Pasión por la cerámica XLII: Nakano Yukizyou del horno Gyozan

Nakano Yukizyou y el horno Gyozan: excelencia contemporánea en la cerámica de bonsái de Tokoname

Una triste despedida

Desde hace algunos meses albergaba el propósito de redactar, en la línea de los artículos dedicados a dar a conocer a los grandes ceramistas de bonsái de Tokoname, un texto consagrado al maestro conocido como Gyozan o Gyouzan. Decidí, no obstante, posponer su publicación hasta la conclusión de la Convención Nacional de Bonsái celebrada en Aranjuez, con la intención de añadir una pequeña sorpresa al lector.

Superada la exposición y dispuesto por fin a dar forma a estas líneas que ahora tiene ante sí, me alcanzó la triste noticia del fallecimiento de nuestro apreciado ceramista, figura venerada por todos los amantes del bonsái. Sirvan, pues, estas palabras como humilde homenaje a su memoria y como expresión de nuestras más sentidas condolencias a su esposa, a sus amigos y a la amplia comunidad de aficionados que hoy lamenta su pérdida.

Con el maestro en nuestra última visita.

La amabilidad de un genio

En numerosas ocasiones tuvimos el privilegio de visitar el horno y la residencia de quien era, quizá, el más distinguido autor vivo de Tokoname. En anteriores publicaciones ya habíamos señalado —al abordar cuestiones como la elección de la maceta idónea para el estilo formal en coníferas— que sus creaciones acompañan con frecuencia a algunos de los ejemplares más sobresalientes exhibidos en las más prestigiosas exposiciones de bonsái, entre ellas la célebre Exposición Kokufu.

Mostrando los espectaculares acabados de sus obras. 

Este hecho reviste especial significación si se tiene en cuenta que en tales certámenes suele privilegiarse el empleo de piezas cuya pátina ha sido ennoblecida por el paso del tiempo: antiguas macetas chinaskowatari, nakawatari o shinwatari— o bien obras de insignes ceramistas japoneses ya desaparecidos, como Tōfukuji, Ryuen o Syuzan. Que las creaciones de un autor contemporáneo compartieran ese espacio tradicionalmente reservado a piezas históricas constituye, sin duda, un reconocimiento elocuente de su excelencia artística y de la profundidad de su legado.

Una muestra de macetas Gyozan en Laos Garden en 2018

La madurez de una obra singular

Si algo caracteriza la obra de Gyozan es la sobriedad y la fuerza de sus macetas sin esmaltar. En ellas buscaba una relación directa y armoniosa con el árbol, sin colores que distrajeran la mirada. Confiaba plenamente en la textura, las proporciones y la calidad del barro.

Trabajó diferentes tamaños, desde los pequeños shohin y medianos chuhin, pero fue en las piezas de gran formato donde su estilo alcanzó su mayor expresión. Sus macetas para bonsáis omono e incluso hachi-uye destacan por su equilibrio entre solidez y elegancia, logrando una presencia imponente sin perder refinamiento.

Conjunto excepcional de doce macetas realizadas íntegramente a mano por Yukizyou o Yukizou (según transcripción) Nakano. Todas las piezas están firmadas y se presentan en una caja de madera hecha a medida (kiribako), también firmada. Cada maceta se acompaña de su tradicional paño protector (taoru). La caja mide 37,8 × 49,7 × 17,4 cm.

Existen únicamente tres conjuntos como este en el mundo. Fueron elaborados hace más de treinta años y este es el único actualmente disponible y está en Laos Garden, ya que los otros dos pertenecen a coleccionistas japoneses.

El conjunto está compuesto por nueve macetas sin esmaltar y tres esmaltadas, todas ellas firmadas y modeladas a mano. Como referencia de tamaño, la maceta esmaltada en amarillo (kii) mide 17 × 14,4 × 6,8 cm.

Espectacular maceta de 61 x 45 x 22,5 cm. Colección Laos Garden.

