una guía silenciosa del gusto y la tradición.Puedes leer ese artículo aquí: Esmaltes de Bonsái I: los más frecuentes Takehiko: “Concibo la forma del cuenco que quiero hacer, luego lo moldeo y lo pongo en el horno, pero la emoción y la alegría es el momento en que el trabajo que imaginé, sale del horno terminado. Es el mayor placer de hacer ollas”. (Tokoname.jp) Junto a Takehiko firma su mujer Housyu Otorifune quien, al igual que su marido, es una entusiasta de la cerámica y su técnica de modelado y esmaltado no desmerece a la de su esposo. Algunas macetas Yamafusa en Laos´Garden en 2017 Los afamados esmaltes de Yamafusa Colores a elegir de Yamafusa en el catálogo Tokoname Kin o kinyo: Azul claro o azul de  bebé.  Maceta de corte clásico esmaltada en azul claro por Koie Takehico. Medidas: 41 x 30 x 7,3 cm. Colección Laos Garden. Ruri: Azul oscuro Otra maceta de corte clásico esmaltada en azul oscuro por Koie Takehico. Medidas: 36 x 37,4 x 7,2 cm. Colección Laos Garden. Ki o Kii: amarillo. Kina-Kochi es Kochi amarillo o maceta esmaltada en amarillo. Shibakatsu lo ofrecía en su catálogo.  Maceta esmaltada en amarillo por Koie Takehiko. Medidas: 46,8 x 36,4 x 4,2 cm. Colección Laos Garden. Koie Takehico añadía el esmalte namako como disponible dentro de su paleta de colores en el antiguo catálogo Tokoname. Trataremos con profundidad este y otros esmaltes en un futuro artículo. Este esmalte viene de un esmalte chino denominado “Chun”, procedente de Kantón. Para referirse a los azules también se emplea el término “ao Kochi”, para macetas chinas antiguas.  Pequeña maceta con esmalte namako. También procedente del horno Yamafusa, pero en esta ocasión se trata de una creación de Housyu. Medidas: 13,5 x 11 x 2,7 cm. Colección Laos Garden.  Preciosa maceta azul jaspeada de Yamafusa. Este tipo de esmalte se basa en óxido de cobalto. Es de difícil aplicación puesto que puede provocar burbujas en el vidriado, aunque no tiene misterios para Takehiko y Housyu. Colección Laos Garden. Oribe: verde tan característico. En este caso seria más correcto hablar de oribe verde ya que este término, «oribe», indica un tipo de esmalte que no solo produce tonos verdes. Hay «mucha lana que cortar» acerca de este vidriado que tiene su origen en el siglo XVII y del que hablaremos más en profundidad en futuros artículos. Maceta Yamafusa con esmalte de óxido de cobre en cocción oxidante. En cocción reductora este mismo esmalte nos da tonos rojos denominados “sangre de buey”. El carbonato de cobre da tonos similares. Colección LaosGarden. Maceta Yamafusa esmaltada en verde mate jaspeado. La dolomía crea efectos mates combinando calcio y magnesio en esmaltes de alta temperatura. El mismo efecto produce un alto contenido en talco u óxido de cinc. Colección Laos Garden. Shiro es el color crema, hay otra denominación para este tipo de tonos que se tomó de un lugar de China donde se realizaban estos esmaltes. El término es Kochi y

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