Botrytis: el hongo de los invernaderos
Botrytis: el hongo de los invernaderos. Imagen generada de un ficus infectado de botrytis y un ficus en perfecto estado de salud perteneciente a la colección Laos Garden Continuamos con nuestra serie de artículos dedicados a las enfermedades causadas por hongos en los bonsáis. Tras hablar del repilo del olivo, una patología muy común en esta especie, en esta ocasión vamos a centrarnos en uno de los hongos más conocidos y extendidos en los cultivos de bonsái: Botrytis cinerea, también llamado moho gris. La botrytis en bonsáis es una enfermedad especialmente frecuente en invernaderos y cultivos de interior, aunque también puede aparecer en bonsáis cultivados en exteriores cuando las condiciones no son las adecuadas. Uno de los aspectos que más dificulta su control es que sus síntomas pueden variar mucho, lo que hace que en algunos casos pase desapercibida en sus primeras fases. Al igual que ocurre con otras enfermedades fúngicas, como el mencionado repilo del olivo, la botrytis se desarrolla con mayor facilidad cuando existe una humedad ambiental elevada, temperaturas suaves de entre 20 y 25 °C, y una ventilación deficiente. A todo ello se suma un mal drenaje del sustrato, que mantiene las raíces constantemente húmedas y favorece la aparición del hongo. Exteriores de los invernaderos en las instalaciones de Laos Garden Estas condiciones propician el desarrollo de mohos que pueden llegar a secar parte de la ramificación más fina, debilitando seriamente al árbol. Es habitual encontrar botrytis en especies de bonsái muy populares como carmonas, ficus u olmos, que aunque son árboles resistentes, pueden verse afectados si se cultivan en espacios poco aireados o con exceso de humedad. Detectar a tiempo la botrytis y corregir las condiciones de cultivo es clave para mantener nuestros bonsáis sanos y vigorosos. En Laos Garden recomendamos como bonsái de interior únicamente el Ficus retusa y algunas de sus variedades. Esta recomendación es válida siempre que las condiciones en el interior sean adecuadas: una correcta ventilación, una buena iluminación natural y la ausencia de fuentes directas de calor. Asimismo, se recomienda evitar el uso de platos bajo las macetas. En caso de utilizarlos, es fundamental retirar el agua sobrante tras el riego, ya que el exceso de humedad favorece la asfixia radicular y la pudrición de las raíces. Además, la presencia del plato reduce de forma significativa la ventilación del sistema radicular, un factor esencial para la correcta salud de la planta. Las macetas destinadas al cultivo de bonsái deben incorporar patas elevadas, que permitan una adecuada aireación del sistema radicular, así como orificios de drenaje amplios y bien diseñados, por los que el agua pueda evacuarse correctamente. Como ejemplo, mostramos una maceta japonesa para bonsái de la casa Bunzan, de Seto, perteneciente a la colección Laos Garden, que reúne estas características esenciales. El entorno ideal para su cultivo son los invernaderos fríos, como los que mostramos en las imágenes de nuestro establecimiento, ya que reproducen de forma más fiel las condiciones que este tipo de bonsái necesita. Otras especies que suelen comercializarse como bonsáis de interior o semitropicales —como las carmonas, los olmos y similares— en realidad no se adaptan de forma estable a estos entornos. En la práctica, solo el ficus mantiene un desarrollo saludable y constante en interior, siempre que se respeten las condiciones mencionadas. Vista interior de nuestros invernaderos durante el invierno, donde especies como los ficus y los olivos se mantienen protegidos de las heladas, garantizando su correcta conservación durante los meses más fríos. Desde el punto de vista botánico, incluso especies comúnmente utilizadas como plantas de interior, como los ficus, presentan un desarrollo óptimo en condiciones de exterior. El concepto de “árbol de interior” no existe como categoría biológica, sino que responde a una adaptación forzada a entornos controlados. La correcta ubicación de cada ejemplar depende fundamentalmente de su capacidad de adaptación a las condiciones climáticas locales. En Las Rozas de Madrid, donde se localiza Laos Garden, el clima es mediterráneo continentalizado, caracterizado por inviernos fríos con riesgo de heladas. Aunque en los últimos años estas heladas tienden a ser más breves y menos intensas, especies sensibles a las bajas temperaturas —como Ficus spp. u Olea europaea— requieren protección frente al frío durante los meses invernales más severos. El ejemplo muestra un ficus de gran porte que se mantiene en interior durante el periodo de mayor riesgo térmico y se traslada al exterior el resto del año, favoreciendo así un crecimiento más equilibrado y acorde a sus requerimientos fisiológicos. Impresionante ficus de gran porte. Colección Laos Garden Para ampliar información sobre los diferentes tamaños de macetas de bonsái, haz clic en el enlace. La infección En estos ambientes húmedos y poco ventilados el hongo responsable de esta enfermedad desarrolla su micelio en el interior de los tejidos vegetales, lo que dificulta su detección en las fases iniciales. La infección comienza cuando las esporas, o pequeñas masas de micelio con capacidad infectiva, entran en la planta a través de heridas, estomas u otras zonas sensibles. Una vez que el bonsái ha sido colonizado, el micelio se expande progresivamente por el interior, provocando la descomposición de las células vegetales y debilitando los tejidos afectados. Cuando las condiciones ambientales son favorables, especialmente con niveles elevados de humedad relativa, el hongo inicia la fase de esporulación. Durante este proceso se forman estructuras visibles en el exterior de la planta que producen y liberan nuevas esporas, facilitando la propagación de la enfermedad. Estas estructuras pueden aparecer sobre hojas, flores y tallos, por lo que la botrytis puede llegar a afectar a prácticamente todas las partes del bonsái si no se controla a tiempo. Ramas de pinos con la enfermedad muy avanzada. Síntomas de la botrytis en bonsáis Los síntomas de la botrytis en bonsáis pueden variar notablemente según la especie afectada y las condiciones de cultivo. En las fases iniciales es habitual observar la aparición de zonas amarillentas en las hojas más jóvenes, que suelen presentar deformaciones, irregularidades o pequeños abultamientos. Estas fases iniciales de la enfermedad no deben confundirse
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