Para conocer con más detalle los distintos tamaños de las macetas de bonsái, puede consultarse el artículo que hemos dedicado específicamente a este tema.

Dos imágenes cedidas por Nakano Yukizou, procedentes de su perfil personal de Facebook.

En la imagen superior —o a la izquierda, según el dispositivo— aparece el maestro culminando una gran obra mediante el método himozukuri, técnica sobre la que profundizaremos más adelante.

En la segunda imagen —inferior o a la derecha— se le puede ver a la edad de 79 años sosteniendo una pieza terminada de 97 cm de longitud, realizada con su característica pasta denominada Akebono, en la que también nos detendremos con mayor detalle a continuación.

Vocación, aprendizaje y la búsqueda del fuego vivo

Nakano Yukizyou nació en 1940, en un tiempo convulso que ya evocamos al tratar el periodo de las macetas shinwatari. Su infancia quedó inevitablemente marcada por uno de los episodios más dramáticos del siglo XX: los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, llevados a cabo los días 6 y 9 de agosto de 1945 con las bombas Little Boy y Fat Man. Cuando aquellos acontecimientos precipitaron la rendición de Japón, el pequeño Nakano contaba apenas cinco años.

Le aguardaba una niñez y una juventud condicionadas por las dificultades de la posguerra, en un país derrotado y profundamente herido. Sin embargo, al igual que la nación que lo vio crecer, supo sobreponerse con determinación y entereza. Forjado en la adversidad, desarrolló un carácter firme y perseverante que le permitió avanzar sin resentimiento. No debió de ser un camino fácil, pero quienes lo conocimos coinciimos en que aquellas circunstancias no endurecieron su ánimo, sino que templaron su espíritu y consolidaron la serenidad que más tarde se reflejaría en su obra.

El interés de Gyozan por la cerámica nació en el seno familiar, motivado por la influencia de su cuñado, quien también se dedicaba a la elaboración de macetas. Con el propósito de perfeccionar su formación, realizó un aprendizaje de seis meses bajo la tutela del maestro Kazan Hisada (佳山久田), reconocido especialista en la fabricación de macetas mediante moldes ishikomi (石膏型), dentro de la tradición del horno Keizan.

plancha Laos Garden

Plancha destinada a la confección de macetas mediante la técnica Oshi-gata, en el horno Kakuzan de Tokoname (imagen superior o situada a la izquierda).

Moldes de yeso Ishikomi, pertenecientes a la casa Seizan Reiho (imagen inferior o ubicada a la derecha, según el dispositivo).

Durante este periodo profundizó en la técnica Oshi-gata (押し型), que consiste en presionar planchas de arcilla de grosor uniforme sobre moldes de yeso.

Maceta de Nakano Yukizou, elaborada en pasta grisácea Hachi no doro, confeccionada mediante la técnica Oshi-gata. Sus dimensiones son 45 × 36,4 × 10,7 cm.
Pieza perteneciente a la colección Laos Garden.

Dichas planchas se elaboran con la ayuda de una herramienta denominada tatara —originariamente simples tablillas de madera—, término que, de manera significativa, da nombre también a otro proceso constructivo sin moldes. En este último, la maceta se conforma ensamblando directamente las planchas de arcilla, técnica conocida como Tatara o Tatarazukuri, que Gyozan adoptará más adelante, como veremos a continuación.

De la dificultad a la virtud: la conquista de la independencia artística y la evolución de su método cerámico

Gyozan permaneció trabajando junto a su maestro hasta que la enfermedad de este puso fin a aquella etapa, circunstancia que, a su vez, le abrió la oportunidad de establecer su propio taller. Fue allí donde también cultivó su pasión por el bonsái, con una especial predilección por el cultivo de pinos, árboles que marcarían profundamente su sensibilidad estética.

