La Cara Oculta de Gyozan: Yuuji y Eiko
En el anterior artículo de Pasión por la cerámica abordamos la figura del tristemente y reciente desaparecido Nakano Yukizou. Hoy nos adentramos en la parte menos conocida de este horno: la enigmática figura de Yuuji y la discreta —aunque esencial— labor de Eiko. Asimismo, recorreremos con mayor detenimiento el taller de Gyozan, donde Eiko y Nakano siempre nos recibieron con gran amabilidad. Su trato, cariñoso y afable, dejó en nosotros una huella imborrable, por la que les estaremos siempre agradecidos.
Gyozan, Hogar y Taller: Un Recorrido Íntimo
Antes incluso de cruzar el umbral del taller, la mirada se detiene inevitablemente en el jardín de Nakano. Es un espacio discreto y sereno donde el maestro da rienda suelta a su pasión por el bonsái. Sus árboles, cuidadosamente cultivados aunque todavía poco trabajados en su formación, conviven con plantas de acento y ornamentales que completan el conjunto. Sin embargo, son las macetas —auténticas creaciones del maestro— las que sobresalen con particular fuerza: en ellas se manifiesta de manera más elocuente su talento y su inconfundible sensibilidad artística.
La cerámica lo invade todo: macetas para bonsái, recipientes destinados a plantas de acento, peanas, tinajas… Las piezas se alzan y se apilan en modestas estanterías de madera y metal, dispuestas sin un orden aparente, como si aguardaran con silenciosa paciencia el momento de asumir su protagonismo. Algunas reposan superpuestas, en frágil equilibrio; otras se alinean en hileras irregulares; y no faltan aquellas que, apartadas en un rincón, parecen resguardar un temperamento más audaz, acaso más experimental.
Los extraordinarios esmaltes, conocidos en japonés como uwagusuri o yuyaku (釉薬), revelan toda su riqueza cromática cuando se contemplan en el exterior, bajo la luz natural. Es entonces cuando matices y profundidades cobran vida, especialmente en acabados tan emblemáticos como el Oribe y el Namako. Dedicaremos a ambos un estudio más detallado en próximos artículos.
El denominado Oribe verde (Ao-Oribe) se distingue por su característico vidriado esmeralda aplicado sobre decoraciones realizadas bajo cubierta. El verde, acompañado habitualmente por el blanco, define la identidad visual de este estilo cerámico, cuya inspiración remite a antiguos modelos de tradición china, de tonalidad más suave y uniforme, cercana al celadón.
Por su parte, el esmalte Namako (namako-yū) —a veces descrito como “esmalte de pepino de mar”— es uno de los acabados más apreciados en la cerámica japonesa, especialmente en macetas para bonsái y piezas vinculadas al arte del té. Se reconoce por sus profundos tonos azulados o violáceos, salpicados de matices irregulares en blanco, beige o marrón, creando una superficie vibrante y orgánica que evoca la textura marina de la que toma su nombre.
Desde el punto de vista técnico, estos esmaltes hunden sus raíces en antiguas tradiciones chinas, particularmente en los célebres vidriados Jun desarrollados entre los siglos XI y XV. En Japón, su adopción y reinterpretación dieron lugar a acabados clásicos que, durante siglos, han vestido macetas inspiradas en modelos antiguos, las llamadas kowatari, perpetuando así una herencia estética de profunda resonancia histórica.
Asimismo, podemos apreciar decoraciones y relieves que nos resultan familiares. Este bajorrelieve de dragón es idéntico al de una maceta de la colección Laos Garden que nos acompaña desde hace años, con unas dimensiones de 41,4 × 35,5 × 12,3 cm.
Los pequeños detalles son los que cautivan a quienes tenemos el privilegio de visitar al maestro. Las delicadas pastas de la maceta que muestran las fotografías, komo-ashi, constituyen un elocuente ejemplo de ello: en su sutileza material y en la finura de su acabado se revela una sensibilidad que trasciende la mera función para adentrarse en el ámbito del arte.
