Llegó la hora de la mosca blanca (Primera parte)

Llegó la hora de la mosca blanca
(Primera parte)

Cuando hablamos de la mosca blanca, en realidad nos referimos a un amplio conjunto de insectos cuya acción sobre las plantas provoca síntomas similares a los que producen los pulgones o las cochinillas, de los que ya hemos tratado en otras ocasiones.

A pesar de su nombre común, estas criaturas no pertenecen al orden de los dípteros, como las moscas verdaderas, sino que se engloban dentro de los hemípteros, parientes cercanos de los pulgones y cochinillas, con quienes comparten tanto su biología como su comportamiento parasitario.

Su apariencia puede recordar a la de pequeños mosquitos de la fruta, aquellos que suelen revolotear alrededor de frutas en descomposición, lo que explica la confusión que da origen a su denominación. Sin embargo, desde un punto de vista entomológico, no tienen relación alguna con los insectos conocidos como moscas.

Es habitual encontrar infestaciones de mosca blanca en especies tropicales, especialmente aquellas que requieren temperaturas constantes a lo largo del año. En el mundo del bonsái, especies como el Serissa foetida o el Ligustrum pueden convertirse en huéspedes recurrentes de este insecto, particularmente cuando se dan situaciones de exceso de riego o crecimientos muy vigorosos, condiciones que favorecen notablemente su aparición y desarrollo.

Estupendo ejemplar de ligustrum de la variedad japonesa ibota, de hoja muy pequeña, con excelente tronco, nebari, y estructura. (izquierda o arriba). Interesante ejemplar de serissa, especie apreciada por sus diminutas flores blancas. (derecha o abajo). Ambos pertenecientes a la Colección Laos Garden.

Géneros más presentes en nuestros bonsáis

Actualmente, se conocen más de mil especies de mosca blanca distribuidas por todo el mundo. Se trata de insectos altamente adaptables, que encuentran su ambiente ideal en climas cálidos, especialmente en zonas donde la temperatura se mantiene en torno a los 30 °C. Bajo estas condiciones favorables, su ciclo biológico puede completarse en apenas tres semanas, lo que facilita su rápida proliferación.

Detalle de ejemplar adulto de mosca blanca del ficus.

Mosca blanca de los olivos. Aleurolobus olivinus.

Mosca blanca del ficus. Aleurodicus sp.

Mosca blanca de los cítricos. Dialeurodes citri. 

Mosca blanca de los invernaderos. Trialeurodes vaporariorum.

Mosca blanca de las higueras. Aleyrodes elevatus.

Mosca blanca algodonosa. Aleurothrixus floccosus.

Extraordinario ejemplar de ficus, tamaño kifu. Gran vejez, increíble nebari y ramificación avanzada. Colección Laos Garden. 

Morfología y ciclo reproductivo

Las moscas blancas son insectos que pueden alimentarse de una amplia variedad de especies vegetales. Los adultos, en particular, se sienten atraídos por los tonos verdes y amarillos característicos de las hojas jóvenes, así como por su alto contenido de nitrógeno y azúcares.

La savia elaborada que secretan estas hojas, junto con los desechos excretados por las propias moscas, crea un entorno ideal para el desarrollo de hongos como las negrillas, los cuales agravan aún más el daño causado por la plaga.

negrilla LaosGarden

Aunque la melaza y los hongos asociados pueden eliminarse fácilmente una vez que se controla la población de mosca blanca, estas sustancias continúan atrayendo a un tercer grupo de organismos: las hormigas. Estos insectos, fácilmente observables al ascender por las ramas del árbol, encuentran en la melaza una valiosa fuente de alimento.

No obstante, la presencia de hormigas no suele representar un riesgo significativo para las hojas, ya que los daños que provocan son escasos o inexistentes.

La mosca blanca adulta es un insecto diminuto que no suele superar los 2 milímetros de longitud. Su cuerpo se divide en tres regiones bien definidas: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza se distinguen dos ojos compuestos, generalmente de tonalidades oscuras, que resultan útiles para diferenciar entre especies, ya que su coloración y forma son relevantes en estudios taxonómicos.

También en la cabeza se insertan las antenas, largas y delgadas, compuestas por siete segmentos articulados que le proporcionan gran sensibilidad. El tórax alberga tres pares de patas, mientras que del mismo emergen dos pares de alas de color blanco intenso, recubiertas casi siempre por una sustancia cerosa producida por glándulas situadas en el abdomen. Estas alas se pliegan sobre el cuerpo en reposo formando una disposición en tejadillo, un rasgo distintivo de este grupo de insectos.

El aparato bucal es del tipo picador-suctor, conformado por un estilete articulado que le permite penetrar en los tejidos foliares para extraer la savia elaborada de la planta.

Su ciclo de desarrollo incluye varias fases, comenzando por estadios larvales móviles, seguidos de etapas inmóviles previas a la adultez. A lo largo de este proceso, la mosca blanca experimenta transformaciones que, por su naturaleza morfológica, evocan ciertas semejanzas tanto con las cochinillas como con los pulgones, dos grupos cercanos filogenéticamente.

Espero que este artículo haya sido de vuestro interés. En él, hemos presentado a la plaga protagonista de hoy y analizado en detalle su morfología y ciclo reproductivo.
En el próximo artículo —segunda entrega de esta serie dedicada a la mosca blanca— abordaremos los síntomas que permiten su detección, así como los principales métodos de prevención y erradicación, con especial atención a los productos fitosanitarios disponibles para su control.

Créditos:

Biobee. La Mosca blanca de los invernaderos. 

Plagas y enfermedades de los bonsáis. Juli Pascual Lluís.

Fotos insectos licencia Adobe Stock Laos Garden.

Invesa. Mosca blanca. 

Archivo Laos Garden.

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