A pesar de haber recibido una formación inicial, siempre se ha considerado, ante todo, autodidacta. Durante más de cincuenta años de dedicación ininterrumpida, ha pulido su técnica con una disciplina férrea, apoyándose en la práctica constante, la experimentación y un aprendizaje que nunca se detiene. Nunca temió al error; al contrario, lo abrazó como parte indispensable del proceso creativo, como ese punto de fricción del que surge el verdadero avance.

En ese camino, el cultivo de sus árboles ha sido decisivo. Cada maceta que crea nace con un propósito claro: ofrecer a los bonsáis un entorno óptimo de vida. Cuando una pieza sale del horno, comienza un ritual que repite sin excepción. Sumerge la maceta en agua y observa con atención si el aire se libera a través de sus paredes. Después la deposita a la sombra y analiza, durante horas, su secado y su permeabilidad. Solo cuando comprueba que la pieza “respira” como debe, la da por terminada.

Esa meticulosidad ha marcado toda su trayectoria: en más de medio siglo, apenas una de sus macetas ha sido devuelta. Un dato elocuente que resume la exigencia casi obsesiva con la que entiende su oficio.

El origen de esa convicción se remonta a muchos años atrás, en Odawara, durante la visita a un cliente. En aquella ocasión, el propietario extrajo un árbol de una maceta realizada por otro artesano y, mostrándosela, sentenció: «Esta maceta es muy húmeda». La frase quedó grabada en su memoria. Comprendió entonces que un recipiente excesivamente húmedo comprometía la salud del árbol, y decidió trazar su propio camino.

Se propuso crear macetas más transpirables, con mayor capacidad de absorción y equilibrio hídrico. Apostó por piezas ligeras, de paredes finas, capaces de calentarse con el sol invernal y favorecer la oxigenación del sustrato. Sin embargo, esa elección implicaba un desafío técnico considerable: cuanto más delgadas las paredes, mayor el riesgo de fractura ante temperaturas bajo cero.

Ahí reside su mayor reto y, al mismo tiempo, la esencia de su maestría: alcanzar el equilibrio perfecto entre ligereza y resistencia. Dar forma a macetas que parecen delicadas, pero que poseen la fortaleza necesaria para perdurar y proteger, durante años, la vida que albergan.

Imágenes capturadas durante nuestra más reciente visita al jardín de Gyozan, un recorrido inspirador entre arte, tradición y naturaleza.

Nakano cultiva discretos árboles en sus preciadas macetas y, para él, las condiciones de porosidad y ventilación no son en absoluto un asunto menor, sino un principio fundamental en el equilibrio entre estética y salud vegetal.

Es en 1972 cuando Gyozan abre su propio taller cerámico. Como ya hemos señalado en otras ocasiones —por ejemplo, en el artículo dedicado a Bigei—, la década de los setenta marcó una etapa dorada, un renacer para Tokoname, que tradicionalmente había sido uno de los seis grandes centros cerámicos del país. La ciudad vivía un auténtico auge: la cerámica para bonsái florecía con fuerza y el mercado, dinámico y mayoritariamente local, sostenía una producción vibrante y especializada.

En aquel contexto, China no suponía una competencia real. La Revolución Cultural, impulsada por Mao Zedong en 1966, restringió de forma severa la actividad artística y artesanal del país. Como consecuencia, sus ceramistas permanecieron prácticamente al margen del escenario internacional hasta comienzos de los años ochenta.

Así, mientras el gigante asiático miraba hacia dentro, Tokoname consolidaba su prestigio y se afirmaba como uno de los grandes epicentros mundiales de la cerámica para bonsái.

Del horno eléctrico al fuego vivo: la transformación hacia el horno de llama

En sus comienzos empleó horno eléctrico y continuó trabajando con moldes, siguiendo las enseñanzas recibidas. Con el tiempo, sin embargo, optó por sustituirlo por un horno de llama. Solía explicar que el horno eléctrico ofrece comodidad y uniformidad, pero también resultados previsibles, con colores homogéneos y sin variaciones. El horno de gas, en cambio, introduce matices sutiles incluso cuando se utiliza el mismo barro, aportando carácter y singularidad a cada pieza. Esa riqueza natural del fuego se convirtió en un elemento fundamental de su obra y en una de las señas de identidad de sus macetas.