Nakano Yuuji
La figura de Nakano Yuuji permanece envuelta en un halo de discreción y misterio. Como ya señalábamos en el artículo dedicado a su padre, en torno a su persona han circulado diversas versiones —entre ellas, la de que no sería hijo, sino yerno, dado que Nakano Yulizou y Eiko tuvieron únicamente hijas—.
También se comenta que, tras una fuerte discusión con Yukizou, abandonó la cerámica y en la actualidad se dedica al transporte de mercancias.
Más allá de tales conjeturas, lo cierto es que no he tenido ocasión de conocerle personalmente, pues nunca se encontraba en el taller durante nuestras visitas al maestro.
Una pieza de Yuuji de porte distinguido y sobria formalidad. La maceta presenta un delicado labio soto-buchi, cuya línea se abre hacia el exterior con una cadencia suave y progresiva, otorgando al conjunto una sensación de armonía y ligereza. Sus proporciones, cuidadosamente equilibradas —41,7 × 34 × 10,2 cm—, refuerzan esa impresión de mesura y elegancia que define la obra. Pertenece a la colección Laos Garden.
Otra obra de Yuuji se inscribe en esa misma búsqueda de sobriedad y equilibrio. En este caso, la pieza adopta una refinada forma oval, rematada igualmente por un labio soto-buchi, que se abre con suavidad hacia el exterior y aligera visualmente el perfil. El cuerpo se ennoblece con una discreta banda inferior (obi) que estructura la composición, mientras descansa sobre delicadas patas en forma de nube (komo-ashi), aportando ligereza y un sutil dinamismo al conjunto.
Sus proporciones —33,8 × 26,5 × 8,5 cm— mantienen esa armonía tan característica de su autor. Formas y dimensiones que, como puede apreciarse, resultan especialmente versátiles y plenamente adecuadas para realzar una amplia variedad de composiciones.
Sin embargo, resulta indudable que la impronta y el legado de Gyozan —cuya influencia se ha dejado sentir de manera notable a lo largo de las últimas décadas en otros autores de Tokoname, en el resto de Japón e incluso más allá de sus fronteras— hallan en Yuuji su cauce natural de continuidad. Formado desde sus inicios bajo su tutela paterna, es reconocido como el principal heredero de su magisterio.
Fiel a la filosofía de la «belleza en la utilidad» que define la obra de Gyozan, Yuuji ha sabido, no obstante, afirmar una sensibilidad propia, incorporando matices distintivos tanto en la elección de materiales como en las técnicas de cocción —entre ellas, el uso de un gran horno de gas—.
En el artículo anterior de Gyozan abordamos las pastas empleadas en la casa, con especial atención a la denominada Akebono. En esta ocasión presentamos un magnífico ejemplo de dicha pasta en una maceta de Yuuji, igualmente perteneciente a la colección Laos Garden.
Sus dimensiones son 41 × 33,2 × 12 cm. La forma de la pieza se conoce como shami-do, término que significa literalmente «con forma de shami-sen». El acabado del labio responde a un diseño original del autor, mientras que las patas presentan un corte recto, denominado kiri-ashi.
El shamisen (también escrito shami-sen) es un instrumento musical tradicional japonés de tres cuerdas. Posee un cuerpo cuadrado o rectangular recubierto de piel y un mástil largo y estrecho sin trastes.
Se toca con una púa grande llamada bachi y se utiliza tanto en la música popular como en el teatro japonés, especialmente en el kabuki y el bunraku.
Otra maceta de Yuuji, en esta ocasión uno de los diseños más solicitados en la actualidad. Destaca por el carácter de los paneles o recuadros del cuerpo —denominados tanijaku— y por sus esquinas recortadas con escotadura en “U”, un detalle que aporta dinamismo y personalidad a la pieza.
Este tipo de maceta suele emplearse en árboles de gran carácter, especialmente aquellos con troncos retorcidos y presencia de madera muerta, ya que su diseño potencia la sensación de fuerza y dramatismo.
Las dimensiones de esta imponente obra son 62 × 50 × 19,5 cm y pertenece igualmente a la colección Laos Garden.
Con el fin de no reiterar conceptos, no profundizaremos en los esmaltes de la casa, ya que fueron tratados detalladamente en el artículo anterior.
