Pasión por la cerámica XII: Bigei y cultura japonesa. Apicultura.
Bigei en su juventud y sellos más frecuentes Bigei: el hombre tras el mito En torno a Bigei circulan más de una anécdota incierta. Algunas nacen del desconocimiento, otras quizás por simple confusión. Lo han rebautizado, lo han retirado y hasta lo han dado por muerto… pero no: Bigei sigue activo y trabajando, tan vivo como sus piezas. También se ha dicho que solo crea macetas completamente a mano o que se ha alejado por completo del torno. Ninguna de estas afirmaciones es del todo precisa. La realidad, como suele ocurrir, es mucho más interesante que la leyenda. Y luego están las falsificaciones. Durante años —aunque ahora menos— no era raro encontrar en el mercado imitaciones burdas de sus macetas, piezas que intentaban aprovecharse de la fama del auténtico Bigei sin acercarse ni de lejos a su nivel. En el artículo de hoy, nos adentramos en el taller de uno de los ceramistas más enigmáticos de Tokoname para arrojar algo de claridad sobre su figura. Hablamos de Bigei, o más correctamente, Hirata Atsushi (o Atsumi, según la transcripción), un nombre clave en la cerámica para bonsái. Aunque su obra es reconocida dentro y fuera de Japón, curiosamente no ostenta el título oficial de “maestro alfarero”. Y sin embargo, pocos tienen su huella tan presente en las estanterías de coleccionistas y amantes del bonsái. Con el maestro en su taller. A las puertas del taller. Nacido el 25 de septiembre de 1939, Hirata creció en un hogar sencillo, hijo de un carpintero. Sin formación académica en cerámica, se convirtió en alfarero autodidacta, dejando que la curiosidad y la práctica lo guiaran. A los 19 años, en 1958, comenzó a trabajar el torno, y fue allí donde su vínculo con el barro tomó forma definitiva. Una década más tarde, en 1969, empezó a desarrollar sus propias pastas cerámicas, explorando combinaciones que darían como resultado una firma inconfundible: superficies bruñidas y brillantes, con pátinas verdes profundas y vibrantes que parecen emerger directamente del paisaje. Cada una de sus macetas está hecha a mano, o bien a molde de escayola con una atención artesanal que se percibe en cada detalle. Más que recipientes, sus piezas son pequeños mundos que hablan del oficio, la experimentación y una relación íntima con el material. Moldes de escayola y preparación de alguna maceta El fuego sigue encendido Fue en 1975 cuando Bigei encendió por primera vez su propio horno. Tokoname vivía entonces uno de sus grandes momentos: la cerámica para bonsái florecía y el mercado era dinámico y local. En ese escenario, China no representaba una competencia real. La Revolución Cultural, iniciada por Mao Zedong en 1966, limitaba la producción artística y artesanal en el país, lo que mantuvo a sus ceramistas fuera del panorama internacional hasta finales de los años 70. Pero con la apertura progresiva de China en los 80 y 90, la situación cambió radicalmente. Los talleres chinos regresaron al mercado global con una fuerza imparable: producción a gran escala, costes bajísimos y precios difíciles de igualar. La cerámica japonesa, incluida la de Tokoname, sintió el impacto. Muchos hornos tradicionales cerraron sus puertas, incapaces de competir. Sin embargo, la historia no terminó ahí. Con el auge del bonsái en Europa y Estados Unidos, y gracias a proyectos como Laos Garden —que ayudó a dar visibilidad a estas macetas aún poco conocidas en Occidente—, Tokoname volvió a ser un nombre de peso. Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, la demanda de cerámica japonesa renació con fuerza. Hoy, la producción de Bigei es muy limitada. Se podría decir que está semi-retirado: trabaja a su ritmo, para sí mismo y para algunos amigos. Aun así, si tienes la suerte de visitar su taller, probablemente encuentres alguna pieza disponible. Aunque, siendo sinceros, es más fácil hallar su obra en manos de comerciantes locales. Y hay quienes sospechamos que Bigei sigue creando más de lo que admite. Porque cuando uno vive con el barro y el fuego tanto tiempo, es difícil apagar esa llama del todo. Bigei mostrándonos algo de su trabajo Su especialidad fueron las macetas de tamaño shohin y mame, casi siempre sin esmaltar, aunque también creó algunas piezas chuhin. Sus diseños destacan por una elegancia sobria: formas sencillas, pensadas para usarse, no solo para admirarse. Si quieres conocer más sobre los diferentes tamaños de macetas para bonsáis, puedes hacerlo en este enlace. Pequeña maceta shohin imitando un trenzado de cesta. Medidas: 9,9 x 8,4 x 5 cm. Colección Laos Garden Elegante maceta rectangular. Medidas: 24,4 x 19,4 x 6,1 cm. Colección Laos Garden Preciosa maceta chuhin. Medidas: 32 x 32 x 6,2 cm. Colección Laos Garden Si deseas profundizar en las características de estas arcillas y los distintos formatos de maceta, te invitamos a consultar los siguientes artículos: Las pastas en las macetas de bonsái (1ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (2ª parte) Las pastas en las macetas de bonsái (3ª parte) Se jubiló hace varios años, pero retomó la cerámica en 2014, quizá motivado por el aprecio de sus seguidores o con la intención de obtener algún ingreso adicional que complementara su pensión. Desde entonces, se ha dedicado principalmente a la elaboración de macetas mame y shohin sin esmaltar. Por ello, las piezas esmaltadas o de otros tamaños suelen corresponder a etapas anteriores de su producción. Pequeñas macetas esmaltadas de Bigei. Colores: oribe, turquesa, ruri, kii y kinyo. Aproximadamente 12 centímetros. Colección Laos Garden. Para profundizar en el tema de los esmaltes: Los esmaltes en las macetas de bonsái I Los esmaltes en las macetas de bonsái II Los esmaltes clásicos en el taller de Yamafusa Los esmaltes clásicos en el taller de Koyo Toen La evolución de los esmaltes de la casa Yoshimura Shuuhou Más allá de la cerámica: la faceta desconocida de Bigei Además de la cerámica y el bonsái, Bigei cultiva una afición que suele sorprender a quienes lo conocen: la apicultura, de la que es un entusiasta apasionado. Podría pensarse que, debido a este hobby, vive
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