Dos imágenes cedidas por Nakano Yukizou, procedentes de su perfil personal de Facebook. 

Sus famosas pastas akebono recién salidas de su horno.

Renovarse para trascender: el arte de evolucionar o desaparecer

Coincidiendo con su transición al horno de llama, sufrió una grave enfermedad que redujo notablemente su fuerza física. Ante el mayor tamaño y peso de los moldes tradicionales, decidió reinventar por completo su forma de trabajar y adoptó dos técnicas distintas para la elaboración de sus macetas:

1. Técnica de planchas o placas (Tatarazukuri), mencionada anteriormente.
Este método permite crear tanto piezas de líneas angulares como formas orgánicas más suaves y fluidas. El proceso puede comenzar con el diseño previo mediante plantillas, a partir de las cuales se cortan con precisión las planchas de arcilla que darán forma a la obra.

Imagen cedida por Nakano Yukizou, procedente de su perfil personal de Facebook. 

Modelado con técnica de planchas Tatarakuri

2. Técnica de cilindros, rollos o colombín (Himozukuri).
Se trata de una técnica de modelado a mano alzada que consiste en formar rollos de arcilla. Estos pueden elaborarse uno a uno conforme se necesitan o prepararse en mayor cantidad y conservarse envueltos en plástico para mantener su humedad. Es recomendable que la pasta contenga entre un 20% y un 30% de chamota, lo que aporta mayor resistencia y estabilidad a la pieza final. Nakano se apoya en una plataforma giratoria para construir y perfilar la maceta, afinando las formas con herramientas de madera o cerámica.

Imágenes de 中野行山 盆栽鉢の作り方 (Youtube)

Desde ese momento, raramente volvió a emplear moldes. Como consecuencia, las piezas realizadas bajo el sistema tradicional se han convertido en obras mucho más escasas y, por ello, especialmente valiosas para los coleccionistas. En Laos Garden tenemos el privilegio de custodiar algunas de estas auténticas joyas, piezas excepcionales que encarnan historia, maestría y pasión por el bonsái.

¿Qué convierte su obra en algo verdaderamente excepcional?

En realidad, ya hemos desvelado algunas de las claves que han convertido sus macetas en auténticos objetos de deseo para coleccionistas y bonsaístas de todo el mundo. El uso del horno de llama, capaz de regalar a las pastas matices irrepetibles; su incansable investigación para crear piezas de paredes finas y porosas, diseñadas para drenar el agua con precisión; y sus técnicas constructivas —marcadas por el Tatarazukuri y el Himozukuri—, desarrolladas a partir de las limitaciones impuestas por su enfermedad.

Sin embargo, aún queda un elemento esencial, la auténtica llave maestra de su éxito. Hablamos de las pastas que emplea en sus obras: la materia prima que, en sus manos, deja de ser barro para convertirse en carácter y textura.

El sello que lo distingue: la inconfundible pasta Akebono

Gyozan concede a las pastas una importancia absoluta. Nunca tiñe la arcilla; en lugar de ello, combina distintos tipos hasta lograr una tonalidad propia e inconfundible: el célebre Akebono de 1976, el «Amanecer Shudei». Sus macetas sin esmaltar o dei-mono se cuecen respetando ese color natural, fruto de una investigación minuciosa sobre la composición de las arcillas y los métodos tradicionales de cocción. Durante años estudió y trabajó en la reproducción de las arcillas presentes en las antiguas macetas chinas, desentrañando sus secretos y generando las primeras pastas Akebono de manera regular a principios de la década de los ochenta.