En la imagen podemos apreciar una pieza creada y esmaltada por Yuuji, perteneciente a la colección Laos Garden, que refleja fielmente la identidad estética y la calidad técnica que caracterizan a la firma.
Su presencia en exposiciones de referencia y los numerosos reconocimientos obtenidos lo sitúan entre los ceramistas más destacados de su generación. Es una auténtica pena que todo ese conocimiento y maestría se encuentren, de algún modo, desaprovechados en la actualidad; sin embargo, cada persona es libre de decidir el rumbo que desea dar a su vida.
Tres Piezas, Una Obra Maestra
Otra de las historias que circulan en torno a esta mítica casa es la relativa a la creación por triplicado de cada encargo que Yukizou y Yuuji recibían. Según se cuenta, una vez aceptado el pedido se realizaban tres piezas: la que consideraban más lograda se entregaba al cliente; la segunda se ponía a la venta; y la tercera pasaba a formar parte del taller-museo de Gyozan.
Y puedo afirmar que aquel lugar es, en efecto, exactamente eso: un auténtico museo de obras de arte.
Una galería fotográfica de este singular museo, fruto de distintas visitas realizadas a Gyozan a lo largo de varios años.
Eiko Nakano: talento oculto
La esposa de Nakano Yukizou, Eiko Nakano, mantiene un perfil discreto durante las visitas. Siempre atenta a su marido y a los invitados, prefiere acompañar desde un segundo plano y, aunque de carácter reservado, en ocasiones se presta amablemente a hacerse fotografías.
Como sucede en otros casos que ya hemos relatado en anteriores artículos de Pasión por la Cerámica, Eiko desempeña una labor esencial en el horno; no obstante, ha preferido permanecer en la sombra ante la notoriedad alcanzada por su marido y su yerno.
Para una mirada occidental, resulta especialmente llamativa esta posición en segundo plano de la mujer, que ya hemos señalado en ejemplos elocuentes como Fusyu, del horno Shouzan Kaneshou; Machiko Akira, de Akira Shouzan; o Mitsue Kataoka, del horno Seizan.
Las macetas de Nakano Eiko se distinguen por su elegancia y delicadeza, y poseen un sello propio inconfundible. Habitualmente están firmadas junto a una hoja —que no siempre es la misma— y resulta muy característico el cuadriculado presente en los fondos de sus piezas.
Destacan especialmente sus dibujos sobre macetas realizadas por Yukizou, generalmente con motivos florales, geométricos y de aves. Asimismo, ejecuta bajorrelieves y decoraciones incisas en las obras de su marido, aportando un refinamiento artístico que completa y enriquece cada creación.
Dos ejemplos de decoración incisa: una original pieza que evoca el caparazón de una tortuga y otra que luce una flor delicadamente tallada en el cuerpo de la maceta.
A mano alzada, Eiko realiza delicadas composiciones que incluyen insectos —como las libélulas que se aprecian en las fotografías—, así como hojas, aves y diversas figuras geométricas.
Una elegante maceta de tamaño Shohin, firmada por Nakano Yukizou y decorada por Eiko con delicados motivos geométricos y libélulas. Esta pequeña pieza, de forma mokko, nos acompañó de regreso a Madrid en nuestro último viaje a Tokoname. Pertenece a la colección Laos Garden.
Un murciano en Tokoname: la llama de Gyozan en manos españolas
Como ya se había señalado, resulta inevitable cierta melancolía al pensar que el arte y el saber hacer de este horno puedan apagarse si Yuuji no regresa al barro. Que una tradición tan esmerada quede sin continuidad directa sería, sin duda, una pérdida sensible. Con todo, aún hay motivos para la esperanza. En torno al legado de Gyozan aparece una figura inesperada: la de un ceramista español, natural de Totana (Murcia), que, con dedicación y respeto por el oficio, contribuye a mantener encendida esa herencia.
Se trata de José Antonio Guerao Navarro, con quien contacté en el último congreso de bonsái celebrado en Aranjuez y que amablemente accedió a compartir algunos pasajes de su trayectoria, así como su etapa de aprendizaje en Tokoname junto a Yukizou Nakano.
