Pasión por la Cerámica XLIII: Yuuji y Eiko, la Cara Oculta de Gyozan
La Cara Oculta de Gyozan: Yuuji y Eiko En el anterior artículo de Pasión por la cerámica abordamos la figura del tristemente y reciente desaparecido Nakano Yukizou. Hoy nos adentramos en la parte menos conocida de este horno: la enigmática figura de Yuuji y la discreta —aunque esencial— labor de Eiko. Asimismo, recorreremos con mayor detenimiento el taller de Gyozan, donde Eiko y Nakano siempre nos recibieron con gran amabilidad. Su trato, cariñoso y afable, dejó en nosotros una huella imborrable, por la que les estaremos siempre agradecidos. Gyozan, Hogar y Taller: Un Recorrido Íntimo Antes incluso de cruzar el umbral del taller, la mirada se detiene inevitablemente en el jardín de Nakano. Es un espacio discreto y sereno donde el maestro da rienda suelta a su pasión por el bonsái. Sus árboles, cuidadosamente cultivados aunque todavía poco trabajados en su formación, conviven con plantas de acento y ornamentales que completan el conjunto. Sin embargo, son las macetas —auténticas creaciones del maestro— las que sobresalen con particular fuerza: en ellas se manifiesta de manera más elocuente su talento y su inconfundible sensibilidad artística. La cerámica lo invade todo: macetas para bonsái, recipientes destinados a plantas de acento, peanas, tinajas… Las piezas se alzan y se apilan en modestas estanterías de madera y metal, dispuestas sin un orden aparente, como si aguardaran con silenciosa paciencia el momento de asumir su protagonismo. Algunas reposan superpuestas, en frágil equilibrio; otras se alinean en hileras irregulares; y no faltan aquellas que, apartadas en un rincón, parecen resguardar un temperamento más audaz, acaso más experimental. Los extraordinarios esmaltes, conocidos en japonés como uwagusuri o yuyaku (釉薬), revelan toda su riqueza cromática cuando se contemplan en el exterior, bajo la luz natural. Es entonces cuando matices y profundidades cobran vida, especialmente en acabados tan emblemáticos como el Oribe y el Namako. Dedicaremos a ambos un estudio más detallado en próximos artículos. El denominado Oribe verde (Ao-Oribe) se distingue por su característico vidriado esmeralda aplicado sobre decoraciones realizadas bajo cubierta. El verde, acompañado habitualmente por el blanco, define la identidad visual de este estilo cerámico, cuya inspiración remite a antiguos modelos de tradición china, de tonalidad más suave y uniforme, cercana al celadón. Por su parte, el esmalte Namako (namako-yū) —a veces descrito como “esmalte de pepino de mar”— es uno de los acabados más apreciados en la cerámica japonesa, especialmente en macetas para bonsái y piezas vinculadas al arte del té. Se reconoce por sus profundos tonos azulados o violáceos, salpicados de matices irregulares en blanco, beige o marrón, creando una superficie vibrante y orgánica que evoca la textura marina de la que toma su nombre. Desde el punto de vista técnico, estos esmaltes hunden sus raíces en antiguas tradiciones chinas, particularmente en los célebres vidriados Jun desarrollados entre los siglos XI y XV. En Japón, su adopción y reinterpretación dieron lugar a acabados clásicos que, durante siglos, han vestido macetas inspiradas en modelos antiguos, las llamadas kowatari, perpetuando así una herencia estética de profunda resonancia histórica. Asimismo, podemos apreciar decoraciones y relieves que nos resultan familiares. Este bajorrelieve de dragón es idéntico al de una maceta de la colección Laos Garden que nos acompaña desde hace años, con unas dimensiones de 41,4 × 35,5 × 12,3 cm. Los pequeños detalles son los que cautivan a quienes tenemos el privilegio de visitar al maestro. Las delicadas pastas de la maceta que muestran las fotografías, komo-ashi, constituyen un elocuente ejemplo de ello: en su sutileza material y en la finura de su acabado se revela una sensibilidad que trasciende la mera función para adentrarse en el ámbito del arte. Nakano Yuuji La figura de Nakano Yuuji permanece envuelta en un halo de discreción y misterio. Como ya señalábamos en el artículo dedicado a su padre, en torno a su persona han circulado diversas versiones —entre ellas, la de que no sería hijo, sino yerno, dado que Nakano Yulizou y Eiko tuvieron únicamente hijas—. También se comenta que, tras una fuerte discusión con Yukizou, abandonó la cerámica y en la actualidad se dedica al transporte de mercancias. Más allá de tales conjeturas, lo cierto es que no he tenido ocasión de conocerle personalmente, pues nunca se encontraba en el taller durante nuestras visitas al maestro. Una pieza de Yuuji de porte distinguido y sobria formalidad. La maceta presenta un delicado labio soto-buchi, cuya línea se abre hacia el exterior con una cadencia suave y progresiva, otorgando al conjunto una sensación de armonía y ligereza. Sus proporciones, cuidadosamente equilibradas —41,7 × 34 × 10,2 cm—, refuerzan esa impresión de mesura y elegancia que define la obra. Pertenece a la colección Laos Garden. Otra obra de Yuuji se inscribe en esa misma búsqueda de sobriedad y equilibrio. En este caso, la pieza adopta una refinada forma oval, rematada igualmente por un labio soto-buchi, que se abre con suavidad hacia el exterior y aligera visualmente el perfil. El cuerpo se ennoblece con una discreta banda inferior (obi) que estructura la composición, mientras descansa sobre delicadas patas en forma de nube (komo-ashi), aportando ligereza y un sutil dinamismo al conjunto. Sus proporciones —33,8 × 26,5 × 8,5 cm— mantienen esa armonía tan característica de su autor. Formas y dimensiones que, como puede apreciarse, resultan especialmente versátiles y plenamente adecuadas para realzar una amplia variedad de composiciones. Sin embargo, resulta indudable que la impronta y el legado de Gyozan —cuya influencia se ha dejado sentir de manera notable a lo largo de las últimas décadas en otros autores de Tokoname, en el resto de Japón e incluso más allá de sus fronteras— hallan en Yuuji su cauce natural de continuidad. Formado desde sus inicios bajo su tutela paterna, es reconocido como el principal heredero de su magisterio. Fiel a la filosofía de la «belleza en la utilidad» que define la obra de Gyozan, Yuuji ha sabido, no obstante, afirmar una sensibilidad propia, incorporando matices distintivos tanto en la elección de materiales como en las técnicas de cocción —entre ellas, el uso de un
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