Elegante maceta rectangular o choho-bachi, realizada por Nakano, que evoca con fidelidad las formas clásicas de las antiguas kowatari. Destaca por la sobria banda (himo) que recorre su cuerpo central, aportando equilibrio y carácter al conjunto.

Con unas medidas de 46,5 × 37,8 × 13,4 cm, está elaborada en pasta Akebono en una de sus tonalidades más oscuras, lo que realza su profundidad cromática y subraya su presencia refinada y atemporal.

El Akebono nace de la mezcla de arcillas ricas en hierro —como la de Tokoname— con otras de menor contenido férrico. En sus comienzos, experimentó añadiendo metales como hierro, cobre, cobalto o manganeso para provocar variaciones cromáticas. Sin embargo, tras consolidar su fórmula, optó por un camino más sutil y complejo: lograr matices de color a través de ajustes precisos en la cocción, dejando que el fuego sea quien dialogue con la materia.

Esa arcilla única, unida a su particular manera de modelarla y hornearla, ha consolidado la reputación de las macetas de Gyozan tanto por la elegancia de sus formas como por la extraordinaria calidad de su barro. Piezas que no solo enmarcan el árbol, sino que realzan su belleza y, con el uso, adquieren con sorprendente rapidez una pátina clásica que las ennoblece aún más.

Otra espectacular maceta rectangular, tipo choho-bachi, firmada por Nakano y elaborada nuevamente en pasta Akebono, esta vez en estilo gaku-iri o gaku-men. El término gaku alude al “marco” que se aprecia en el cuerpo de la pieza, mientras que iri significa “interior”, creando un elegante efecto enmarcado que aporta profundidad y distinción al diseño.

Este tipo de maceta suele emplearse para árboles con troncos descortezados, cuya textura y carácter se ven realzados por la sobriedad estructural del conjunto. Sus medidas son 47,2 × 37,7 × 13,4 cm.

Tanto esta pieza como la anterior forman parte de la colección de Laos Garden.

Si deseas profundizar en las características las arcillas empleadas por los maestros de Tokoname, te invitamos a consultar los siguientes artículos:

Colección Laos Garden

La originalidad de ciertas formas presentes en sus creaciones más recientes, en contraste con los estilos formales que ya hemos señalado, ha otorgado a Yukizou un nuevo impulso en la consolidación de su leyenda. No en vano, se ha convertido en uno de los autores más imitados de Tokoname, especialmente desde 2004, año en que se publicó el compendio de su obra titulado Nakano Gyouzan: Splendor. A 35-Year Journey.

No todo iba a ser cerámica sin esmaltar: el lujo del color

Cuando se habla de Gyozan, lo habitual es pensar en la sobriedad impecable de sus macetas sin esmaltar. Sin embargo, esa imagen, aunque cierta, no cuenta toda la historia. Existe otra vertiente de su obra —quizá menos conocida, pero igualmente seductora— en la que el color y la superficie cobran un protagonismo inesperado.

Imponente maceta firmada por Nakano Yukizou, revestida con un esmalte azul jaspeado que despliega múltiples tonalidades. Los colores se intensifican y se degradan con sutileza a lo largo del cuerpo, creando un efecto vibrante y lleno de profundidad.

Su silueta corresponde a la forma Ken-mokko-gata: una elegante flor de membrillo reinterpretada con delicadas puntas de espada (ken) que recorren el contorno del labio, aportando dinamismo y carácter a la pieza.

Con unas dimensiones de 51 × 40,5 × 9,6 cm, esta maceta forma parte de la colección de Laos Garden.

En las  piezas esmaltadas del horno, el acabado deja de ser un mero recurso estético para convertirse en un auténtico territorio de investigación. Cada tonalidad, cada matiz y cada variación surgida del horno revelan una comprensión profunda del fuego y de la materia. Lejos de limitarse a embellecer la forma, el esmalte introduce nuevas capas de equilibrio, textura y profundidad visual, ampliando el lenguaje expresivo del maestro con una audacia sutil y perfectamente medida.