Antes de entregarse a la cerámica, había desarrollado su vida profesional como profesor y director de colegio. El barro no figuraba en sus planes iniciales; llegó más tarde, impulsado por la necesidad y por una pasión creciente. Durante años cultivó bonsáis, en un tiempo en el que las macetas japonesas eran escasas y alcanzaban precios elevados —como explicamos en “¿De dónde nos llegan las macetas para bonsái?”—. Aquella dificultad despertó en él una inquietud que acabaría por cambiar el rumbo de su vida.
José Antonio solía hojear la revista Bonsái Actual y contemplaba macetas que parecían encerrar no solo árboles, sino toda una tradición. Impulsado por ese interés, recurrió a su esposa, formada en cerámica artística en Manises y con años de experiencia en el taller de un colegio de educación especial. Ella le transmitió los principios fundamentales del trabajo con el barro y lo animó a crear sus propias piezas. De este modo comenzaron los primeros ensayos: técnicas manuales, moldes improvisados, errores y descubrimientos, el inicio de un camino de aprendizaje constante.
La revista Bonsái Actual fue una publicación especializada en el arte del bonsái editada en España a finales del siglo XX. Se lanzó en 1988 y se publicó de forma regular en los años siguientes, con números bimestrales que abordaban técnicas, entrevistas, galerías de árboles y otros contenidos relacionados con el bonsái. Estuvo activa, al menos, durante buena parte de la década de 1990 y principios de los 2000, y llegó a superar el número 100 antes de quedar descatalogada.
Aunque hoy es difícil encontrarla en venta nueva, muchos aficionados la consideran una referencia histórica para el conocimiento del bonsái en español.
El verdadero debut como vendedor llegó con el rakú. En una exposición organizada por la Asociación Valenciana en un teatro de Paterna, se presentó con una mesa plegable y varias macetas de su propia elaboración. Aquellas piezas llamaron la atención de algunos profesionales del sector, que adquirieron varias para revenderlas. Ese pequeño éxito le dio el impulso necesario para continuar.
El rakú es una técnica de cerámica japonesa que consiste en cocer las piezas a alta temperatura durante un tiempo breve y luego extraerlas del horno mientras aún están incandescentes. Esta manipulación rápida provoca choques térmicos que generan grietas, texturas y efectos de color imprevisibles. Es apreciada por su espontaneidad, los acabados irregulares y los matices únicos que ofrece a cada pieza, siendo muy popular en la creación de macetas para bonsái y piezas artísticas.
Maceta elaborada con técnica rakú por Cerámicas Fuísca, otro ceramista español de Vigo, Aleixo Seixo
La experiencia de Japón
El progreso fue pausado pero firme. Siempre tuvo presente todo lo que le quedaba por aprender. El punto de inflexión llegó cuando decidió viajar a Japón para formarse con Nakano. Al llegar al taller se encontró con una maceta de gran tamaño en proceso de construcción, destinada a albergar una azalea monumental. La pieza se trabajaba por fases: se modelaba, se cubría con plástico para controlar el secado y se retomaba al día siguiente. Nakano había levantado primero las paredes y mantenía el fondo, una gran plancha de barro, preparado aparte para incorporarlo después.
Cuando llegó el momento de ensamblar las partes, colocaron en el interior una estructura de madera que evitara deformaciones. Con la ayuda de varias personas fijaron el fondo, añadieron las patas y prepararon el volteo. Al girarla, comprobaron que el fondo se había separado en uno de los lados. Parecía que todo el trabajo podía perderse. José Antonio pensó que habría que empezar de nuevo. Sin embargo, Nakano actuó con calma: aplicó paños húmedos en la zona afectada, cubrió la pieza y, durante varios días, fue ajustando la humedad hasta recuperar la unión. El riesgo era grande, pero la maceta se salvó. Aquella experiencia le enseñó tanto sobre técnica como sobre paciencia.