Maceta de forma singular elaborada con la técnica de planchas o Tatarakuri, firmada por Yuuji, la segunda generación de Gyozan. Formado desde sus primeros años en el taller familiar, Yuuji continúa la influencia y el legado de su padre, siendo reconocido como su principal heredero. En un próximo artículo hablaremos más en detalle de Yuuji y de Nakano Eiko, la esposa de Gyozan.

Volviendo a la pieza: su esmalte verde azulado despliega un amplio abanico de matices, visibles tanto en el cuerpo de la maceta como en el delicado adorno vegetal en bajorrelieve que la decora. Con unas medidas de 44,5 × 36 × 11,5 cm, forma parte de la colección de Laos Garden.

Fue a partir de los sesenta años cuando amplió conscientemente su horizonte creativo y comenzó a producir macetas esmaltadas, así como piezas decoradas con incrustaciones y delicadas tallas. Estas obras, mucho menos frecuentes dentro de su producción, resultan especialmente codiciadas y difíciles de encontrar en el mercado. Fiel a su espíritu investigador, también en los esmaltes busca provocar variaciones sutiles mediante el juego con la cocción, permitiendo que el horno aporte carácter y singularidad a cada pieza. Hemos presentado una pequeña muestra representativa de esta faceta menos conocida.

El esmalte amarillo de esta maceta de Nakano refleja con honestidad el paso del tiempo. Lejos de ocultarlo, lo incorpora como parte de su belleza: las sutiles variaciones y patinas que han ido apareciendo en la superficie hablan de uso, de vida y de madurez.

De corte formal y proporciones equilibradas, la pieza se apoya sobre patas cortadas, curvadas y ligeramente afiladas, una elegante interpretación de las tradicionales kiri-ashi o patas rectas, que aportan elegancia sin romper la sobriedad del conjunto.

Sus dimensiones son 43,5 × 32,7 × 11 cm. Forma parte de la colección de Laos Garden.

Muy pronto: nuevos secretos por descubrir

Con este artículo hemos querido rendir homenaje a la vida y la trayectoria del gran maestro Nakano Yukizou (Gyozan), una figura imprescindible en la historia de la cerámica para bonsái. Esperamos que este recorrido por su obra y su legado haya sido tan inspirador para vosotros como lo ha sido para nosotros al prepararlo.

En nuestra próxima entrega nos adentraremos en los misterios que rodean la figura de Yuuji, exploraremos las distintas leyendas —ciertas o no— que circulan en torno al horno Gyozan y pondremos el foco en Eiko, esposa de Nakano, cuya colaboración fue decisiva en las decoraciones en relieve y en las piezas pintadas.

También hablaremos de sellos y falsificaciones, y analizaremos con mayor profundidad el taller y la obra de Gyozan, desentrañando detalles que nos permitirán comprender aún mejor la dimensión de su maestría.

Y como broche final, desvelaremos la sorpresa que anunciábamos al comienzo del artículo. Presentaremos la historia de un ceramista nacional que compartió barro y horno con Gyozan, y que tuvo el privilegio de aprender sus técnicas directamente del maestro, absorbiendo de primera mano su saber, su método y su filosofía de trabajo.

Créditos:

Tokoname.or.jp. Gyozan

Gyozan, Nakano Yukizou. Bijutsu Bonkei.

Gyouzan: Pots by Nakano Yuuji and Yukizou, Japanese Bonsai Pots Blog.

Nakano Gyozan, “TATARAZUKURI” y “HIMOZUKURI”. (Youtube). 

Nakano Gyouzan: Splendor. A 35-Year Journey

Cerámica. Marilyn Scott.

Técnicas del bonsái. Jhon Yoshio Naka. 

Fotos Japón: Yoshihiro Nakamizu y Antonio Richardo.

Archivo y colección Laos Garden.

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