La estancia tuvo lugar en julio, y aunque fue advertido sobre el calor, para un murciano aquello no supuso mayor inconveniente. Fue recibido con gran hospitalidad y compartió esos días con otros visitantes y colaboradores del taller. Entre ellos, la presencia de Keiji resultó especialmente importante: propietario de un almacén con una amplia colección de macetas de diversos autores de Tokoname, facilitó contactos y le permitió conocer a ceramistas reconocidos como Koyo, Ikko o Bigei. Fue también en ese periodo cuando se enteró de la ruptura entre Nakano y Yuuji, quien había abandonado el taller.
El señor Keiji
De regreso a España continuó trabajando sus macetas completamente a mano, sin recurrir a moldes. Aunque la perfección geométrica de las piezas moldeadas es difícil de alcanzar, cada nueva obra mostraba mayor precisión. Si hay un terreno en el que destaca especialmente es en el de los esmaltes, que formula y ajusta personalmente hasta lograr resultados propios. Aun así, su aspiración más íntima ha sido siempre la de realizar macetas sin esmalte, sobrias y austeras, en la línea de las Gyozan. Encontrar el gres adecuado para lograr esa textura y ese carácter sigue siendo uno de sus retos.
Una maceta rectangular de Guerao, de líneas sobrias y elegantes, delicadamente esmaltada con un acabado de clara inspiración japonesa, conocido como Tenmoku. Colección Laos Garden.
De este esmalte y de sus variantes Yohen Tenmoku y Yuteki Tenmoku hablaremos en futuras entregas de Pasión por la cerámica.
Entre la disciplina adquirida en la enseñanza y lo aprendido en el taller japonés, José Antonio ha construido una trayectoria basada en la constancia y el respeto por el oficio. Más que reproducir una tradición, la ha hecho suya, manteniendo encendida, desde su propio taller, una llama que parecía destinada a apagarse.
El arte de la falsificación cerámica: sellos, pátinas y el desafío de la autenticidad
Como ya hemos señalado en artículos anteriores —como el dedicado a las macetas Shinwatari, en el que analizamos con detenimiento el problema de las falsificaciones, la emisión de certificados de autenticidad y la técnica de la termoluminiscencia como posible método de datación—, lamentablemente existen múltiples formas de imitar un sello original.
Las llamadas firmas de “clavo” o de “tapón” —aquellas en las que el alfarero graba su rúbrica directamente sobre la arcilla todavía fresca, antes de la cocción, como quien firma un cheque o, para los aficionados a la numismática, como quien acuña una moneda— pueden reproducirse hoy con total precisión gracias a herramientas informáticas y sistemas de fresado automatizado.
No es raro que piezas antiguas, cocidas hace décadas e incluso siglos, y dotadas de esas pátinas que solo el paso del tiempo otorga, sean utilizadas como soporte para reproducir en pastas ya cocidas los sellos más codiciados por los coleccionistas, mucho más fáciles de imitar que las huellas auténticas del envejecimiento natural.
Los sellos, por su parte, pueden duplicarse por diversos procedimientos. En realidad, la única manera fiable de distinguir una obra auténtica de una falsificación es conocer en profundidad al alfarero: su estilo, sus herramientas y la impronta singular de sus movimientos.
Me temo que, ahora que Yokizou y Yuuji han dejado de producir sus obras, los falsificadores —siempre despiadados— redoblarán sus esfuerzos para introducir en el mercado imitaciones, con mayor o menor acierto.
En Laos Garden, hace ya años, optamos por cubrir los sellos en nuestras publicaciones para no facilitar la labor de estos falsificadores, pues nuestro catálogo, fruto de una investigación minuciosa, era de los más completos de Europa. Sin embargo, hoy en día existen recopilaciones, blogs y páginas especializadas donde resulta relativamente sencillo acceder a esa información.
Créditos:
Tokoname.or.jp. Gyozan
Gyozan, Nakano Yukizou. Bijutsu Bonkei.
Gyouzan: Pots by Nakano Yuuji and Yukizou, Japanese Bonsai Pots Blog.
Nakano Gyouzan: Splendor. A 35-Year Journey
Cerámica. Marilyn Scott.
Técnicas del bonsái. Jhon Yoshio Naka.
Fotos Japón: Yoshihiro Nakamizu, Guerao Navarro y Antonio Richardo.
Archivo y colección Laos Garden.
